La Patagonia argentina arde estos días a un ritmo endiablado. Más de 21.000 hectáreas de bosques y plantaciones han sido ya pasto de las llamas, en una de las peores oleadas de incendios que se recuerdan en el país, donde en esta época del año se encuentran en pleno verano.
Los fuegos se han extendido por varias provincias del sur del país (Chubut, Río Negro, Neuquén y Santa Cruz) en un contexto de sequía prolongada, altas temperaturas y fuertes vientos. La situación más grave se vive en la zona del lago Epuyén y en el Parque Nacional Los Alerces, donde el avance de las llamas ha obligado a evacuar a decenas de familias y ha provocado heridos graves entre brigadistas y voluntarios. Aunque las lluvias recientes han permitido controlar parte de los focos, el balance ambiental es devastador.
Bomberos forestales argentinos trabajan para combatir los incendios. / Anadolu
Bomberos forestales argentinos trabajan para combatir los incendios. / Anadolu
Más allá de las condiciones climáticas, organizaciones ecologistas y comunidades locales señalan de forma clara la responsabilidad política del Gobierno de Javier Milei. Desde su llegada al poder, el Ejecutivo ultraliberal ha aplicado un fuerte ajuste presupuestario que ha afectado de lleno al Servicio Nacional de Manejo del Fuego, encargado tanto de la prevención como del combate de incendios forestales. Según datos de entidades ambientales, en los últimos dos años el presupuesto destinado a este organismo ha sufrido un recorte real cercano al 70%, además de una subejecución de los fondos ya aprobados.
A ello se suma el discurso negacionista del propio Milei respecto al cambio climático, una postura que, para muchos expertos, debilita la planificación y la anticipación ante fenómenos extremos cada vez más frecuentes. Mientras el presidente elogiaba en redes sociales el “heroísmo” de bomberos y brigadistas, estos denunciaban salarios de pobreza, falta de medios y retrasos en los pagos, en una contradicción que ha generado una fuerte indignación social.
¿El Mosad sobre el terreno?
En este contexto de crisis y desconfianza, también han proliferado los bulos. En los últimos días ha circulado con fuerza la teoría de que los incendios habrían sido provocados por agentes del Mosad israelí, supuestamente disfrazados de turistas y actuando con la connivencia del Gobierno argentino para recalificar terrenos. Hoy por hoy, no existe ninguna prueba que sostenga esta acusación. De hecho, la fiscalía que investiga el origen de los fuegos ha descartado por completo esa hipótesis y ha señalado que no guarda relación alguna con la realidad de los hechos.
La ley prohíbe durante décadas cualquier cambio de uso del suelo
Sí se investiga la más que probable intencionalidad humana en un buen número focos, pero sin imputados ni vínculos con Israel. Además, sigue vigente la Ley de Manejo del Fuego, que prohíbe durante décadas cualquier cambio de uso del suelo en zonas incendiadas, lo que desmiente la idea de un beneficio inmobiliario inmediato.
Los incendios de la Patagonia revelan así una combinación peligrosa: emergencia climática, debilitamiento deliberado de las políticas públicas y un caldo de cultivo perfecto para la desinformación. Frente al fuego real, las respuestas simplistas y los rumores no hacen sino añadir más humo a una tragedia que tiene causas mucho más terrenales y responsabilidades políticas difíciles de esquivar.