Así es la presa china que puede afectar a la rotación de la Tierra
La colosal infraestructura de las Tres Gargantas no solo genera energía: también demuestra hasta qué punto la actividad humana ya entra en las cuentas físicas del planeta.

Vista aérea de la presa de las Tres Gargantas. / CFOTO
Es una de las infraestructuras más gigantescas jamás levantadas. La presa de las Tres Gargantas, construida sobre el río Yangtsé, no es una presa cualquiera. Es la mayor central hidroeléctrica del mundo y uno de los símbolos más claros de la China del siglo XXI, con la que el gigante asiático quiere demostrar su poderío y capacidad. Pero su impacto va más allá de la energía. Según cálculos de la NASA, cuando su embalse se llena por completo puede hacer que la duración del día en la Tierra aumente unos 0,06 microsegundos. Una cifra imperceptible para cualquier reloj, y menos aún para nuestra propia percepción, pero suficiente para llamar la atención de los científicos.
¿La razón? El volumen de agua que retiene es monstruoso: unos 40 kilómetros cúbicos, es decir, 40 billones de litros. Al concentrarse tierra adentro, esa masa deja de estar repartida por los océanos y modifica, aunque sea muy ligeramente, el equilibrio del planeta. Los geofísicos explican que esto afecta al llamado momento de inercia: cuanto más se aleja la masa del eje de giro, más se frena la rotación. Es el mismo principio que usa una patinadora cuando abre los brazos para girar más despacio.
El caso del terremoto de Sumatra
Este mismo efecto ya fue citado por investigadores de la NASA en 2005, cuando analizaron el gran terremoto de Sumatra de 2004. En aquel caso, el seísmo acortó el día en 2,68 microsegundos al compactar ligeramente la Tierra. El embalse de las Tres Gargantas, en cambio, lo alarga. La naturaleza y la ingeniería juegan en direcciones opuestas, siempre en escalas diminutas que solo se detectan con modelos muy precisos.
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Estas variaciones son mucho menores que las que se dan de forma natural
¿Hay motivos para preocuparse? Según los científicos, no especialmente. Estas variaciones son mucho menores que las que provocan de forma habitual la atmósfera, las corrientes oceánicas o fenómenos como El Niño. Lo interesante está en el mensaje de fondo: nuestras acciones ya son lo bastante significativas como para aparecer en las ecuaciones que describen el comportamiento del planeta.

La presa de las Tres Gargantas, desembalsando agua. / CFOTO

La presa de las Tres Gargantas, desembalsando agua. / CFOTO
No se trata de un caso aislado. Estudios recientes muestran que la extracción masiva de agua subterránea ha llegado a inclinar el eje de la Tierra casi un metro en pocas décadas, y que la construcción de miles de presas desde el siglo XIX ha desplazado los polos alrededor de otro metro más. No es ciencia ficción, es geofísica aplicada a un mundo profundamente transformado.
La presa de las Tres Gargantas genera hasta 22.500 megavatios y evita la quema de enormes cantidades de carbón y CO2. Pero también ha supuesto el desplazamiento de más de un millón de personas y un fuerte impacto ecológico en el Yangtsé. Los microsegundos añadidos al día funcionan así como una metáfora: necesitamos infraestructuras para frenar el cambio climático, pero su escala obliga a pensar en consecuencias que ya no solo afectan a paisajes y comunidades, sino al propio pulso físico de la Tierra.












