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    ¡Exclusiva! Sabemos quién es la chica de la que se ha enamorado Cameron Dallas

    Y no es la que te imaginas

    Imagina que Cameron Dallas se enamora de ti… No, no nos hemos vuelto locos. La imaginación no tiene barreras y con ella puedes conseguir que suceda cualquier cosa que desees.

    Ariana Godoy imaginó que era amiga del it boy del momento en su época de estudiante. Luego la vida los separó pero ella no pudo olvidarse de él.

    Finalmente se armó de valor y decidió que debía confesarle a su ex amigo lo que sentía por él para poder comenzar una nueva vida.

    GOOD MORNING TO MY FANS

    Una publicación compartida de Cameron Dallas (@camerondallas) el

    Ahora, Cameron es famoso, no hay más que ver sus más de 18 millones de seguidores en Instagram. ¿Se acordará de ella?

    Así es como esta joven de Carolina del Norte, que da clases de español, se imaginó su historia con su ídolo y la escribió en wattpadd, esa plataforma que ha hecho triunfar al género fanfiction y que le ha permitido a ella publicar su primer libro.

    Una publicación compartida de Ariana Godoy (@ari_godoy) el

    Esa literatura que permite a los fans fantasear con los famosos que han llamado su atención y que ha logrado conquistar a las editoriales.

    50 sombras de Grey de E.L James o la serie After de Anna Todd son buenos ejemplos de fanfiction que han conseguido convertir sus historias en auténticos best sellers.

    Ahora, Todd está al frente de Imagina, un libro que recoge los relatos de algunos de los autores de este género con más seguidores.

    “La fanfiction nos ofrece un lugar en el que expresarnos de una manera creativa y familiar con personas afines a nosotros”, afirma la creadora de la historia de Hardin y Tessa.

    Entre los que le acompañan en este proyecto está Ariana Godoy, una enamorada de Cameron Dallas que ha convertido su fantasía en un relato que puedes conocer en exclusiva sólo aquí, en los40.com.

    A partir del próximo 4 de abril lo tendrás en esta antología que también nos descubre historias de lo más variopintas de personajes como Justin Bieber, Jennifer Lawrence, Zac Efron, Selena Gomez, Niall Horan, Zac Efron, Zayn Malik, Jamie Dornan, Shawn Mendes o Demi Lovato entre muchos otros.

    Historias que muchos hemos imaginado alguna vez pero que ellos han puesto por escrito para compartir con todos nosotros.

    Este relato que has escuchado en nuestro audiogram narrado por Cris Regatero no es más que uno de muchos otros que forman parte de este libro con el que podrás echar tu imaginación a volar.

    Cris Regatero pone voz a la historia de amor de Cameron Dallas. /


    ¿Y si alguno se convierte en realidad algún día? Soñar es gratis.

    “La fanfiction ha inspirado a millones de lectores y escritores de todo el mundo, y estoy orgullosísima de formar parte de una comunidad tan fantástica”, asegura Anna Todd que ha escrito un relato con Kylie Jenner como protagonista.

    Para ir abriendo boca aquí tienes el relato que tiene como protagonista a Cameron Dallas.

    La que se largó (by ariana godoy)

    Imagina...

    Que aún no te interesaban demasiado los chicos, pero sus ojos te fascinaban.

    Sus ojos. Eso fue lo que te llamó la atención cuando estabas en séptimo grado. Desde ese día no parabas de robarle miradas cuando lo veías por el instituto. Fue tu primer amor. El primer chico que hacía que te sonrojases cada vez que os cruzabais por los pasillos. Era tímido e introvertido, pero por alguna razón eso hacía que quisieses saber más sobre él. Te intrigaba.

    Sin embargo, te rendiste y pasaste página porque nunca sucedía nada. Él ni siquiera era consciente de que existías en aquellos primeros años. Pero eso cambió en el penúltimo año de instituto, cuando empezasteis a tener algunos amigos en común y a salir en el mismo grupo. Todavía recuerdas cómo te sudaban las manos cuando te habló por primera vez. Su resplandeciente sonrisa hizo que se te acelerase el corazón y te trabases con las palabras. Era tan dulce, cariñoso y tremendamente guapo que tu amor por él renació amplificado.

    Os hicisteis amigos.

    Quedabais y eso, pero para ti no era suficiente. Querías algo más.

    Pero no fuiste lo bastante valiente para hacer algo al respecto.

    Viste cómo salía con otras chicas y fingías animarlo y alegrarte por él aunque te estabas muriendo por dentro. No podías decirle nada. No podías perder su amistad.

    Y, entonces, sucedió.

    Empezó a hacer vines y a tener seguidores. Conforme aumentó su popularidad, aumentó su seguridad en sí mismo, y tú te alegraste muchísimo por él. Lo celebrabas.

    Se había hecho famoso.

    Y así, sin más, Cameron Dallas estaba en todas partes: en las noticias, en una peli, en YouTube, en entrevistas. Tu Cam se había convertido en una estrella de Vine, con todo lo que ello conllevaba. Seguía siendo el mismo chico encantador de siempre, pero no disponía de mucho tiempo para pasarlo contigo. Eso te entristecía, pero te apartaste. No tenías ningún derecho a exigirle nada.

    Sólo eras una amiga.

    Y como si la vida se hubiese empeñado en poner más distancia entre vosotros dos, tus padres se divorciaron. Tu madre decidió volver a la ciudad en la que se había criado, en Oregón, y tuviste que irte con ella.

    No le dijiste nada a Cameron. ¿Para qué? No podrías soportar una despedida. No con todos los sentimientos que albergabas hacia él. Y así abandonaste tu soleada California.

    Lloraste hasta quedarte dormida muchas noches. Echabas de menos tu ciudad, a tus amigos, y a él. Necesitabas olvidarlo, pero ¿cómo ibas a hacerlo? Estaba en todas partes. Te hiciste una cuenta de Vine y empezaste a seguirlo en todas las plataformas en las que aparecía. Esperabas que distinguiera tu nombre entre sus miles de seguidores, pero no lo hizo.

    No eras más que una fan, una fan entregada.

    Verlo sonreír en sus vines bastaba para alegrarte los días. Viste cómo pasó de ser un chico tímido a un hombre sexy y seguro de sí mismo. Cameron se fue volviendo cada vez más atractivo con el paso del tiempo. No entendías cómo era posible que tu obsesión por él siguiese intacta a pesar de los años. Saliste con otros chicos, pero él siempre estaba ahí, en tu subconsciente.

    Pero un día te diste cuenta de que no ibas a poder pasar página y olvidarlo sin una despedida adecuada. Tenías que verlo, pero ¿cómo?

    Él estaba a cientos de kilómetros de distancia, y era famoso. Eso era como si estuviese a mundos de distancia. No podías aparecer en su puerta, y, además, seguramente ni siquiera te recordaría.

    Sin embargo, la vida estaba llena de posibilidades, y tu oportunidad de verlo surgió en una convención: la Comic-Con. Se había confirmado su asistencia, así que confirmaste la tuya.

    Y aquí estás ahora, entre la multitud, en la Comic-Con de San Diego. Ha llegado el momento de verlo después de tantos años de sentimientos unidireccionales. ¿Cómo vas a conseguir hablar con él entre tanto fan? No tienes ni idea. Quieres pensar que la vida te echará una mano después de todo este tiempo de amor en secreto.

    Él está aquí. La mera idea de compartir el mismo espacio con él hace que se te acelere el corazón. Te sudan las manos y te aferras a tu bolso como si te fuese la vida en ello.

    Cameron dará pronto su charla. Entras en la sala de conferencias asignada y tragas saliva, porque el lugar está repleto de gente. Cam se sentará ahí arriba junto con otros viners famosos, como su amigo Nash Grier.

    Te sientas y esperas.

    Decenas de chicas te rodean, con una risita nerviosa y susurrando, emocionadas. Al ver a tantas chicas guapas empiezas a vacilar.

    ¿Cómo va a fijarse en ti entre todas ellas?

    Miras tu ropa, y tu vestido de flores favorito ya no te parece tan bonito. Te sientes más del montón que nunca. Sabes que este día no va a acabar como un cuento de hadas. Él no va a interesarse en la chica tímida a la que conoció años atrás en el instituto y a la que seguramente ya no recuerde. Tiene un montón de pibones detrás de él. ¿Por qué ibas a ser distinta a ellas?

    «Tú lo conoces, ellas no», te anima tu subconsciente, pero no es suficiente. Llevas más de dos años sin hablar con él. Ya no lo conoces.

    El presentador inicia la sesión e invita a los viners a entrar y a sentarse.

    —¡Cameron Dallas! —exclama, y la multitud se vuelve loca.

    Contienes el aliento cuando Cameron entra, y el corazón se te derrite en el pecho. Está más alto, y parece más fuerte; tiene los brazos más definidos. Ya no es el chico delgado del instituto; se ha convertido en un hombre atractivo. Lleva una camiseta blanca sencilla que le queda genial en contraste con su piel bronceada. Su pelo parece suave y bien cuidado. Su sonrisa es cegadora e ilumina la habitación. Saluda con la mano a los asistentes y toma asiento.

    No puedes creer que esté ahí. El presentador anuncia a los demás, aunque apenas te das cuenta, y pronto ofrece a la audiencia la oportunidad de hacer preguntas.

    Una morena despampanante se acerca al micrófono y mira a Cam.

    —Mi pregunta es para Cameron. —Él le sonríe con amabilidad—. ¿Quieres salir conmigo esta noche?

    Te quedas tan boquiabierta que tu mandíbula casi toca el suelo. Vaya, qué directa.

    Cameron se echa a reír y se rasca la nuca.

    —Bueno, ya veremos cómo va la noche. —Le guiña el ojo, y todo el mundo jalea.

    Sientes una oleada de celos, y respiras hondo. No tienes ningún derecho a estar celosa; no es tuyo.

    Las preguntas continúan, y muchas chicas les gritan «te quiero» a Cameron y a los demás.

    Ahora es tu turno de formular una pregunta.

    Te acercas al micrófono y tragas saliva. Tienes las manos pegajosas, y el corazón se te va a parar de un momento a otro. Te va a ver. El momento ha llegado. ¿Se acordará de ti?

    —Hola —susurras con timidez al micrófono.

    Cameron te mira sin expresión, con su sonrisa amable de siempre.

    Tu corazón se detiene, y te muerdes el labio para evitar ponerte sensible. No se acuerda de ti. Sabías que era posible, pero ¿por qué te duele tanto?

    —Mi pregunta es para Cam, quiero decir, Cameron —te corriges.

    Cameron te mira con suspicacia. Se hace un momento de silencio que parece una eternidad.

    Levantas la vista para mirarlo directamente a los ojos.

    —En realidad no es una pregunta, Cameron. Es una confesión tardía, supongo. —Te mira confundido—. Te quiero. —Abre los ojos como platos—. Y lo digo en serio, no es amor de fan. Mis sentimientos por ti nacieron mu¬cho antes de todo esto. —Haces un gesto hacia la multitud—. Estoy enamorada de ti. Dios, es un alivio haberlo dicho por fin después de todo este tiempo.

    La sala queda en completo silencio.

    —Eso es todo —concluyes nerviosa.

    El presentador interviene para llenar el vacío.

    —Vaya, eso ha sido muy intenso. Cameron, ¿tienes algo que decirle a esta chica tan valiente?

    Cameron sonríe.

    —Me siento halagado —dice con amabilidad, y sien¬tes una presión en el pecho—. Es una chica muy guapa. Su cumplido te duele porque está hablando como si fueses sólo una chica más entre la multitud.

    El presentador sonríe.

    —Y voy a formular la pregunta que todos tienen en mente en este momento. ¿Conoces a esta chica?

    En ese mismo momento, dejas de respirar.

    Cameron te mira y dice:

    —No.

    Se te cae el alma a los pies y las lágrimas inundan tus ojos nublándote la vista.

    —Pero ojalá la conociera. Parece una chica muy maja.

    Ya has tenido suficiente. Le das la espalda y empiezas a alejarte entre la gente. Por un instante desearías estar en una película romántica y que él saliera corriendo detrás de ti.

    Pero, obviamente, no lo hace. ¿Por qué iba a hacerlo?

    Las lágrimas descienden como un torrente por tu rostro. Los murmullos de la gente y la música de fondo son demasiado para ti. Te apetecería salir corriendo de ahí, pero no quieres parecer una loca.

    Ya lo has dicho. Deberías irte. Has hecho lo que has venido a hacer. Te ha rechazado en público, pero por fin le has expresado tus sentimientos. Ya puedes pasar página. El rechazo es algo horrible y devastador, pero es una despedida. No puedes hacer nada al respecto. No puedes obligar a alguien a que le gustes, y mucho menos a que te ame.

    Te secas las lágrimas y te dejas distraer por los increíbles disfraces y por las exhibiciones que te rodean. Sigues sonriendo cuando oyes que alguien grita tu nombre desde atrás. Das por sentado que es sólo producto de tu imaginación, de modo que haces caso omiso y sólo te vuelves cuando notas que alguien te toca el hombro.

    Es un chico rubio con una deslumbrante sonrisa en la cara.

    —Hola. ¿Puedes venir conmigo? —dice, y te hace un gesto para que lo sigas con la mano.

    Frunces el ceño extrañada.

    —¿Te conozco?

    Niega con la cabeza.

    —No, pero tienes que venir conmigo ahora mismo.

    —¿Por qué iba a hacerlo? —Retrocedes un paso.

    —No eres muy de correr riesgos, ¿verdad? —Suspira—. Ya me ha dicho que reaccionarías así.

    Frunces aún más el ceño.

    —¿Quién?

    El chico se peina con los dedos.

    —Cameron.

    Tu corazón empieza a martillear contra tus costillas.

    —¿Cameron?

    —Sí, me ha pedido que viniese a buscarte —explica el chico con aire cansado—. Cosa que no ha sido nada fácil, por cierto. Este evento es enorme.

    —Pero qué..., ¿por qué...?

    —Tú sígueme. Deja las preguntas para él. —El chico te agarra de la mano y tira de ti para que lo sigas.

    «¿Dice la verdad este chico? ¿Por qué iba Cameron a pedirle a alguien que viniese a buscarme?» Ha dicho que no te recordaba. Te ha roto el corazón delante de todo el mundo.

    La curiosidad y la emoción se apoderan de ti, y no puedes evitar seguir a este desconocido, aunque todavía no estás segura de que Cameron esté detrás de todo esto. Te encuentras frente a una puerta custodiada por un guardia gigante. Éste te señala y tu guía dice:

    —Está conmigo.

    Y así, sin más, el guardia se aparta. Entráis en un laberinto de pasillos oscuros con lo que parecen ser camerinos a ambos lados. Te cuesta respirar. El corazón está a punto de salírsete del pecho. Tienes la boca seca y te muerdes el labio con nerviosismo.

    El chico se detiene y te suelta la mano.

    —Ve. —Señala la puerta que está al final del pasillo—. Te está esperando.

    Asientes y te diriges en esa dirección.

    ¿Qué querrá? ¿Por qué te ha mandado buscar? «Igual cree que soy una fan obsesionada o algo», piensas, pero dejas a un lado tus pensamientos negativos.

    Llamas a la puerta y oyes su voz.

    —Adelante.

    Es real. De verdad está ahí, al otro lado de la puerta... La abres lentamente, como si esperases que fuera a cerrártela en los morros y a decirte una vez más que no se acuerda de ti. Pero entonces lo ves y nada más importa. Olvidas su rechazo público. Olvidas todos esos años de amor secreto. Todo desaparece cuando ves esos preciosos ojos; esos ojos cautivadores que llamaron tu atención años atrás, en séptimo grado.

    Cameron se apoya contra la pared con los brazos cruzados sobre el pecho. Su pelo castaño parece más suave que nunca y luce un peinado perfecto. Sus labios carnosos forman una sonrisa sincera y se te para el corazón.

    —Cierra la puerta —ordena con tono suave.

    Temblando y sin apartar la vista, cierras la puerta a tu espalda.

    —Con pestillo.

    Tragas saliva, pero obedeces. Te observa con tanta intensidad que te cuesta respirar. Estás sola con él en una habitación pequeña. No estabas preparada para algo así. No sabes qué decir. Ya has dicho suficiente. No puedes soportar su ferviente mirada, así que apartas la vista.

    Pero entonces sucede.

    Pronuncia tu nombre, arrastrando cada sílaba despacio.

    Recuerda tu nombre. Lo recuerda de verdad. Estás a punto de preguntarle por qué no se ha acordado de ti ahí fuera, pero él se te adelanta.

    —¿Por qué has venido? —Su pregunta te coge por sorpresa—. ¿Por qué?

    Parece enfadado, y no tienes ni idea de cuál puede ser el motivo.

    —Yo sólo...

    —Pero, incluso ahora que mantiene las distancias contigo, te cuesta articular las palabras—. He venido a... Necesitaba despedirme.

    —¿Despedirte? —Tensa la mandíbula—. ¿Despedirte de qué exactamente?

    —De... ti. De nosotros. Yo...

    —¿Nosotros? No había ningún nosotros.

    Eso te duele.

    —Ya lo sé. Pero...

    —No, espera. No había ningún puto nosotros porque desapareciste sin decir nada. —Nunca antes habías oído a Cameron decir tacos—. Te esfumaste. Ni siquiera me dejaste una nota ni nada. Te fuiste sin dar ninguna explicación, nada en absoluto. Fui a tu casa el sábado por la mañana para ver un rato la tele contigo, como de costumbre, y me encontré la casa vacía y un cartel de «se vende». ¿Tienes idea de cómo me sentí? Estaba cabreado, frustrado y desesperado. Te busqué hasta que me di cuenta de que no te lo merecías.

    Eso te deja estupefacta.

    —¿Qué?

    —Sí, me has oído bien. No te lo merecías. Me dejaste sin darme ninguna explicación. Yo no te importaba nada, porque de ser así sabrías que estaría preocupado. Te fuiste como si yo no fuese nadie.

    —Eso no es verdad —dices sintiendo la necesidad de defenderte—. Me fui porque necesitaba dejarte marchar. Estaba cansada de vivir un amor no correspondido. Yo...

    Cameron se ríe con aire sarcástico.

    —¿Un amor no correspondido? Nunca me dijiste nada. Jamás. ¿Cómo puedes hablar de amor unidireccional si nunca me dijiste ni una palabra? No podías saber si era mutuo hasta que me preguntases qué sentía yo.

    Está enfadado. Lo ves en sus ojos. Se aparta de la pared.

    Retrocedes un paso.

    —Hice lo que creía que era mejor para los dos.

    Él niega con la cabeza.

    —No. Hiciste lo que creías que era mejor para ti. Fuiste una cobarde.

    Esto hace que tú también te cabrees un poco.

    —No es verdad. Podrías haberme encontrado si hubieses querido. Tenías los medios para conseguirlo. Eres famoso, pero no te molestaste en hacerlo, así que tenía motivos más que suficientes para pensar que mis sentimientos eran unidireccionales.

    —Pues no lo eran —dice, y el corazón te da un vuelco—. Pero heriste mi orgullo. Me hiciste daño. Así que me permití olvidarte. Sané. Pasé página. Salí con otras chicas que se parecían a ti, pero ellas no eran tú. Aun así, lo conseguí, y todo me iba bien hasta que has aparecido esta noche. Y de repente ha sido como si todos esos sentimientos fuesen como un volcán inactivo en mi interior. Una mezcla de ira, amor, deseo y frustración ha estallado y me ha dejado sin aliento. Estaba tan cabreado contigo por haber acabado con mi paz que quería hacerte daño, por eso he dicho que no te conocía. Te he tratado como si fueras una extraña porque sabía que eso te dolería.

    —Pues enhorabuena —dices sarcásticamente—. Lo has hecho de maravilla. ¿Contento? —Las lágrimas escapan de tus ojos, pero ya te da igual—. Debería irme para que puedas reunirte con la morena buenorra de antes.

    Cameron sonríe con malicia.

    —Vaya, ¿ahora estás celosa? Tienes razón, debería salir con ella. Seguro que no va a desaparecer como lo hiciste tú.

    —¡Vete a la mierda! —le gritas, y te vuelves furiosa.

    Alargas la mano para coger el pomo de la puerta, pero él corre hacia ti. Te agarra de la mano con fuerza y te detiene. El roce de su piel te deja sin aliento. Intentas usar la otra mano, pero te la agarra también. Te coloca las dos manos sobre la cabeza y te empuja contra la puerta. Sientes su cuerpo justo detrás de ti, pegado al tuyo.

    —Esta vez no pienso dejar que te alejes de mí, cobardica —te susurra al oído, y te estremeces.

    —Cam, suéltame —dices, pero tu petición suena bastante débil porque en realidad estás disfrutando teniéndolo tan cerca.

    Te da la vuelta hasta que lo tienes de frente. Su maravilloso rostro está apenas a unos centímetros del tuyo. Sigue sosteniendo tus manos por encima de tu cabeza con una de las suyas, y usa la otra para levantarte la barbilla para que lo mires.

    —Me quieres, ¿verdad? —Te acaricia el labio inferior con el pulgar.

    Tu orgullo te impide admitirlo después de que te haya hecho daño a propósito delante de todo el mundo.

    —Pues no.

    —Y entonces ¿por qué estás temblando?

    Deseas apartar la vista, pero te lo impide.

    —No estoy temblando —dices negándolo.

    Su colonia invade tus sentidos. Huele tan bien... La mirada de Cameron desciende hasta tus labios, y detectas un destello de anhelo en sus ojos.

    —Estoy tan enfadado contigo ahora mismo... —susurra.

    Te humedeces los labios nerviosa.

    —Suéltame. —Te retuerces en sus brazos—. Cameron, suéltame...

    Pero te besa antes de que termines la frase. Sus labios son suaves y húmedos, y la sensación de tenerlos pegados a los tuyos es increíblemente fantástica. Su beso es salvaje, posesivo, como si te estuviese reclamando con él. Le devuelves el beso con entrega, con todos esos sentimientos acumulados durante tantos años. Esto es un sueño para ti.

    El beso se vuelve más apasionado. Tu respiración se acelera y tu cuerpo empieza a acalorarse. Su mano libera las tuyas y te apresuras a hundir los dedos en su pelo para estrecharlo más contra ti. Te empuja contra la puerta, besándote con más intensidad e impidiéndote respirar con normalidad.

    Interrumpe el beso y pega su frente a la tuya.

    —Eres mía, cobardica. —Y después, casi sin poder respirar, añade—: Se acabó lo de huir.

    Sonríes contra sus labios.

    —Se acabó lo de huir.


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