¿Qué supone la salida de EEUU de la convención de la ONU sobre cambio climático y del IPCC?
El nuevo paso dado por Donald Trump tiene importantes derivadas medioambientales.
EEUU se desmarca de la lucha contra el cambio climático. / NiseriN
No es una ninguna sorpresa, pero no por ello deja de ser relevante. Tras abandonar de nuevo el Acuerdo de París, la administración de Donald Trump ha decidido dar un paso más allá en su ruptura con la acción climática global y retirarse también de dos organismos clave: la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). La mayor potencia económica del planeta se desvincula asítanto de las negociaciones internacionales como del consenso científico sobre el calentamiento global.
Pero, ¿qué son exactamente ambos organismos y cuál es su función? La CMNUCC es el marco que sostiene desde 1992 toda la diplomacia climática. De ella han salido acuerdos fundamentales como Kioto o París y, bajo su paraguas, se celebran cada año las cumbres del clima (las COP de las que te hemos venido hablando en El Eco de LOS40). Salir de esta convención no significa sólo dejar de asumir compromisos de reducción de emisiones: implica abandonar la mesa donde se negocian las reglas comunes, la financiación en materia de lucha contra el cambio climático, la adaptación al mismo y el seguimiento de los avances que se van produciendo. En la práctica, Estados Unidos renuncia a influir en cómo el mundo intenta frenar un problema del que es uno de los principales responsables históricos.
Donald Trump en la Casa Blanca. / The Washington Post
La salida del IPCC es aún más reveladora. Este organismo no legisla ni impone políticas: coordina y evalúa la ciencia climática mundial. Miles de investigadores revisan de forma colectiva todo el conocimiento disponible para ofrecer informes de referencia sobre qué está pasando con el clima, por qué ocurre y qué riesgos implica. Al romper con el IPCC, Washington no solo se desentiende de la cooperación científica, sino que lanza un mensaje claro de desconfianza hacia la evidencia científica que sustenta la urgencia de abandonar los combustibles fósiles.
Apuesta por los combustible fósiles
El movimiento encaja con la estrategia energética de Trump, centrada en reforzar el negocio del petróleo, el gas y el carbón, incluso mediante presión comercial y geopolítica sobre otros países, como se ha visto con Venezuela y Groenlandia. Reequilibrar el clima exige justo lo contrario: reducir de forma drástica el uso de esas fuentes. Por ello, que el segundo mayor emisor actual de gases de efecto invernadero y el primero en términos históricos se aparte del esfuerzo común supone un golpe serio a la gobernanza climática global.
La paradoja es que esta decisión también perjudica a la propia economía estadounidense
Pese al movimiento del gobierno de Trump, la retirada de Estados Unidos no paraliza la acción internacional. La Unión Europea, China y muchos otros países mantienen sus compromisos y han reaccionado con dureza. Desde Bruselas se ha subrayado que la convención climática es la base de la cooperación mundial y que abandonar ese marco es "lamentable y desafortunado". Naciones Unidas va más allá y habla de un “autogol colosal” que hará a EEUU menos seguro y menos próspero en un mundo cada vez más golpeado por incendios, inundaciones y sequías extremas.
La paradoja es que esta decisión también perjudica a la propia economía estadounidense. Al salirse del sistema, el país pierde capacidad de influencia y deja vía libre a otros para liderar la transición energética. Las inversiones, el empleo y la innovación ligados a las energías limpias crecerán en otros lugares, como China. Mientras el resto del mundo mira hacia un futuro bajo en carbono, Estados Unidos corre el riesgo de quedarse anclado en un modelo que agrava la crisis climática y limita sus propias oportunidades.