Comienza 2026 con intensidad gracias a las memorias de la vida exuberante de Motörhead y los últimos ritos de Ozzy Osburne
Dos proyectos de referencia que desvelan sus excesos y sus sombras dentro de su genialidad

Ozzy Osbourne, en 2010 en Londres. / Mick Hutson
Comienza el 2026 y se multiplican los lanzamientos musicales y también literarios. Hay ganas de comenzar el año con fuerza y nuevos proyectos. Y si unimos los dos sectores, nos encontramos con dos libros de memorias de dos proyectos artísticos de referencia para varias generaciones: Motörhead y Ozzy Osbourne. Sus memorias llegan a las librerías este mismo 8 de enero.
Motörhead In & Out recoge las historias de una vida exuberante, la de una banda que fundó Lemmy, pero también Lucas Fox cuando tenía tan solo 22 años y en el que duraría menos de un año. Tiempo suficiente para tener un buen anecdotario que comparte en estas memorias.
Fue el batería original de la banda y compañero de Lemmy en los años más salvajes del rock. Vivieron juntos las giras con Hendrix o Hakwind y compartieron drogas, moteles, incendios y traiciones.
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“Su voz, tan afilada como un riff de los MC5, nos sumerge en un mundo que ya no existe… y que tal vez nunca debería haber existido”, escriben desde Libros Cúpula.
Además de conocer esos inicios de una banda que acabó disolviéndose en 2015 tras la muerte de su líder, esta obra nos sumerge en el Swinging London de los años psicodélicos, el epicentro en el que la música, la moda, el arte y las libertades explotan en un impulso de creatividad sin precedentes.
“En la sala, todo chorrea, salta, gira, se retuerce. Las melenas se agitan de un lado a otro, los brazos cortan el aire por encima de las cabezas, las coronillas parecen a punto de explotar. Los olores a cerveza, sudor y el humo de los porros se suman a los que llevan años acumulándose aquí. ‘Será el grupo de rock and roll más sucio del mundo’, se decía. Eso es lo que somos hoy”, podemos leer sobre el concierto que la banda ofreció el 12 de noviembre de 1975 en el Marquee de Londres.

Portada de las memorias de Motörhead. / Imagen cedida por Libros Cúpula

Portada de las memorias de Motörhead. / Imagen cedida por Libros Cúpula
Los últimos ritos de Ozzy Osbourne
El 22 de julio de 2025 nos quedamos conmocionados con la noticia de la muerte de Ozzy Osbourne. Tan solo unos días antes había subido al escenario en el que sería su último concierto con Black Sabbath.
El descenso a los infiernos comenzó en 2019 cuando a los 69 años estaba embarcado en una triunfal gira de despedida y tuvo que ser hospitalizado. Tuvo que abandonar la gira y con ella toda su vida pública para enfrentarse a una parálisis casi total del cuello para abajo. Poco era para la vida de excesos que vivió.
“Me entra un sudor frío y un escalofrío cuando pienso en lo que hice en el mundo borracho. Es como si alguien caminara sobre mi tumba. Como tomar una curva ciega a toda hostia en un Jaguar XJ12, por un camino rural donde solo cabe un coche y medio. Como intentar estrangular a Sharon, la mujer que amo, creyendo que era el diablo. Como prenderme fuego a mí mismo más veces de las que puedo recordar. Como tragarme pastillas de Klonopin como si fueran caramelos. Como romperle la jarra de una pinta en la cara aun tío (por lo visto, acabó en el hospital, pero se recuperó). Es tan jodidamente fácil matar a alguien en el mundo borracho”, cuenta sobre sus momentos de excesos.
En esos últimos años le dio por reflexionar sobre lo que había sido su vida y su carrera como ‘Padrino del Metal’ y ‘Príncipe de las Tinieblas’. Decidió confesarse en estas páginas de Últimos ritos, de la manera más cruda y sorprendentemente lúcida que podíamos imaginar. Pese a sus adicciones, accidentes, excesos legendarios y un historial clínico bien nutrido, todavía tenía tiempo, a diferencia de otros compañeros, de tomarse ese tiempo para recapitular.
No se dejó los más y los menos de su turbulento matrimonio con Sharon Osbourne con la que tuvo cinco hijos. Las tensiones antiguas, cicatrices y el sueño casi imposible de una última reunión. El lado oscuro de la fama con egos desbocados, excesos inimaginables y autodestrucción.

Portada de las memorias de Ozzy Osbourne. / Imagen cedida por Libros Cúpula

Portada de las memorias de Ozzy Osbourne. / Imagen cedida por Libros Cúpula
“Las manos y las piernas me temblaban un poco por el párkinson. Estaba quedándome sordo. Mi memoria a corto plazo había dejado de funcionar hacia 1992. Pero aún podía correr por el escenario de Donington Park durante dos horas, disparando espuma al público con una pistola gigante”, cuenta sobre las distintas maneras de subirse al escenario con el paso del tiempo.
Lo tenía claro, “si un gato tiene nueve vidas, yo debo de tener treinta y tres”. Y las agotó. Ahora nos queda su legado y sus últimos ritos antes de morir.














