Diez años sin Bowie: 10 razones por las que seguimos echándole de menos una década después
El cantante británico nos dejó el 10 de enero de 2016 a los 69 años

David Bowie: diez años sin él. / Lester Cohen
Diez años no son nada, decía el tango, pero en el caso de David Bowie son exactamente eso: una década entera echándole de menos. Este 10 de enero se cumple el décimo aniversario de su fallecimiento, apenas dos días después de publicar Blackstar, ese disco-testamento que convirtió su muerte en una última obra de arte conceptual. Bowie no solo se fue; se despidió con método, con mensaje y con banda sonora, dejando claro que incluso el final debía estar bien producido. Desde entonces, la música pop y rock ha seguido girando, pero con la sensación persistente de que falta alguien en la sala de control. Por eso, más que repasar su biografía —que daría para una enciclopedia—, aquí van diez razones muy concretas por las que seguimos echando de menos a David Bowie diez años después.
1. Porque inventó el pop como teatro.
Antes de Bowie, el pop era canción. Después de Bowie, fue personaje, narrativa, concepto y puesta en escena. Ziggy Stardust no era un disco: era un universo. Y eso hoy, en plena era de los “eras”, sigue marcando el camino.
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2. Porque se adelantó a todo el mundo (y varias veces).
El glam, la electrónica berlinesa, el soul blanco, el drum’n’bass, el industrial suave… Bowie llegaba siempre antes y se marchaba justo cuando los demás empezaban a entenderlo. Nunca se quedó a vivir de las rentas.
3. Porque hizo del riesgo una norma.
Mientras otros artistas buscaban repetir fórmula, Bowie cambiaba de piel. Low tras Station to station, Heroes después del funk blanco, Earthling en plena fiebre britpop. Equivocarse era parte del plan.
4. Porque escribió canciones que envejecen mejor que nosotros.
“Heroes”, “Life on Mars?”, “Ashes to ashes”, “Changes”, “Modern love”. No son clásicos por insistencia: siguen sonando actuales porque hablan de identidad, alienación y deseo con una lucidez incómoda.
5. Porque normalizó la ambigüedad cuando era peligroso hacerlo.
En los setenta, Bowie jugó con el género, la sexualidad y la imagen en un contexto social poco amable. Fue valiente sin convertirlo en consigna, algo que hoy se cita mucho y se practica menos.

6. Porque fue un artista global sin perder rareza.
Triunfó en EE. UU., Europa y Japón sin diluir su personalidad. No “internacionalizó” su sonido: internacionalizó su rareza, que es mucho más difícil.
7. Porque supo desaparecer antes de decir adiós.
Tras The next day (2013), Bowie se retiró del foco durante años: sin giras, sin entrevistas, sin necesidad de estar presente para seguir siendo relevante. Ese silencio —voluntario y estratégico— preparó el terreno para Blackstar, un regreso final tan medido como definitivo. Bowie demostró que no todo artista tiene que estar disponible siempre… y que incluso la despedida puede planificarse como una obra de arte.
8. Porque cuidó su final como una obra más.
Blackstar no fue un accidente ni una despedida improvisada. Fue un ejercicio consciente de control artístico, algo tan bello como perturbador.
9. Porque influyó a todo el mundo (incluso a quien no lo admite).
Desde Madonna a Lady Gaga, de Arcade Fire a Radiohead, de Nine Inch Nails a Blur. Bowie está en todas partes, aunque no siempre aparezca en los créditos.
10. Porque nadie ha ocupado su lugar.
Y esta es la razón definitiva. No es que no haya grandes artistas hoy; es que no hay nadie que combine música, estética, inteligencia, riesgo y visión cultural como él lo hacía. Bowie no dejó herederos: dejó un vacío.
David Bowie no es solo un recuerdo ilustre: es una ausencia activa. Se le echa de menos cada vez que un disco juega sobre seguro, cada vez que una estrella confunde provocación con ruido, cada vez que el pop olvida que puede ser arte sin pedir perdón. Bowie no fue eterno, pero dejó algo mejor: una obra que sigue hablando en presente. Y eso, en música, es lo más parecido a la inmortalidad.












