Mi experiencia compartiendo coche contada en 7 canciones

Mi experiencia compartiendo coche contada en 7 canciones

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Alberto Palao Murcia

Periodista y comunicador audiovisual

Me he acostumbrado a compartir coche y ya casi nunca cojo el tren. Gracias a aplicaciones como Blablacar o Carpoling me he olvidado de viajar entre vías, pero no solo me he llevado eso.

La experiencia de compartir coche con una persona totalmente desconocida puede ser desconcertante para muchos, pero es como todo en la vida: la primera vez puede ser incómodo y desconcertante, pero enseguida te das cuenta de que no está nada mal.

He conocido a muchas personas viajando de esta manera y, para bien o para mal, también sus gustos musicales. Y es que, al igual que no todo el mundo con el que viajes te tiene que caer bien, tampoco te tiene que gustar su música.

Discos en bucle, remix del 2000, cantos gregorianos, pero también grupos que ya forman parte de mi playlist, canciones para el recuerdo y bandas sonoras de películas. La experiencia de compartir coche contada (o cantada) en seis canciones:

Izal sí, pero no en bucle

Mi primer viaje fue a Granada. Iba al Alhambra Sound por primera vez. Apenas conocía a los grupos que tocaban en el festival. Pero no hubo problema porque gracias a la conductora del coche en el que viajé me aprendí de memoria los diez temas del disco de Izal, Magia y Efectos Especiales.

Las dos primeras veces que escuché el disco me gustó. La tercera vez que empezó a sonar la primera canción, Prueba y Error, ya empezó a cansarme un poco. ¿Quién me iba a decir que aún me quedaban otras tres horas de viaje escuchando en bucle las mismas 10 canciones? Estuve dos meses con el tema de La mujer de verde en la cabeza…

El dance y el tecno para salir de fiesta, gracias

Si ya es difícil viajar tras haber trasnochado, imaginad si te ponen eurodance de principios del 2000 durante tres horas.

Yo solo quería dormir durante aquel viaje, pero el destino me tenía preparado una larga lista de hits que comenzaba por Crazy Frog y terminaba con éxitos de los 90 mezclados con música electro. Creo que fueron las tres horas más largas de mi vida.

Gran descubrimiento

Una de las mejores experiencias que tuve viajando en un coche compartido fue gracias a una chica que ya en su descripción de conductora se describía como una amante de la música. En aquella época ya contaba con la experiencia suficiente en este terreno como para saber que los auriculares para el móvil eran un indispensable para este tipo de viajes.

Gracias a ella, durante el trayecto Madrid – Valencia, descubrí a Lorde. “¿Pongo un poco de música?” dijo ella. “Claro”, le contesté pensando que a los cinco minutos me pondría a escuchar mi Mp3… Finalmente no los necesité y acabé pidiéndole el nombre de la artista.

Los cantos gregorianos molan

Aunque parezca mentira, una de las mejores lecciones que me han dado de historia ha sido viajando compartiendo coche. El conductor era profesor de historia y cuando encendió el reproductor del coche empezaron a sonar Cantos gregorianos.

El hombre me explicó durante el trayecto que estaba escribiendo un libro sobre el tema y, con el relajante sonido de los monjes cantando, me hizo un breve resumen de la historia de esta música. ¡Muy interesante, oye! Ojalá el conductor amante del Eurodance hubiese puesto esa música para aquel viaje…hubiese podido dormir.

Viaje en el tiempo

Durante estos viajes también me he encontrado amantes de la Nostalgia. Aquellos que continúan teniendo el disco de Caribe Mix 2000 en la guantera del coche. Concretamente durante un viaje a Asturias llegué al límite de veces que puede escuchar una persona a King Africa sin volverse loco. Eso sí que fue una Bomba.

Compartir viaje te abre a nuevos géneros

Viajar a Andalucía al ritmo de Camarón no está nada mal. Nunca he sido muy fan del flamenco y posiblemente si nunca hubiese viajado con aquel conductor nunca hubiese descubierto este género. Ahora Como el agua es un imprescindible en mi playlist.

No a todo el mundo le gusta Disney

“A todo el mundo le gusta Disney”, debió pensar la conductora del viaje que me cogí para ir a Lisboa, pero se equivocó. En aquel trayecto de cinco horas viajábamos cuatro personas. He de reconocer que yo me sabía la interminable lista de éxitos de la lista de canciones, pero mientras algunos disfrutábamos cantando Hakuna Matata, el copiloto maldecía la elección.

En la parada de rigor me confesó que se tiraría por la ventana si volvía a escuchar otra canción Disney. Aún quedaban dos horas de viaje, la radio no funcionaba y no había más CDs. Pobre copiloto, no llevaba auriculares…


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