¿Por qué hay tantas gaviotas en Madrid si no hay mar?
La capital se ha convertido en un imán para estas aves marinas gracias a la comida fácil, los vertederos y los embalses que rodean la ciudad.

Las gaviotas son habituales en las ciudades costeras. / Luis Diaz Devesa
Ya lo cantaban The Refrescos a finales de los años 80: "Aquí no hay playa". Y sin embargo, en Madrid las gaviotas se están multiplicando, en un fenómeno que ha empezado a llamar la atención de los ciudadanos. ¿Por qué hay tantas gaviotas en la capital de España, si no hay mar?
Aunque pueda parecer extraño, la explicación es bastante sencilla: comida, agua y tranquilidad. La especie más habitual en Madrid es la gaviota reidora, un ave muy adaptable que no tiene problemas en alejarse de la costa si encuentra lo que necesita para sobrevivir. Y en una gran ciudad como la capital de España lo encuentra, y de sobra.
Estos animales comen prácticamente cualquier resto orgánico
Las gaviotas son animales oportunistas y generalistas. Eso significa que comen prácticamente cualquier resto orgánico que tengan a mano. Vertederos, contenedores, zonas industriales o áreas con mucha actividad humana se convierten en auténticos bufés libres. De hecho, es habitual verlas sobrevolando la ciudad en grandes grupos por la mañana camino del vertedero municipal, y regresando por la tarde hacia zonas más tranquilas para descansar.
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Embalses y humedales
Ahí entran en juego los embalses y humedales que rodean Madrid. Espacios como los embalses de la cuenca alta del Manzanares, el lago de la Casa de Campo, Madrid Río o lagunas artificiales ofrecen a las gaviotas un lugar perfecto para pasar la noche, moverse con calma y, en muchos casos, invernar. No necesitan olas ni arena: les basta con láminas de agua seguras y algo de alimento cerca.

Las gaviotas se han multiplicado en Madrid. / Mark Gerum

Las gaviotas se han multiplicado en Madrid. / Mark Gerum
Además de la gaviota reidora, en Madrid también se ven gaviotas sombrías y, de forma más ocasional, especies menos comunes como la patiamarilla o la argéntea, habituales del litoral. La ciudad, aunque esté a más de 300 kilómetros del mar, reúne muchas de las condiciones que estas aves buscan hoy en día.
Este aumento de gaviotas también tiene que ver con cómo hemos transformado el territorio. La abundancia de residuos, la alteración de los ecosistemas costeros y el cambio climático están empujando a muchas especies a explorar nuevos espacios. Madrid, con su mezcla de agua, comida fácil y ausencia de depredadores, resulta sorprendentemente atractiva.
Así que no, no es que Madrid haya logrado por fin ser puerto de mar. Pero sí se ha convertido en una parada habitual para unas aves que ya no entienden de fronteras entre lo urbano y lo natural. Y mientras sigamos generando restos y modificando el entorno, el sonido de las gaviotas seguirá formando parte del paisaje sonoro de la capital.












