El problema no es que GTA 6 vaya a costar 100 euros. El problema es que el resto cueste 80
Mientras los precios suben, comprar de lanzamiento parece convertirse en la peor decisión.

GTA VI
Durante años hubo una pregunta que se repetía en cualquier conversación “entre gamers”: ¿merece la pena pagar 60 euros por este juego?. Hoy, esa cifra suena casi entrañable. La pregunta ha cambiado y ahora suele ir acompañada de una ceja levantada: ¿en serio esto cuesta 80 euros?
Y lo que viene puede ser todavía más intenso. Porque mientras se rumorea que Grand Theft Auto VI podría llegar a costar alrededor de 100 euros, otros títulos como Nioh 3 ya están aterrizando a 80 euros de salida, sin descuentos, sin ediciones especiales llamativas y, lo más curioso, sin generar ese mismo debate.
Y ahí está la clave del asunto.
LOS40
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GTA 6 y el precio de ser un acontecimiento
Hablar de GTA 6 no es hablar de un videojuego cualquiera. Es hablar de uno de esos lanzamientos que trascienden la industria y se convierten en conversación global. Un título capaz de dominar Twitch, YouTube y redes sociales durante semanas, incluso antes de ponerse a la venta.
Por eso, si Rockstar decidiera fijar su precio en los 100 euros, la reacción sería previsible: quejas, memes, indignación en redes… y aun así, millones de jugadores pasando por caja. No porque sea barato, sino porque la sensación general sería que se está pagando algo más que un juego. Se paga el tamaño del mundo, el nivel técnico, los años de desarrollo y la experiencia de formar parte de un momento histórico para el medio en tiempo real
Con GTA 6, el precio alto no resulta cómodo, pero sí comprensible y, pasado el momento del meme, todo el mundo comprenderá que una producción de ese calibre puede ser la primera que pida al consumidor las tres cifras.
El verdadero debate: cuando los 80 euros se convierten en rutina
El problema llega cuando ese precio deja de ser excepcional y empieza a convertirse en costumbre. Los 80 euros se están normalizando y ya no solo para los grandes eventos, sino para lanzamientos que, sin ser menores, tampoco aspiran a redefinir la industria.
Juegos como Nioh 3 llegan a ese rango de precio ofreciendo una experiencia sólida, bien construida y dirigida a un público muy concreto. Pero no prometen mundos infinitos, ni una década de soporte, ni una revolución técnica. Y aun así, su precio de salida está tocando un techo difícil de comprender.
La industria tiene razones de peso para justificar esta subida. Desarrollar videojuegos es cada vez más caro, los equipos son más grandes, la tecnología exige más recursos y los plazos se alargan. Todo eso es cierto y forma parte de una realidad que no se puede ignorar.
Sin embargo, también es cierto que cada vez es más habitual encontrarse con parches desde el primer día, contenidos adicionales de pago y ediciones “definitivas” que llegan pocos meses después.
Al final, esos 80 euros parecen una multa para el fan, que pagará más dinero de salida por un producto que no siempre parece cerrado del todo. La opción de esperar un añito y sacarlo por 39,90 siempre va a estar ahí; algo que el comprador ‘day one’ se puede tomar también como una pequeña falta de respeto. Y eso es especialmente dañino, porque rompe una de las relaciones más delicadas de la industria: la que existe entre el estudio y su comunidad más fiel. El mensaje implícito parece claro: si esperas, ganas; si apoyas desde el primer día, pierdes. No en cariño por el juego, sino en valor por tu dinero.
No es una cuestión de calidad. NiOh 3 será un juego excelente (soy fan de Team Ninja desde hace años y sé que lo disfrutaré), pero el jugador empieza a sentir que paga el precio completo para recibir la experiencia completa más adelante, con algún pago futuro pendiente y una rebaja descomunal a menos de un año vista. Y todo por ser fan.
Dicho esto, también conviene ser honestos. Hay juegos que, con el paso de las horas, hacen que el debate del precio desaparezca por completo. Después de decenas —o cientos— de horas en Elden Ring, los 80 euros no solo dejan de doler: llegan a parecer baratos. Un juego excelente, casi eterno, con posibilidades de ser jugado decenas de veces y que ha permanecido inalterado hasta recibir una expansión que podría haberse lanzado como juego completo sin problema alguno. Y ese es precisamente el punto: cuando el valor está ahí, el precio deja de ser el centro de la conversación.

Imagen ingame de Elden Ring Shadow of the Erdtree

Imagen ingame de Elden Ring Shadow of the Erdtree
El resultado de todo esto es un jugador cada vez más paciente, más frío y menos impulsivo. Uno que ya no siente urgencia por estar el primero, porque sabe que la mejor versión del juego —y el mejor precio— llegará más adelante. Y cuando el entusiasmo se sustituye por cálculo, algo se empieza a romper.
Entonces, ¿dónde está el límite?
La gran pregunta no es si un videojuego puede costar 100 euros. La pregunta real es qué se ofrece a cambio. Si GTA 6 llega a ese precio y cumple con lo que promete, probablemente marque un antes y un después. El problema aparece cuando otros títulos empiezan a cobrar (casi) como si fueran GTA 6 sin ofrecer una experiencia comparable.
Pagar más no es el problema. El problema es pagar más sin sentir que lo vale. GTA 6 puede permitirse romper el techo del precio porque juega en otra liga en términos de producción. El resto debería pensarse dos veces llegar a los 80 y, si van a por ellos, no hacerlo como un farol de 6 meses, porque en una industria con más alternativas que nunca, la confianza del jugador es un recurso tan valioso como frágil.
Nota: Nioh 3 se menciona en este artículo únicamente como ejemplo dentro del debate sobre el precio de lanzamiento de los videojuegos. La calidad del juego o el trabajo de Team Ninja no están en cuestión.
Luis J. Merino
Técnico de sonido, melómano y amante de los dos pilares fundamentales del entretenimiento: cómic y videojuegos....












