¿Qué recursos naturales quiere Trump de Groenlandia?
Tierras raras, minerales estratégicos y un Ártico cada vez más codiciado explican el renovado interés de EE. UU. por la isla… y abren un debate ecológico global.

Donald Trump amenaza con hacerse con Groenlandia. / Hector Vivas - FIFA
Donald Trump lo ha dicho por activa y por pasiva: Estados Unidos "necesita" Groenlandia por motivos de seguridad nacional. Pero el presidente más impredecible de la historia del país norteamericano no habla sólo de mapas y geopolítica. Bajo el hielo de la isla más grande del mundo se esconden algunos de los recursos naturales más codiciados del siglo XXI, esenciales para la transición energética, la industria tecnológica y la rivalidad entre las grandes potencias.
Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca con apenas 56.000 habitantes, ocupa más de dos millones de kilómetros cuadrados. Durante décadas su valor para EEUU fue sobre todo estratégico: por ella pasaba el control del Ártico, la vigilancia de misiles y no pocas rutas marítimas (y cada vez más, debido al deshielo), con la base militar de Pituffik como pieza central. Pero en los últimos años el foco ha cambiado. Ahora lo que atrae a Washington está, sobre todo, bajo tierra.

Nuuk, capital de Groenlandia. / UCG

Nuuk, capital de Groenlandia. / UCG
Según el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS), las zonas libres de hielo de la isla podrían albergar depósitos relevantes de hasta 38 minerales considerados críticos por la Unión Europea. Entre ellos hay cobre, grafito, níquel, titanio o niobio, todos esenciales para baterías, redes eléctricas y tecnologías limpias. Pero la joya de la corona son las llamadas tierras raras.
LOS40
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Elementos como el neodimio o el praseodimio son imprescindibles para fabricar motores de coches eléctricos, aerogeneradores, móviles o sistemas de defensa. Algunos expertos estiman que Groenlandia podría concentrar hasta el 25 % de los recursos mundiales de tierras raras. En un contexto de transición energética acelerada, eso es oro tecnológico.

El deshielo del Ártico abre nuevas rutas marítimas. / Leon Neal

El deshielo del Ártico abre nuevas rutas marítimas. / Leon Neal
Pero lo cierto es que hoy en día China domina este mercado: controla la mayor parte de la extracción y, sobre todo, del procesamiento de tierras raras. Reducir esa dependencia es una prioridad estratégica para EEUU, y Groenlandia aparece como una posible alternativa. No es casualidad que empresas mineras con capital chino ya estén presentes en proyectos de exploración en la isla, algo que ha encendido todas las alarmas en Washington.
Un territorio virgen
Desde una mirada ecologista, el dilema es enorme. Groenlandia es uno de los territorios más frágiles del planeta, clave para la regulación climática global. La minería a gran escala en el Ártico implica riesgos severos: destrucción de ecosistemas, contaminación de aguas, residuos tóxicos y un impacto directo sobre las comunidades locales, muchas de ellas indígenas, que ya sufren las consecuencias del deshielo acelerado.
La explotación de los recursos plantea enormes desafíos logísticos
Además, la explotación no es inmediata. Los propios geólogos advierten de que pasar de la prospección a una producción real puede llevar más de una década, con enormes desafíos logísticos en una región remota, helada y llena de icebergs. No es una solución rápida ni sencilla, por mucho que el discurso político la presente como estratégica.
En el fondo, el interés de Trump por Groenlandia mezcla minerales críticos, rivalidad con China y una visión clásica de expansión y control de recursos. La pregunta clave es si la transición ecológica puede construirse repitiendo viejos esquemas extractivistas. Porque extraer minerales “verdes” en uno de los últimos grandes territorios vírgenes del planeta plantea una contradicción incómoda: ¿se puede salvar el clima sacrificando el Ártico?












