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Huele, canta, mira y toca la música futura

Las nuevas formas (tecnológicas) de vivir la música

Huele, canta, mira y toca la música futura

"Is this the real life? / Is this just fantasy?" ("¿Es esto la vida real? ¿Es esto solo una fantasía?). Son dos versos, con ecos del “la vida es sueño y los sueños sueños son” de Calderón, que han marcado la historia de la música. Cinco minutos y 55 segundos en los que el líder de Queen reinventó el rock fusionándolo con la música clásica. Un ejercicio de genio, ironía y experimentación. El clásico es, obvio, Bohemian Rhapsody (1975). Pero Freddy Mercury murió el 24 de noviembre de 1991. Quien no pudo verlo sobre el escenario antes de esa fecha, tenía que conformarse con los videoclips.

Hoy, cuando la realidad virtual se vuelve mainstream, Mercury resucita para el que tenga un visor de Oculus, Sony, Samsung o Valve. El hechizo que lo trae del pasado al presente se llama The Bohemian Rhapsody Experience y la forma en la que resucita el cantante es la animación. Un mundo inventado por un equipo de artistas financiado por Google para recrear la experiencia “del subconsciente de Freddy Mercury”.

Resucitar a los muertos es solo uno de los muchos retos que enfrenta la música del futuro. La industria ha vivido dos décadas de terrible crisis y de 1999 a 2015 ha perdido casi la mitad de su facturación, de los 23.660 a los 13.610 millones de euros, según la Federación Internacional de la Industria Fonográfi ca (IFPI), el colectivo internacional que representa al sector musical. Pero 2016 es el primer año en dos décadas que revierte esa tendencia. Soplan vientos de cambio. Y la tecnología quiere abanderar esta reacción.

Alkis Argyriadis es uno de los revolucionarios. Este músico es responsable de dirigir una de las franquicias más lucrativas del videojuego, con más de 40 millones de copias vendidas: Just Dance. Para Argyriadis, tecnologías como la realidad virtual van a reinterpretar cómo vivimos una melodía: “Los experimentos de los setenta con la música cuadrafónica [precursor del dolby surround: cuatro altavoces colocados a 90 grados del escuchante] se pueden recobrar ahora para este nuevo mundo inmersivo. Podemos convertir los sueños de hace 40 años en realidades. Se abre una nueva era para la reinvención de la música”.


La clave es la sinestesia, fusión de varios sentidos en una misma experiencia. Y los videojuegos parecen la punta de lanza. Cuatro de las experiencias de lanzamiento de PlayStation VR, el visor de realidad virtual de la consola más vendida del mercado, son híbridos entre lo musical y lo narrativo. En una de las más hermosas, Bound, el jugador maneja a una bailarina de fantasía que parece salida de un espectáculo del Circo del Sol, y además en un escenario abstracto que reacciona musical y visualmente a sus movimientos.

Argyriadis cree que el horizonte para la experimentación en este campo es infinito, sobre todo si se personaliza la experiencia: “Cada persona asocia un color diferente a una nota musical. Así que hay dos caminos posibles para recrear mundos musicales en realidad virtual. Uno es sistémico y ofrece una experiencia audiovisual de la canción basada en algoritmos [un programa informático].

Otro es específico e implica la interpretación subjetiva de los autores, las emociones que les hace sentir esta melodía. Creo que esta segunda vía de exploración es la más interesante porque te permite crear obras más personales”.

Concebir cada canción como un acontecimiento único no solo cambia el modo en que se escucha y se percibe la canción en sí. El objeto que porta la melodía, el LP, CD o Bluray de toda la vida, también se puede revolucionar. Reify, una startup neoyorquina dedicada a la realidad aumentada, lanzó un prototipo como alternativa a los dispositivos físicos de producción en masa. Su idea: esculpir cada canción como una pieza abstracta en 3D.

De tal manera, La cabalgata de las valkirias, de Wagner, se convierte en una suerte de fusión entre un volcán y un macizo coralino. En el interior de esta escultura se encuentran el audio, los videoclips y todos los archivos asociados a una edición de lujo. Basta ponerle el móvil delante para leerlo. El proyecto quedó en suspenso tras una fallida campaña de Kickstarter, pero medios como Wired demostraron que la idea funcionaba probando un prototipo.

La renovación tecnológica también llega al directo. En 2012, la empresa norteamericana Hologram USA se atrevió a resucitar al rapero Tupac, fallecido el 13 de septiembre de 1996, para dar un concierto conjunto con la estrella Snoop Dogg. La clave, un caro despliegue tecnológico para lograr hologramas realistas. Dos años después, uniéndose a la nómina de resucitados, Michael Jackson también volvía a la vida en la gala de los Billboard Awards gracias a la misma tecnología, aunque con otra empresa, Pulse, artífi ce del milagro.

Los dilemas morales y jurídicos de exhumar artistas del pasado no son obstáculo sufi ciente para David Nussbaum, vicepresidente de ventas de Hologram USA: “Sí. Creo que pasado y que vuelvan a dar conciertos. ¿Por qué? Un holograma permite a un público que no conoce a esa estrella disfrutar de su arte. Cuando hicimos el concierto de Tupac, más de una década después de su muerte, 50.000 personas se descargaron su canción ese día”. Dean Martin y Whitney Houston son los siguientes en la lista de esta compañía.

“Todo este tipo de tecnología de la experiencia va in crescendo. Hologramas, pulseras de Coldplay [unas wearables llamadas Xylobands repartidas por la banda durante su última gira, cuyo color e iluminación se controlaban in situ], los drones… Estos añadidos van a seguir creciendo para aumentar la experiencia del concierto en vivo. Pero la más importante me parece la interacción artista-público. La capacidad que dan las redes sociales para conectar, durante el concierto, al artista con el público”, explica Robert Grima, presidente de la promotora de conciertos Live Nation España.

Mientras el concierto en vivo se revoluciona, su retransmisión aprovechará todas las posibilidades tecnológicas para sentir un directo en casa como una experiencia única, solo posible desde la distancia: “Así como la experiencia de un directo no se puede replicar por ningún otro medio, a lo mejor tampoco lo que sientes en realidad virtual se puede vivir en un concierto. Por ejemplo, ver un concierto desde el mástil de una guitarra o como si fueras el batería. En ningún caso creo que la realidad virtual vaya a ser un perjuicio para los directos. Es más, creo que los va a benefi ciar y popularizar”, añade Robert Grima.

MÚSICA BIOMÉTRICA

La personalización sonora puede llegar al extremo de crear nuevos géneros: la música biométrica que ha soñado Nadeem Kassam, por ejemplo. BioBeats, la empresa de la que es CEO, ha desarrollado una app para móviles capaz de traducir la frecuencia cardíaca en una melodía. Su intención es fusionar la vigilancia del bienestar físico con el entretenimiento.

La sanidad necesita una revolución que la haga divertida. Para crear una salud duradera, tenemos que mezclar con ella el entretenimiento”, afi rmaba este directivo a Forbes. No solo Kassam se dedica a la música biométrica. Briant O’Hara, consultor de B2B Technologies, poeta y escritor de ciencia ficción, se inspiró en una charla de la artista Nathalie Miebach en TED –las conferencias sobre innovación más populares del mundo– para crear un primer prototipo de una tecnología que transforma los datos biométricos en música.

La primera prueba de este experimento, que empleó un sensor cardíaco, puede escucharse en soundcloud. com/bryant-ohara, su perfil en la plataforma de streaming musical Soundcloud.