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    Cómo sobrevivir a tu primer “speed dating” y no morir en el intento

    Una experiencia que tardarás en olvidar (¿muy a tu pesar?)

    Cómo sobrevivir a tu primer “speed dating” y no morir en el intento

    Que la vida está para vivirla es algo que todo el mundo debería tener claro. Y que también hay que vivir ciertas experiencias y ponerte a prueba... también. Quizá por ello me animé a probar el primer (¿y último? seguramente) speed dating de mi vida. 

    Movido por la curiosidad y el mero hecho de ver cómo me relacionaba en un ambiente de ese tipo, me apunté con un amigo a esta experiencia que, de verdad, tardaré en olvidar. No sé si para bien o para mal, pero el tema es bastante interesante. Y no, no he encontrado el amor ni nada parecido.

    Sin embargo, lo que sí he encontrado es una variedad de gente que me ha hecho reflexionar sobre la vida en general. De forma rápida, podría decir que el speed dating al que acudí se dividía entre "tronistas" y "pretendientes". ¿La diferencia? El "tronista" permanece sentado y espera a que le lleguen sus "pretendientes". 

    En total, unas diez personas se sientan en frente de ti para contarte en siete minutos cuántos años tienen, a qué se dedican, qué hacen con su vida y, sobre todo, a convencerte de que "este es mi primer speed dating". El nombre no hace falta decírselo porque lo llevas puesto en una pegatina, claro. ¿Como si fueses un trozo de carne y marcan si eres pollo o ternera? Pues también.

    La cuestión de todo esto es que en realidad te lo pasas bien. Disfrutas si tienes cierto sentido del humor y te tomas la experiencia como algo enriquecedor para tu vida social. En este mundo de las redes sociales y las aplicaciones a veces nos cuesta conocernos en persona, así que es todo un logro sentarse frente a un desconocido y soltarle un rollo durante siete minutos.

    Y sí, aún es más difícil si la persona que tienes en frente no te atrae absolutamente nada y tienes que fingir cierto interés. Puede sonar superficial, pero si vas a un speed dating es para encontrar un ligue o una potencial pareja, así que el físico es esencial.

    El problema es que, tal y como mi speed dating estaba organizado, veías en todo momento quién se iba a sentar y no podías hacer otra cosa que esperar a que te tocase alguien que mínimamente hubiese llamado tu atención. Y eso no suele suceder, la verdad.

    ¿Lo importante? Conocerse a sí mismo en un territorio un tanto hostil. ¿De qué hablas con una persona que sólo responde con monosílabos? ¿Qué tema sacas a alguien con quien no tienes nada que ver? Pues es en esos momentos donde te pones a prueba a ti mismo. El resultado puede ser desastroso o puede resultar divertido.

    En mi caso es algo entre una cosa y otra. A nivel amoroso fue un desastre, pero como sabía que iba a pasar... pues adelante. Sin embargo, sí que es verdad que en la "fiesta" posterior al speed dating sí que tanto mi amigo como yo nos reímos con algunos de los asistentes. Sí, nos reímos de nosotros mismos... Eso es lo que nos queda.

    ¿Cómo sobrevivir a tu primer speed dating y no morir en el intento? Riéndose de sí mismo.


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