Paul McCartney, el adorado padrino


Un día Paul McCartney quiso plantar flores en el estudio principal de LOS40. Fue justo el día de su inauguración, el 9 de junio de 1989. Lo dijo convencido porque sus enormes cristaleras le recordaban a un invernadero. Desde ese mismo estudio hoy, 27 años después, se sigue viendo el cielo de Madrid, las azoteas del centro y el transcurrir de la vida.

En su visita el ex Beatle chapurreó algo de español para los oyentes:

“Conejos en un árbol,

tocando el tambor,

que sí, que no,

que sí lo he visto yo”.

Un resquicio de su formación escolar de español que quiso compartir. Fue generoso y firmó en el libro de invitados y hasta recordó, entre otras cosas, cómo fue esa mítica actuación de los Beatles en la plaza de toros de Las Ventas allá por 1965: “Me acuerdo de ese momento. Había más fans fuera que dentro de la plaza. Me encanta España porque es el país de la guitarra”.

Desde esa visita, el músico se convirtió en una especie de padrino para LOS40. Al menos uno simbólico, de esos en los que te miras, que están en los momentos importantes y que ejercen, por su carisma y personalidad, de maestro y de confidente. Su último concierto en Madrid, organizado precisamente por LOS40 para celebrar su 50 aniversario, hila de nuevo ambas biografías.

Su música, por su puesto, ya sonaba en 1966, en ese primer programa llamado ‘Los 40 Principales’, y temas de la banda de Liverpool como ‘Girl’, ‘All you need is love’, ‘Hey Jude’, ‘Get Back’ y ‘The Ballad of John & Yoko’ conquistaron el top de la Lista. Por entontes ya el crítico Joaquín Luqui le definía como el Mozart de nuestro tiempo sin equivocarse.

En esa visita a LOS40 revelaría que no seguía tocando por dinero y probablemente hoy, tantos años después, volvería a suscribir estas palabras: “Incluso en los años sesenta, cuando éramos unos chavales de Liverpool -que sí tocábamos por dinero-, lo hacíamos por la magia. Como la de un mago sacando un conejo de su chistera. Ese momento mágico cuando sales a tocar es lo que me hace seguir tocando”.

Entre todas las décadas musicales se quedaba con los sesenta y los ochenta. Con los sesenta básicamente “porque hay un guitarrista irrepetible que es Jimi Hendrix y la calidad de aquella época se puede notar ahora que la gente compra discos de Steve Winwood”. Para él los años ochenta, que terminaban en ese momento, habían sido una década prodigiosa en ese sentido.

Sonaban los primeros acordes de ‘A Hard Day’s Night’ en el estadio Vicente Calderón y Madrid se paralizaba por un instante. Anochecía en el cielo de la capital y un Beatle, Paul McCartney, bajaba del olimpo para compartir su música. Más de 45.000 asistentes, con LOS40 como excusa, contemplaban y participan de la historia de la música.


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