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Los looks más históricos: nos pone lo que se ponen

Los looks más históricos: nos pone lo que se ponen

La onda de radio no se ve, pero la música sí, en colores estampados. Escuchas una de Ramones y ves chupas de cuero. Una de Parálisis Permanente y visualizas un cardado, maquillaje pro ojeras.

Eso pasa porque la portada de un disco es una publicidad fashion y la foto del popstar, una pose de modelo. Lo más parecido a una pasarela: el escenario. El uniforme de un grupo marca tendencia en su tribu y el estilo sónico, un estilismo estético.

La historia de la música se explica como conflicto generacional constante. Cuando los hippies rechazan la formalidad de los cincuenta -jóvenes de 18 trajeados como adultos en misa-, se visten de fl ower power. Y cuando los punks abominan del buenismo hippy, de los tostones psicodélicos, la melena lacia y el virtuosismo instrumental, berrean temas de tres minutos, se clavan imperdibles y pasan dos horas diarias apuntalando la cresta. Si la pinta es la identidad, imitarla es el carnet de miembro. ¿Cómo copian, versionan o innovan tendencias las bandas españolas? Más o menos así, en relaciones de pareja.

  • DEBAJO DE LA CAPA SE ESCONDE UN YEYÉ

Cualquier país occidental tuvo sus Beatles locales. Aquí, Los Brincos. Nada de plagio: parecerse todo lo posible a los que todo lo hicieron posible probaba originalidad. En su etapa pre-hippy, los de Liverpool visten de smart, trajes ajustados y pantalones pitillo que tanto infl uyeron en lo Mod. Pero el plácet franquista exige concesiones de los melenudos, demostrar que el colonialismo cultural británico no es otra Union Jack en Gibraltar. Los de Junior y Juan Pardo van y cubren con hidalgas capas españolas el atuendo yeyé.

  • SUS SATÁNICAS BOUTIQUES

Los de Jagger marcan distancias textiles con más colorido, más cuero, boutiques de Carnaby Street, botines Chelsea, pañuelos. Más rockero el maniquí. El tópico dice que ellos fueron los golfos y los Beatles, los ñoños. Pero un macarra de verdad, Lemmy Kilmister -“No imites mi estilo de vida, no sobrevivirás”- los conoció detrás del escenario y decía que para nada, que los de Liverpool eran los duros reales, barrio chungo, clase obrera. Otro mito: los Bravos equivalen aquí a los Rolling, un poco por la actitud, otro poco por la pinta del cantante. A pesar de llamarse nada menos que Michael Volker Kogel, por la gloria de su madre se rebautiza Mike Kennedy.

  • CHICAS, MÁS CHICAS, POR FIN

En los sesenta conviven el arado romano y el proyecto Concorde. La Sección Femenina con la disección feminista. Empieza a avanzar la paridad pop. Francia tiene a Françoise Hardy (en la foto), tan elegante de cuna que le basta vestir de calle; a France Gall, tan inocente que no pilla el doble sentido de su tema Les sucettes (Las piruletas). En Italia, toque andrógino de la Pavone con su corte de pelo garçon. España propone a Concha Velasco, la “chiquita de Valladolid”, look doméstico para que lo copien fácil las chiquitas de cualquier parte. Y Karina, cuyo progresivo atrevimiento añade al chuche tonos frutales y más y más lentejuelas.

  • GLAMOUR DE NUESTRO CAMILO

Bowie, un mundo aparte incluso en la libérrima ambigüedad sexual. Camaleón, pero camaleón marciano. Estrella cósmica, valga la redundancia. Diseñador incapaz de limitarse a un corsé mental, capaz de vestir corsé de duquesa. El duque se permite como nadie tensar, extralimitar, maquillar, teñirse de verde antes del punk o un parche pirata en el ojo (derecho, el azul). Gracias a su histrionismo estético, hoy se puede travestir la música por tradición. Hasta Tino Casal o McNamara, no consta el glam hispano. Un precedente cogido por los pelos bajo capas de laca, trajes coloridos, ecos de ópera rock y cierta feminidad: Camilo Sesto.

  • NO PODEMOS SER MÁS (POETAS) DE BARRIO

The Doors: sesentas pero casual. Gente centrada en crear, no en presumir. Un momento, solo tres. No el cuarto. El look de Jim Morrison va por libre y por delante. Pantalones guante, a medida, corte recto, ingredientes rock-hippy más ideas propias, media melena equidistante. Ese mix lo homologa para las cuatro décadas siguientes. Como su música, demasiado personal y ajena a cánones para envejecer. Aunque muy diferente en vestidor, fue cercano en musas Jesús de la Rosa, grande de Triana. Nació con percha. Cualquier ropa chico de barrio le queda bien en la forma porque gasta más fondo de alma que de armario.

  • LOS CHICOS DE ORO SE FORRAN DE PLATA

Los caminos de la infl uencia son inescrutables. Pecos bebían más de la canción melódica que del disco, pero sin el diseño estrambótico de los setenta jamás se hubieran atrevido con trajes plateados o blancos-con-fajín-rosa. Primero algún grupo nórdico debía entrar por los ojos del pueblo a través de la tele: Abba y Eurovisión. Con esas melodías pegadizas, tan familiares, pasaban de contrabando sus pintas y ensanchaban el calibre de la tolerancia estética. Pocos años antes, el español medio hubiera pensado que los Abba del 74 –azules y naranjas eléctricos, platas, gorrito de punto, cadenas…– eran una alegre troupe de payasos.

  • MÁS VALE SER PUNKY, ¿VALE?

Podría escribirse una historia política a partir de la historia de la música. El punk ofi cial nace entre el 75 –Ramones– y el 77 –Sex Pistols–. Qué casualidad, la muerte del caudillo y el regreso de la democracia. Justo por eso, el punk irrumpe casi de inmediato. Las ganas que tenía media España. Ya no hay que esperar años hasta que se adapta un género, ni siquiera si es tan extremo como el punkarra. Kaka de Luxe, con Alaska adolescente, es el semillero de músicas y estéticas entre punk, góticas y el todo vale: por ejemplo Manolo Campoamor vestidito de blanco con gorro de azafata. Exportable y a la vez local, por fin.

  • ROMPO LA PANA VESTIDO DE ABUELO

El grunge refl eja el existencialismo o el aburrimiento que cualquier adolescente puede permitirse, al menos en Seattle. Nirvana se ponían ropa de desván y así proclamaban “no me importa mi aspecto”. Estética antiestética genuina. Pero como no todos sus seguidores tienen ropa de abuelo, o si la tienen es una purria que no les queda bien -la vanidad no desaparece, solo se fi nge su desaparición-, hay que comprarla. La demanda hace la oferta: acaba vendiéndose en masa como la voz visual de una generación. Dover siguieron esa consigna hasta que las camisas de leñador se quedaron viejas por demodés, no por edad.

  • SE TE ADELANTÓ LA LOBA NARANJO

Al principio fue Madonna. Sin ella Lady Gaga no sería factible, sin desmerecer la delirante creatividad de la cantante, o de su asesoría de imagen, o de su departamento completo de estilistas, que no cualquiera se viste con un forro de fi letes –no pudo ponerse ratones fosforescentes con ADN de medusa, la ciencia transgénica no los había inventado aún–. Nuestra Mónica Naranjo tampoco desmerece en carácter, chorro, épica. Y un tipo más rotundo que Stefani Joanne Angelina Germanotta. En la gira de Sobreviviré despliega una colección completa de diseños precursores. Ocho años antes del Cara de póker de Lady Gaga.

  • SALIÓ PIRATA, COMO SU PADRE

La ropa no es más que ropa si debajo no hay actitud. Chisteras, fulards de muselina de seda, sombreros de ala ancha casi Alatristes, satenes, chalecos, casacas militares retro... ¿A qué suena? Al padre o tal vez el padrino del macarrismo, a la horma del corsario de escenario, al papá de Jack Sparrow, a la inspiración de Leiva: o sea, cómo decora Mister Keith Richards su cuerpo de riff. El cantante español coincide con el guitarrista Stone en otras ventajas de serie. Sin ellas es difícil que cada foto sea digna de carátula: carne magra, piernas de alambre y tallas de sección infantil.

  • ESPEJITO, ADIVINA QUIÉN SERÁ MAÑANA

Con Héroes del Silencio demostró que se puede vestir de rock ortodoxo y a la vez tener un aspecto adorable para la chica más pija de la urbanizacion. Bunbury ya apuntaba que la fusión fashion debe ser tan libre como la fusión sonora. Desde entonces, al espejo de su vestidor le resulta impredecible. A veces estética tirando a country, otras clásico cuero pero con diseño de autor, o luto satinado tributo al último Nobel de Literatura. No, Bunbury no es percha de una sola pareja. Según su fase lunar, puede brillar como Michael Hutchence (abajo, en la foto), malogrado de INXS, o proyectar el halo crepuscular de un Nick Cave. Sin dejar de ser el auténtico él.

  • LE FAVORECE CASI TODO EL CENTRO COMERCIAL

Abraham Mateo es un chico de su tiempo. Y del tiempo que le dedica su estilista, no muy diferente del de Justin Bieber, seguro. Renueva piel cada disco: lo que funciona en música comercial no se toca, lo que funciona en estética musical sí, a cada rato. A los teenagers no les marcas sin marcas. Abraham puede potenciar su lado de rapero bueno, de rey de instituto, de calculado casual... O en concierto puede enfundarse un uniforme de cuero futurista. Negro para que destaque la luz de ese cutis. Rivalidad constante entre su escultura capilar y su inagotable colección de gorras / sombreros.