Los más ricos ya se han pasado de emisiones… y el año no ha hecho más que empezar

Mientras la mayoría apenas empieza a contar los días de 2026, el 1% más rico del planeta ya ha gastado todo el CO2 que "le tocaba" para no agravar la crisis climática.

Los superricos contaminan (mucho) más. / Jonathan Kitchen

El calendario apenas ha pasado de la primera quincena del año y ya hay quien vive, climáticamente hablando, en números rojos. Según un nuevo análisis de Oxfam Intermón, el 1% más rico del planeta ha agotado en solo diez días el "presupuesto anual" de emisiones de carbono compatible con limitar el calentamiento global a 1,5 ºC. Y el dato es todavía más llamativo si se mira a la cúspide: el 0,1% más rico se pasó de ese límite el pasado 3 de enero.

Para entenderlo de forma sencilla: si todas las personas del mundo emitiéramos CO2 al mismo ritmo, ese sería el margen máximo anual para no empujar el clima hacia escenarios más extremos. El problema es que no todos contaminamos igual. Ni de lejos. Hay una minoría con un impacto desproporcionado que consume en días lo que a la mayoría debería durarnos todo el año.

En España, más de lo mismo

Este patrón también se repite en España. Si nada cambia, el 1% con mayor riqueza habrá agotado su cupo de emisiones alrededor del 16 de enero. El 0,1% ya lo hizo el día 4. Por eso Oxfam ha bautizado estas fechas como el Pollutocrat Day, una forma de señalar que la crisis climática no es solo un problema ambiental, sino también de desigualdad.

Los números ayudan a ponerlo en contexto. En 2022, una persona del 1% más rico emitió casi 15 veces más carbono que alguien de la mitad más pobre de la población mundial. En España, la brecha es aún más obscena: una persona del 0,1% más rico generó 55 veces más emisiones que alguien del 50% con menos recursos. Y hay ejemplos difíciles de ignorar: el uso de jets privados y yates de lujo por parte de multimillonarios europeos en apenas una semana equivale a las emisiones que una persona muy pobre genera a lo largo de toda su vida.

Los jets privados son parte del problema. / Ronnie Kaufman

A esto se suma un factor menos visible, pero clave: las inversiones. De media, cada multimillonario tiene participaciones en empresas que generan cerca de dos millones de toneladas de CO₂ al año. Es decir, no solo contaminan por cómo viven, sino también por dónde colocan su dinero. Y además concentran poder. En la última Cumbre del Clima celebrada en Brasil, los representantes de lobbies de combustibles fósiles superaron en número a casi todas las delegaciones nacionales.

Oxfam apuesta por aumentar los impuestos a las grandes fortunas

Las consecuencias de este desequilibrio no son abstractas. Oxfam estima que décadas de sobreconsumo de emisiones están provocando pérdidas económicas enormes en los países más pobres y que las emisiones de un solo año del 1% más rico podrían causar más de un millón de muertes relacionadas con el calor antes de que termine el siglo.

¿Qué hacer ante esto? La ONG lo tiene claro: repartir de forma justa el esfuerzo climático. Eso pasa por exigir reducciones drásticas de emisiones a quienes más contaminan, aumentar los impuestos a las grandes fortunas, gravar los beneficios extraordinarios de las empresas fósiles y eliminar subsidios al petróleo, el gas y el carbón. No es una cuestión de castigo, sino de responsabilidad.

Porque mientras la mayoría intenta llegar a fin de mes y reducir su huella como puede, hay quien ya ha consumido en diez días lo que al planeta le debería durar todo un año. Y ese, más que un problema técnico, es un problema político y social.