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    ¿Un día de la música? Mejor ningún día sin ella

    Celebra las canciones todos los días

    ¿Un día de la música? Mejor ningún día sin ella

    "La música es refugio cuando nadie más parece estar de tu lado". En la imagen vemos a la cantante Rihanna durante una actuación. / Getty

    Pese a que música y oxígeno son necesarios para la vida y el pleno desarrollo del ser humano y otras especies, nuestro calendario no ofrece cobijo al día oficial del oxígeno. Saquen ustedes sus propias conclusiones, pero si no piensas que ambos elementos son necesarios de cara a la supervivencia humana (y porque sería terrible vivir sin música) déjanos ofrecerte unos cuantos motivos a modo de muestra gratuita.

    La música es química

    Ay, la música, esencial en todo desarrollo cognitivo y social e imprescindible en nuestra concepción de todo lo que nos rodea. La música es matemática pura, existe la canción matemáticamente perfecta y el éxito del verano asegurado si incluye determinados acordes en un compás definido. Pero también es química, porque sabe provocar cambios en tus recovecos que consiguen erizar tu vello, acelerar los latidos de tu corazón y provocarte jadeos.

    Tenemos más canciones especiales que amigos. Y amigos que nos recuerdan a canciones. Y sonidos repetitivos como el gotear de un grifo que pueden acabar constituyendo canciones a las que añadir otro tipo de ritmos por encima. Percutimos con las manos sobre una mesa cuando nos aburrimos para formar ritmos que vamos haciendo más complejos en función de nuestra pericia.

    La música es química; sabe provocar cambios en tus recovecos que consiguen erizar tu vello, acelerar los latidos de tu corazón y provocarte jadeos

    Tarareamos inconscientemente una canción que se nos cuela, puñetera, en la cavidad entre el hipotálamo y el alma. Incluso si esa canción es abiertamente odiada por nosotros mismos, o se trata de algún jingle publicitario musical con estribillo repetitivo, especialmente si se trata de un anuncio de talleres de reparación de coches. Aquí y ahora Aurgi está de moda. Carglass cambia, Carglass repara. Mercado-oh-na, Mercadona (Encuentra de las tres opciones la que es diferente como refrescante juego veraniego).

    La música te define

    Te hace rockero, trapero, rapero, mod, punk, bicho raro, gótico, inadaptado o mainstream. Sirve para mostrarte en la vida quiénes están subidos en tu barco. Sirve para definirnos, para igualarnos y también diferenciarnos. Es refugio cuando nadie más parece estar de tu lado. Puede arrullarte justo antes de dormir, relajarte en tu clase de yoga o reactivarte en tu otra clase de Zumba. Hacer que llores a lágrima tendida sin justificación aparente, ponerte nervioso o desear que llegue el nuevo trabajo de ese grupo que sabe hurgar como nadie en tus llagas. Te puede excitar, te puede dar bajona, te puede hacer sentir especial, único o desdichado, puedes pensar que ese tema está hecho para ti, puede de hecho estar escrito para ti, puedes ser musa o intérprete, te puede sobrecoger, enfadar, hacer sentir ridículo, puedes incluso avergonzarte de escucharla delante de otros. Para algunos un refugio. Para todos, más presente de lo que pensamos.

    Rockero, trapero, rapero, punk, popero... La música sirve para definirnos y también es un refugio cuando nadie más parece estar de tu lado

    Un momento, una canción

    Escuchas música desde las etapas más tempranas de tu desarrollo, desde que tu madre se empeña en que tienes que escuchar a Vivaldi porque te va a convertir de facto en un ser eminentemente más inteligente. Desde que Cantajuegos y los payasos de la tele te convierten en un hiperazucarado prepúber saltarín con sobredosis de fresisuis. Desde que la publicidad quiere enternecerte para venderte el coche de último modelo. Está presente en el hilo musical del ascensor, pero también en el viento golpeando las rocas. En las tribus ancestrales y en las etiquetas con hashtag.

    Esa canción que bailaste con tu padre el día de tu boda entre lágrimas. Esa tonadilla que sonaba, casi imperceptible, cuando tus labios se juntaron con los de aquella chica que te gustaba y se paró el tiempo. Esa que te recuerda a los bailes locos de tu adolescencia, cuando empezar a salir y descubrir la noche era todo lo que necesitabas para sobrellevar ese impacto hormonal que esclaviza y obnubila. Está presente también en aquella hilarante coreografía del colegio donde te tocaba bailar esa cancioncilla de Grease, con resultados siempre mejorables.

    Esa letra en inglés que te sabías de cabo a rabo. El tarareo inconsciente de un estribillo veraniego después de haber entrado en una tienda de ropa a probarte unos pareos. Las canciones de la infancia que inventabas con rimas consonantes y alguna que otra bestialidad conceptual. Aquella charanga que se repite año tras año en las fiestas del pueblo. Los himnos de tus colores en un Mundial de fútbol. La sintonía de la Champions y su facilidad para emocionar a los madridistas y enervar al resto de seguidores.

    El festejo de este Día Internacional de la Música se celebra el día en el que oficialmente el verano llega a nuestras vidas, algo que parece alejado de la casualidad. Hemos grabado cintas con una recopilación de canciones que significaban algo para alguien. Hemos hecho lo propio años después con las listas de reproducción en streaming. Te has enamorado al ver a alguien por la calle con la camiseta de tu grupo favorito. Te has desgañitado en conciertos, has bailado con frenesí en tugurios de mala muerte, has perdido los papeles ante los temazos de la orquesta del pueblo y le has pedido esa canción imposible de pronunciar al dj de turno en la boda de tu primo, aquella que terminó como el rosario de la aura por causas que no vienen al caso.

    Le has cantado una nana a tu hijo recién nacido. Has repartido codazos y besos en el mismo concierto. Le has puesto una canción a una persona para sorprenderla, para aleccionarla o para mandarla al carajo. Para darle ambiente a una cita que salió regular pese al combo velitas+chimenea+expensive brebaje. Has sufrido sobredosis de villancicos, cuatro días seguidos de chunda chunda en raves electrónicas en mitad de ninguna parte, te pones nervioso con la banda sonora de esa película que has visto doce millones de veces. Y no se bajará del altar ese concierto en el que no dejaste sin corear una mísera coma rodeado de miles de personas. Y tampoco olvidarás ese tan íntimo en el que no había casi nadie y te sentiste verdaderamente especial.

    Podríamos prescindir de la música. Podríamos llegar a vivir sin ella, pero el mundo sería terrible. Hoy y siempre, feliz día de la música.

    * Chris Val es colaborador de LOS40.


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