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Miriam Rodríguez cruza las 'Líneas rojas' para ofrecer su disco más independiente

La cantante aúna diferentes estilos en un álbum pensado para el directo que deberías escuchar

Miriam Rodríguez. / Mariano Regidor

Qué bien se está cuando Miriam Rodríguez saca nueva música. Independiente, más humana que nunca, pero como un ave fénix aterriza de un sitio del que nunca se ha ido. Así regresa Miriam Rodríguez con su tercer álbum de estudio, Líneas rojas.

Diez canciones que marcan la esencia de la gallega, que no defrauda y que eriza la piel a partes iguales que te hace saltar del sofá y querer teletransportarte al gallinero de un concierto. La artista quería un disco pensando en el directo y lo ha conseguido: va a emocionar, a sorprender y se va a abrir las puertas de allá donde quiera entrar.

Lejos de lo acústico como única verdad, Miriam añade a sus directos un nuevo elemento: el piano. Confiesa que desde que tuvo que representar a la mismísima Lady Gaga en Tu cara me suena, se embaucó de manera autodidacta a este instrumento, convirtiéndolo en un miembro más de su equipo encima del escenario desde la pregira que hizo a finales del pasado año.

La nueva era de Miriam Rodríguez ya nos está descubriendo sus nuevas metas, y Lineas rojas es el mayor ejemplo de que la artista ha marcado su propio antes y después. Mucho más allá de todo lo que demostró con La dirección de tu suerte. Y eso que ahí se marcó diez temazos dignos de sacar de vez en cuando.

Un álbum de autocuidado

"Tengo tanta suerte de poder tenerme y abrir la puerta sin preguntar", esta frase podría definir el hito central de Líneas rojas, el tercer álbum de estudio de la cantante gallega. Una vuelta esperada, pedida y recibida como se merece desde el minuto cero. Incluso antes, con el lanzamiento de Debilidad el pasado mayo ya apuntaba hacia una gran acogida.

El disco abre con El miedo a fallar. Tras escuchar sus últimas y extensas entrevistas, y hacer un repaso sobre el transcurso profesional de la cantante, podemos comprender rasgos de los que podría tratarse esta canción: vivir en un sitio donde podría no verse encajar al cien por cien, y haciendo alusión a su carrera como actriz, tan presente en su vida, a pesar de haberlo dejado a un lado estos últimos años. Quizá me equivoco, pero la letra me llevó a esa conclusión nada más escucharla. Es el comienzo de la reinvención, el sentimiento de no dar todo lo que los demás esperan. "He visto una luz brillar muy lejos, sin saber que me enfocaba a mi. Cuando me di cuenta al verla, me perdí. Las medallas colgando en mi cuello, tanto peso no era para mi. Me quedaba grande ser tan buena actriz".

La segunda canción ya empieza fuerte. Tampoco la conocíamos antes del lanzamiento, y ha sorprendido como la que más. Muchos la definen como LA canción. Tes que ser de aquí (meigas) -Tienes que ser de aquí (brujas), en español- es la joya de la corona. Gallega y con aires que recuerdan a las melodías común del grupo Tanxugueiras, habla de aquello que sólo los gallegos sienten por su tierra. Muy folclore, podría decirse folktrónica. Una canción con la que se ha atrevido y traduce sus ganas de hacer algo diferente.

Aun así, también tiene canciones que recuerdan a la trayectoria que Miriam ha seguido en sus discos anteriores. Un pop rock pegadizo con letras que siempre tienen algo que decir. Aunque el centro de su propósito sigue siendo lanzar un mensaje de sanación, superación y encontrarse a sí misma. Pero también le canta al amor en todas su versiones, como en Qué bien se está, El primero de todos o dar x ti la cara.

Me gustaría hacer hincapié en echar de menos (duele). La primera vez que escuché esta canción tuve que volver a darle al play para entender la maravilla que estaba escuchando. Desde los sonidos hasta la letra, sin duda ha vuelto a pasarse el juego. Una canción de esas que ponen la piel de gallina y que, su historia te toque o no directamente, logra emocionarte.

Debilidad y Línea roja pueden ser dos de las más potentes para cantar en festivales -donde este año Miriam Rodríguez adelanta que llenará su calendario de fechas-, así como en su Líneas rojas Tour 2024. Dos canciones cañeras a las que no le falta de nada. Además, el mensaje de Línea roja lo dice todo, un canto a lo que ha sido su transición hasta ser una artista independiente -siendo este su primer disco alejada de las discográficas-, alegando la libertad con la que cuenta en estos últimos meses, lo que se puede ver en frases como "tengo tanta suerte de poder tenerme y abrir la puerta sin preguntar".

Déjame cuidarte me dio las mismas vibras que Conmigo suficiente en su primer disco. Una canción necesaria en la que Miriam Rodríguez echa la vista atrás para poder sanarse y prometer a su pasado que va a cuidarle en cualquier momento de su vida, salvándose de cualquier situación. Siempre fiel a sí misma. "Cuando pasen los años y todo haya cambiado me tendrás aquí". Cada frase de esta canción es maravilla, y quienes hemos podido escucharla en concierto, a piano en sus primeros conciertos de la gira, podemos confirmarlo.

La última canción del disco Líneas rojas tampoco la conocíamos previamente. Romper el champán tiene una melodía menos rockera, con melodías algo diferentes a las que encontrábamos en sus discos anteriores. Otro de los descubrimientos de esta nueva era.

Si todavía no has escuchado Líneas rojas, el veredicto dice que ya estás tardando en ponerte manos a la obra porque, aunque apenas hemos terminado febrero, me atrevería a decir que es uno de los discos del año. Desde su variedad, producción y letras, no tiene desperdicio. Ella misma confiesa que Tu cara me suena le ayudó a volver a creer en sí misma, y los límites están cada vez más lejos del diccionario de la Rodriguez. Lineas rojas está compuesto para hacer disfrutar. Y se nota. Porque Miriam Rodríguez sabe cómo hacerlo bien. Y qué bien se está.