George Martin, 100 años del hombre que puso orden (y partituras) al caos genial de The Beatles

Fue mucho más que el productor del cuarteto: muchos lo llamaban 'el quinto beatle'

George Martin, fotografiado en Bélgica en 1984. / Rob Verhorst

El 3 de enero de 2026, George Martin habría cumplido 100 años. No está nada mal para alguien que pasó media vida siendo “el quinto Beatle” y la otra media aclarando que no, que él no tocaba en el grupo, aunque a veces lo pareciera. Martin fue muchas cosas —productor, arreglista, mediador, traductor simultáneo entre músicos y técnicos—, pero sobre todo fue el adulto responsable en una banda que, sin él, quizá habría acabado antes en la papelera que en la historia de la música.

Antes de cruzarse con The Beatles, George Martin no era un revolucionario del pop, sino un hombre serio de EMI, formado en música clásica, experto en grabaciones cómicas y responsable de discos de Peter Sellers o The Goons. Vamos, alguien que sabía trabajar con el humor y el disparate, aunque aún no lo supiera. Cuando en 1962 le cayó en el despacho una maqueta grabada por cuatro chavales de Liverpool, su primer instinto no fue exactamente el flechazo. Las canciones le parecieron prometedoras, sí, pero el sonido era tosco y el batería, directamente, prescindible. El talento estaba ahí, pero había que ordenarlo. Y Martin era especialista en ordenar el caos sin que se notaran demasiado las costuras.

Su llegada a la vida de The Beatles fue, en realidad, una suma de casualidades y olfato profesional. Brian Epstein, mánager del grupo, necesitaba a alguien que los tomara en serio, y Martin, aunque dudó, supo ver algo que otros no habían querido o sabido detectar. A partir de ahí, comenzó una relación tan creativa como compleja: los Beatles aportaban ideas imposibles; Martin, soluciones prácticas. Ellos soñaban; él sabía cómo convertir esos sueños en vinilo. No componía las canciones, pero les daba forma, cuerpo y, sobre todo, sentido sonoro.

La importancia de George Martin en la carrera de los Beatles no se mide en créditos, sino en decisiones. Fue él quien propuso subir el tempo de “Please Please Me”, quien introdujo cuartetos de cuerda en “Yesterday”, quien convirtió un experimento grabado al revés en “Tomorrow Never Knows” y quien aceptó que una canción pudiera durar más de siete minutos y seguir siendo pop, como ocurrió con “Hey Jude”. También fue el responsable de que Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band sonara como el futuro en 1967, cuando el futuro aún no tenía nombre ni manual de instrucciones.

The Beatles - Come Together

Martin actuó muchas veces como traductor entre dos mundos: el de los Beatles, que pedían “sonar como si estuvieras dentro de un sueño oriental flotando sobre el océano”, y el de los ingenieros de Abbey Road, que necesitaban instrucciones algo más concretas. Él hablaba ambos idiomas. Sabía de armonía, de orquestación y de estudio, pero también entendía que el pop estaba cambiando y que no se podía producir a Lennon y McCartney como si fueran cantantes de salón. Su mérito fue no imponer su formación clásica, sino ponerla al servicio de la intuición del grupo.

Con el paso de los años, y especialmente a partir de The White Album, la relación empezó a desgastarse. Las tensiones internas del grupo crecieron, las sesiones se fragmentaron y Martin dejó de estar presente en todo. No porque no quisiera, sino porque los Beatles ya no funcionaban como una unidad. Aun así, regresó para Abbey Road, consciente de que aquello era, probablemente, el último acto. Fue una despedida elegante: un disco técnicamente impecable, emocionalmente contenido y producido con la precisión de quien sabe que está cerrando un capítulo irrepetible.

Tras la separación, la relación de George Martin con los Beatles fue cordial, pero nunca igual. Siguió trabajando con Paul McCartney en distintos proyectos, mientras que con Lennon, Harrison y Starr el vínculo fue más distante. No hubo rupturas dramáticas ni reproches públicos, simplemente el reconocimiento tácito de que aquella colaboración pertenecía a un tiempo y a una energía que no se podían repetir.

Cien años después de su nacimiento, George Martin sigue siendo una figura clave para entender no solo a los Beatles, sino la historia del pop moderno. Demostró que un productor podía ser creativo sin robar protagonismo, que la técnica no estaba reñida con la imaginación y que, a veces, el hombre más importante del grupo es el que no sale en la foto. Un señor con traje, formación clásica y paciencia infinita que ayudó a cuatro chicos de Liverpool a cambiar la música para siempre… y luego tuvo la elegancia de apartarse cuando el milagro se agotó.