¿Por qué la pesca de arrastre es un problema para los océanos?
La negociación en Bruselas sobre las cuotas de 2026 reabre el debate sobre el impacto ecológico de un método de pesca que destruye hábitats, reduce la biodiversidad y acelera la degradación del mar.

La pesca de arrastre tiene un importante impacto en la biodiversidad marina. / vectortatu
Los telediarios llevan varios días hablando de la negociación que tiene lugar en Bruselas en materia pesquera. Y es normal que así sea: de lo que se decida dependerá cuánto se podrá faenar en 2026, lo que afecta directamente a miles de empleos en nuestro país. La propuesta de la Comisión Europea pasa por acabar con la pesca de arrastre en el Mediterráneo y reducirla hasta un 70% en el Atlántico para especies como la caballa, lo que ha generado un fuerte rechazo en España. Pero más allá del ruido político y sectorial, la pregunta de fondo es otra: ¿por qué la pesca de arrastre está cada vez más cuestionada desde el punto de vista ambiental? ¿Qué supone para la biodiversidad marina?
La respuesta es contundente: esta forma de pescar es enormemente dañina para los ecosistemas. El arrastre consiste en remolcar grandes redes por el fondo del mar, levantando sedimentos y destruyendo hábitats esenciales donde se reproducen, alimentan o encuentran refugio cientos de especies. Praderas de posidonia, corales, esponjas, invertebrados y pequeños peces caen bajo un sistema que no distingue entre lo que quiere capturar y lo que arrasa a su paso. Para la biodiversidad, cada campaña de arrastre funciona como pasar un arado por un bosque: lo deja todo arrasado durante décadas.

Un arrastrero faenando en el Mar del Norte. / jada photo

Un arrastrero faenando en el Mar del Norte. / jada photo
A eso se suma el efecto en cadena sobre el clima: al remover el fondo marino se liberan enormes cantidades de carbono almacenado, lo que contribuye a agravar el calentamiento global. Ademas, la tasa de capturas accesorias (aquellas especies no objetivo que acaban en las redes) es especialmente alta, lo que se traslada en una caída drástica de poblaciones que ya están sometidas a estrés por la sobrepesca, la contaminación o el calentamiento del agua.
LOS40
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Negocio vs. protección del mar
Desde el sector pesquero español, el descontento es evidente. El ministro Luis Planas ha denunciado que la propuesta “parece de otro planeta”, y que limitar la actividad a nueve días equivaldría a enviar a los trabajadores “a casa”. Los armadores alertan de que el plan podría “arruinar al sector” si las medidas compensatorias no permiten mantener la rentabilidad. Y las cofradías insisten en que Europa legisla como si el Mediterráneo fuera solo europeo, ignorando la actividad de países del norte de África.
El conflicto, en el fondo, es entre el corto y el largo plazo
Sin embargo, para organizaciones ecologistas y científicos marinos, el diagnóstico es claro: el arrastre es incompatible con un océano sano. La recuperación de especies comerciales, la protección de los fondos marinos y la salud del propio sector a largo plazo requieren dar un paso decisivo hacia artes más selectivas y menos destructivas. La Comisión plantea precisamente ese intercambio: más días de actividad a cambio de vedas ampliadas, menor profundidad y el uso de aparejos menos dañinos.
En ese sentido, varios grupos ecologistas han hecho un llamamiento a Euroipa para acelerar la transición justa hacia una pesca equitativa y de bajo impacto ambiental. Organizaciones como Seas at Risk y Low Impact Fishers of Europe presebtaron ayer en el Parlamento Europeo la propuesta 'Rethink Fisheries' (Repensar la pesca), que pretende situar en el centro de las políticas pesqueras a las comunidades costeras y el equilibrio con la naturaleza, priorizando la calidad sobre la cantidad.
"Necesitamos sistemas pesqueros de bajo impacto que restauren las funciones de los ecosistemas"
"La pesca europea se encuentra en una encrucijada", ha explicado Marta Cavallé, secretaria ejecutiva de Low Impact Fishers of Europe y copresidenta del grupo Rethink Fisheries. "A medida que el mundo atraviesa cambios rápidos, tanto ecológicos como sociales, necesitamos una visión compartida de la pesca que nos guíe hacia un futuro mejor. Este futuro reside en sistemas pesqueros de bajo impacto que restauren las funciones de los ecosistemas, defiendan la equidad y la justicia social, y fomenten comunidades pesqueras locales dinámicas y medios de vida dignos".
El conflicto, en el fondo, es entre el corto y el largo plazo. O, dicho de otra manera más clara, entre intereses económicos y protección del mar. Reducir el arrastre implica cambios económicos y sociales difíciles, especialmente para las flotas más dependientes. Pero mantenerlo como hasta ahora supone seguir erosionando la base ecológica de la que vive el propio sector. El debate de Bruselas no es solo sobre 2026: es sobre qué océanos queremos dentro de diez, veinte o treinta años. Y la ciencia lleva tiempo avisando de que no habrá pesca posible en mares devastados.












