Lemóniz: la central nuclear que nunca se encendió por la presión ciudadana
El proyecto energético más ambicioso del franquismo acabó convertido en símbolo de cómo la protesta social puede cambiar la historia.
La inacabada central nuclear de Lemóniz. / imageBROKER/Bildverlag Bahnmuell
En plenos años 70, la visión que la sociedad tenía de la energía nuclear era, con excepciones, muy diferente a la actual. Desastres como Chernóbyl aún no habían sucedido, y esta manera de obtener electricidad se vendía como el futuro limpio, barato e imparable. Por ello, España se subió al carro con entusiasmo con proyectos como el de la central nuclear de Lemóniz, en la costa vizcaína, a apenas 20 kilómetros de Bilbao. Pero cuando lo tenía todo para salir adelante, desde el apoyo del Estado a la inversión millonaria, incluso con dos reactores prácticamente terminados, todo se detuvo en seco. ¿La razón? Una combinación explosiva de movilización social, rechazo vecinal y un contexto político cada vez más tenso.
La central comenzó a construirse en 1972, aún bajo la dictadura franquista. Desde el principio, los vecinos de la zona y colectivos ecologistas alzaron la voz. Temían los riesgos de seguridad, el impacto ambiental en una costa muy castigada y la falta total de información y participación. No era solo un "no a la nuclear", era también un "nadie nos ha preguntado". A punto de arrancar la Transición, y soplando vientos de cambio, esa sensación de imposición prendió con rapidez.
Pintadas contra la central nuclear de Lemóniz. / Jean-Marc CHARLES
A finales de los 70, las protestas crecieron en intensidad. Manifestaciones multitudinarias, encierros, marchas hasta Bilbao y una oposición social cada vez más visible convirtieron Lemóniz en un símbolo del movimiento antinuclear en España. Al mismo tiempo, el debate internacional sobre la seguridad nuclear empezaba a resquebrajarse, sobre todo tras el accidente de Three Mile Island (1979) en Estados Unidos. La idea de que una central era infalible ya no calaba tan fácilmente entre la ciudadanía.
La violencia de ETA
Pero el conflicto fue mucho más allá del ecologismo. La banda terrorista ETA convirtió Lemóniz en uno de sus objetivos, con atentados y asesinatos que marcaron de forma trágica el devenir del proyecto. La violencia lo contaminó todo y endureció posturas. Mientras tanto, la sociedad vasca vivía un momento de enorme tensión política y social, en el que la central terminó siendo vista como un símbolo de imposición del Estado y de un modelo energético ajeno al territorio.
En 1984 se decretó la moratoria nuclear en España, y Lemóniz quedó oficialmente paralizada
A pesar de que la obra, en la que se habían invertido miles de millones, estaba prácticamente finalizada, la central nunca llegó a arrancar. En 1984 se decretó la moratoria nuclear en España, y Lemóniz quedó oficialmente paralizada. Años después, el proyecto fue abandonado definitivamente. Hoy, sus instalaciones permanecen como un esqueleto industrial frente al mar, recordatorio incómodo de una época.
La historia de Lemóniz dejó varias lecciones clave para la historia. La primera: sin consenso social, los grandes proyectos energéticos están condenados al conflicto, lo que en muchos casos conduce directamente al fracaso. La segunda: el movimiento ciudadano puede frenar incluso infraestructuras que parecen irreversibles. Y la tercera, quizá la más actual, es que la transición energética no va solo de tecnología, sino de escuchar a la gente, cuidar el territorio y aprender de los errores del pasado.