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Las cenas de empresa, esa zona oscura.

Todos lo hemos vivido alguna vez. Ese bochornoso momento en el que, a los postres, el compañero tímido y gris se levanta a bailar break-dance. O cuando te animas y te lanzas a perrear como si fueras de Guayaquil contra la rubia a la que nunca te atreviste a saludar. Efectivamente, para calibrar si una cena de empresa ha funcionado como debía, basta con mirar a los ojos a los compañeros al día siguiente. Si bajan la mirada avergonzados... fue un éxito sin duda.