La “apropiación cultural”, ¿se aprovechan los cantantes de mundos no muy explorados?

La “apropiación cultural”, ¿se aprovechan los cantantes de mundos no muy explorados?

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Alejandro Gómez Lizarraga

Periodista y comunicador.

Es un tema que, a pesar de no ser excesivamente debatido en España, es objeto de polémicas en Estados Unidos. 

La apropiación cultural, como el propio término indica, es un fenómeno que consiste en adoptar elementos de culturas y mundos ajenos para incorporarlos, generalmente de manera precipitada y poco reflexiva, a la cultura propia.

En el mundo de la música, y más concretamente en los videoclips, los artistas recurren en numerosas ocasiones a este fenómeno.

Dos casos concretos y obvios con Coldplay

Un ejemplo clarísimo es el vídeo de Hymn For The Weekend, ambientado en la cultura de la India.

Durante el clip vemos a Chris Martin sumergido en la cultura del color típica hindú. Además, Beyoncé aparece vestida con un sari, traje típico indio, con tatuajes de henna y joyas habituales en las mujeres en este país. 

Todo ello se ha considerado una ofensa a la cultura hindú. ¿La razón? La búsqueda del efectismo mediante estereotipos que poco tienen que ver con la propia canción y por la incorporación desmedida de todos los elementos explicados. 

Pero esta no es la primera vez que a Coldplay le ocurre algo similar. En el videoclip de Princess of China pasó algo muy parecido relacionado con la cultura china. Rihanna aparece vestida como una geisha y Chris Martin como un samurái, dos personajes típicos del mundo asiático.

Katy Perry, el mayor referente pop de este fenómeno

Katy Perry es la cantante más criticada de todas. En varios de sus videoclips ha optado por trasladarse a mundos menos explorados y utilizarlos en sus clips.

Un claro ejemplo es This Is How Do, clip en el que se apropia de costumbres y vestuarios de la cultura negra y R&B. 

Algo similar ocurre con Dark Horse y la magia negra de los antiguos faraones egipcios o con alguna performance en la que Katy se ha vestido, literalmente, con trajes típicos de otras culturas como parte del show y nada más.

Un fenómeno cada vez peor visto que ha hecho recapacitar a las artistas

La propia Katy Perry ha sido la última en recapacitar sobre el tema y pedir perdón. La cantante ha admitido la apropiación y ha reconocido sus errores.

Al igual que ella, otras artistas como Iggy Azalea, Lily Allen o Miley Cyrus también han reconocido haberse aprovechado de ciertas culturas.

En la mayoría de los casos de la estética de la cultura afroamericana, siempre tomándola desde el punto de vista occidental e incorporando sus elementos como meros adornos.

Desde luego, a pesar de que en nuestro país la apropiación cultural no es asunto de discusión, siempre es bueno reflexionar acerca de qué vemos en los videoclips y de dónde surgen las ideas.

Otros dos ejemplos que muestran lo complicado del tema

A pesar de lo explicado hasta ahora, hay artistas que siempre reivindican la libertad de incorporar de forma artística en sus videoclip aquello que les gusta.

Taylor Swift, por ejemplo, fue criticada en el vídeo de Shake It Off porque incluía a mujeres negras como símbolo del twerking. Sin embargo, ella misma dijo que era una forma más de expresar los diferentes tipos de baile. 

Otro caso es el de Selena Gomez y alguna de sus actuaciones en vivo. La joven cantante ha optado alguna vez por una típica de la India y por ello ha sido objeto de crítica. Aún y todo, la propia Selena ha hecho alarde de su libertad y del respeto por el resto de culturas.

¿Existe solución a esta polémica?

Quizá la solución al debate de la apropiación cultural llega a través de los límites, fronteras que los propios artistas deberían negarse a cruzar.

Desde el respeto, la comprensión y la profundización, la apropiación cultural podría convertirse en un medio más de expresión artística.

Sin embargo, esta solución debería ser consensuada y aceptada por ambas partes, es decir, tanto por parte de los cantantes como por el lado de los integrantes de la cultura que quieren plasmar en sus vídeos.

Por ello, la solución radica en un entendimiento mutuo y en un resultado final que profundice en aquello que se quiere expresar, que no se quede en la mera anécdota superficial de la cultura a tratar y, por supuesto, que esta apropiación se reconozca y se utilice como un elemento enriquecedor de la cultura audiovisual del videoclip. 

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