Michael Jackson: la vida de un ídolo

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Si hay algo claro en esta vida, es que cuando uno muere se convierte en una especie de santo-mártir donde todo lo que ha hecho en vida es el resultado de un acto de buena fe. Y aunque Michael Jackson tuvo sus más y sus menos, sus defectos y sus virtudes; cuando uno sale del cine después de ver “La vida de un ídolo” ve a Jackson con otros ojos. Es aquí cuando descubres que “el monstruo” del Pop –ese que fue acusado de abusar sexualmente de varios menores, drogata y enfermo de la cirugía plástica hasta la saciedad- fue, simplemente, víctima de su propio éxito. Durante dos largas –muy largas- horas, donde hasta da tiempo a echarse una cabezadita en las butacas, se puede descubrir a un Michael Jackson “desconocido”. Sí, entre comillas, porque ¿quién no conoce la vida de la estrella estrellada del pop? Resumiendo… un chico pobretón con un talento nato y una perfecta voz blanca afinada, que con suerte (o mala suerte), acabó convirtiéndose en el Rey del Pop. Hasta aquí, un bonito cuento de hadas. Pero como todo, tiene su “pero”. El sueño de los hermanos Jackson ¿o de sus padres?, era convertirse en un grupo musical de éxito. Y vaya si lo consiguieron. The Jackson 5 era todo a lo que aspiraban, pero con un gran coste que años después le pasaría factura al más pequeño de los hermanos. Con apenas 3 años, Michael Jackson ya sabía lo que era trabajar duro. Apenas sin tiempo para jugar, Michael iba del colegio a ensayar, y el ensayo a los conciertos, y vuelta a la rutina de “un niño simpático, educado y con una increíble voz”, según palabras de sus amigos y familiares más cercanos. Su salto a la fama fue como la espuma. Y como la misma espuma, comenzó a hundirse su vida privada. Fue una tarde durante la grabación de un anuncio de Pepsi. No se sabe muy bien qué pasó, pero el caso es que en pocos minutos, la cabeza de Michael comenzó a arder. El accidente le provocó graves quemaduras y una pérdida de pelo irrecuperable. Los fuertes dolores que sufría le obligaron a tomar unas altas dosis de medicamentos… y drogas. A partir de aquí, ya conocemos el final de la historia: consumo abusivo de sustancias para aliviar el dolor y la obsesión por la cirugía y por alcanzar la belleza absoluta. Su amor por los niños le llevo hasta los tribunales –acusado de abuso sexual a menores-  y en el tribunal continuó –metafóricamente hablando- mientras duró el juicio contra Conrad Murray, su médico personal, condenado por acabar con la vida del Rey del Pop. Ya da igual lo bueno y lo malo que hiciese Michael Jackson. Ya no importa los errores que cometió durante su vida. Solo quedan los buenos recuerdos y las buenas obras contadas por quienes mejor lo conocieron: su madre, Katherine, y sus hermanos Tito y Rebbie Jackson, su productor y amigo David Gest, así como leyendas de la música como Smokey Robinson, Dionne Warwick, Nick Ashford,  Valerie Simpson y muchos más.  Al fin y al cabo, de quien hablamos es de la vida del GRAN Michael Jackson… ¿la vida de un ídolo?

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