Veinticinco años de la marcha de Jason Newsted de Metallica: la salida del bajista que sostuvo el imperio del metal

Grabó los discos más populares de la banda de heavy rock

Metallica, en 1986, con Jason Newsted vistiendo camiseta negra.

Metallica no pierde miembros: los expulsa el peso de su propia leyenda. Y Jason Newsted lo comprobó de primera mano. Se cumplen ahora veinticinco años de su salida del grupo —enero de 2001— y el aniversario invita a revisar una historia que mezcla tragedia fundacional, resistencia psicológica, toneladas de decibelios y un bajista condenado a tocar siempre con el fantasma de otro sobre el hombro. Porque Newsted no llegó a Metallica para ocupar un puesto cualquiera: llegó para sustituir a Cliff Burton, fallecido en septiembre de 1986 en un accidente de autobús durante la gira europea de Master of puppets, cuando el vehículo volcó en una carretera helada de Suecia. Aquello no fue un simple cambio de formación. Fue una herida abierta en la biografía del grupo.

Jason Newsted entró oficialmente en Metallica en octubre de 1986, tras una serie de audiciones casi militares. Venía de Flotsam and Jetsam, banda thrash de Arizona, con técnica sólida, actitud trabajadora y una energía desbordante. Tenía 23 años y un problema inmediato: no era Cliff Burton. No tenía el aura mística, ni el perfil de músico “clásico” que Burton había aportado al grupo. Pero sí tenía hambre, disciplina y una voluntad de hierro. Su debut discográfico con Metallica fue …And justice for all (1988), uno de los discos más celebrados del thrash metal, con clásicos como “One”, “Blackened” o “Harvester of Sorrow”. El detalle incómodo: el bajo prácticamente no se escucha. Durante años se convirtió en meme antes de que existieran los memes. Lars Ulrich y James Hetfield priorizaron guitarras y batería en la mezcla final, y Newsted quedó enterrado en el subsuelo sonoro del álbum. Un bautismo duro para cualquiera.

Aun así, Jason aguantó. Y no solo aguantó: se convirtió en el músculo escénico del grupo. En directo era el más hiperactivo, el que corría, gritaba, animaba al público y sostenía los coros con una potencia casi punk. Su papel fue clave en el periodo de mayor explosión comercial de Metallica. Estuvo presente en Metallica (1991), el famoso “Black Album”, que ha vendido más de 30 millones de copias en todo el mundo y convirtió al grupo en superestrella planetaria gracias a canciones como “Enter Sandman”, “Nothing Else Matters” o “The Unforgiven”. También grabó Load (1996) y Reload (1997), discos polémicos entre los fans más puristas pero con cifras comerciales enormes y singles como “Until It Sleeps”, “King Nothing”, “Fuel” o “The Memory Remains”. Y participó en proyectos clave como Garage Inc. (1998), el álbum de versiones, y S&M (1999), el histórico directo con la Orquesta Sinfónica de San Francisco.

Pero mientras Metallica se hacía más grande, Newsted se sentía más pequeño dentro del engranaje. El grupo funcionaba como una maquinaria jerárquica dominada por Hetfield y Ulrich. Jason, durante años, fue “el nuevo”, aunque llevara una década en la banda. En entrevistas posteriores ha contado episodios de humillación interna, bromas pesadas y decisiones tomadas sin contar con él. El punto de ruptura llegó cuando quiso desarrollar un proyecto paralelo, Echobrain, una banda alternativa que le permitía explorar otros registros musicales. James Hetfield se opuso frontalmente, argumentando que Metallica debía ser la prioridad absoluta. Para Newsted fue la gota final.

A esto se sumaban problemas físicos serios. El bajista sufría daños auditivos, dolores crónicos de cuello y hombros y secuelas de años de giras salvajes. En enero de 2001 anunció oficialmente su salida. En su comunicado habló de “razones personales y privadas”, pero con el tiempo quedó claro que se trataba de desgaste emocional, agotamiento físico y falta de espacio creativo. Metallica entró poco después en su etapa más turbulenta, documentada en Some kind of monster (2004), con terapias de grupo incluidas y la salida temporal de Hetfield a rehabilitación. Newsted, por cierto, no aparece en ese documental: ya había escapado del manicomio antes de que cerraran la puerta.

Tras su marcha, Jason reconstruyó su carrera lejos del foco principal. Tocó con Voivod, formó Newsted (su propio proyecto heavy), colaboró con artistas diversos y, sobre todo, recuperó algo básico: el control sobre su tiempo y su música. Mientras tanto, Metallica fichó a Robert Trujillo, cerrando definitivamente la etapa Newsted.

Su figura ha ganado peso histórico. Ya no es “el bajista que vino después de Cliff”, sino el hombre que sostuvo a Metallica durante su etapa más comercial, más mediática y más agotadora. El que puso el cuerpo cuando la banda se convirtió en una multinacional del metal. El que cantó, sudó y giró sin parar mientras su bajo apenas se oía en el disco más técnico del grupo. Y el que tuvo el valor de marcharse cuando entendió que quedarse significaba desaparecer por dentro.

Porque en Metallica se entra para hacer historia. Pero a veces, para sobrevivir, hay que saber salir. Y Jason Newsted lo hizo justo a tiempo.