Björk, M.I.A. y otras artistas silenciadas por motivos políticos
Censuras, vetos y presiones políticas que han intentado apagar la voz de músicos y creadores

Björk, recogiendo el premio Artista del Año. / Jason Kempin
Durante décadas, la industria musical ha proyectado una imagen de libertad creativa y diversidad cultural. Sin embargo, detrás de los escenarios y las campañas promocionales, numerosas artistas han enfrentado presiones, censuras y vetos por motivos políticos. Entre ellas destacan Björk y M.I.A., dos figuras que, desde lugares muy distintos, han experimentado cómo la expresión artística puede convertirse en un terreno incómodo para gobiernos, corporaciones y audiencias polarizadas.
Björk, icono islandés de la experimentación sonora, ha sido históricamente una defensora de causas ambientales y de la autodeterminación de los pueblos. Su apoyo público a la independencia del Tíbet durante un concierto en Shanghái en 2008 provocó una reacción inmediata del gobierno chino, que endureció las restricciones a artistas extranjeros. Aunque Björk nunca ha dejado de posicionarse, aquel episodio marcó un precedente sobre los límites de la disidencia en escenarios internacionales. Su caso ilustra cómo incluso figuras consolidadas pueden enfrentar represalias cuando sus mensajes chocan con intereses geopolíticos.
M.I.A., por su parte, ha vivido un silenciamiento más directo y persistente. De origen tamil y criada entre Sri Lanka y Reino Unido, su obra siempre ha estado atravesada por la denuncia de la violencia estatal y la diáspora. Canciones como Paper Planes la catapultaron a la fama global, pero también la situaron bajo el escrutinio de medios y autoridades. Su crítica al gobierno estadounidense y su defensa de los derechos tamiles le valieron campañas de desprestigio, cancelaciones de actuaciones y un trato desigual en plataformas y festivales. M.I.A. ha denunciado repetidamente que la industria prefiere artistas “seguros”, evitando a quienes incomodan con discursos políticos complejos.
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Otros nombres que también sufrieron la cancelación política
Más allá de estos nombres, la lista de artistas silenciadas es extensa. El colectivo ruso Pussy Riot fue encarcelado tras una protesta musical contra Vladimir Putin en una catedral de Moscú, convirtiéndose en símbolo de la represión artística. La cantante irano-estadounidense Googoosh, icono del pop persa, fue silenciada durante más de dos décadas tras la Revolución Islámica de 1979, que prohibió a las mujeres cantar en público en Irán.
El patrón es claro: cuando las artistas utilizan su plataforma para cuestionar estructuras de poder, su visibilidad se vuelve negociable. La música, lejos de ser un espacio neutral, sigue siendo un campo de batalla simbólico donde la libertad de expresión se disputa cada día. Y aunque Björk, M.I.A. y tantas otras continúan creando, su trayectoria recuerda que la valentía artística aún tiene un precio.












