Veinticinco años de ‘Sin enchufe’: cuando M-Clan desenchufó el amplificador… y se enchufó a la historia
Este álbum en directo contenía ‘Carolina’ y ‘Maggie despierta’, que llegaron al Nº1 de LOS40
Carlos Tarque, de M-Clan, en el concierto de 40º aniversario de LOS40 en el estadio Vicente Calderón de Madrid, en junio de 2006.
Hay discos que suenan a “recital íntimo” y otros que, aun bajando el volumen, te ponen el local patas arriba. Hace veinticinco años, M-Clan publicó Sin enchufe, y aunque el título sugería austeridad, por el escenario llegaron a pasar hasta quince músicos entre vientos, coros, cuerda y percusión. El concepto: coger un repertorio ya curtido en carretera, cambiarle el traje —nuevos arreglos— y demostrar que, en el rock español, también se puede seducir sin necesidad de subir el potenciómetro al 11. Y sí: “sin enchufe” era más una declaración estética que una renuncia a la épica.
Para entender por qué el álbum cayó en el momento justo, hay que mirar el estado de forma del grupo: venían de Usar y tirar, el disco que les abrió de par en par la puerta grande del mercado (en 2000 se hablaba ya de 100.000 copias vendidas). Ese impulso explica que Sin enchufe no fuese tanto un capricho “para fans” como una manera de dar brillo al cancionero. La producción volvió a estar en manos de Alejo Stivel (excantante de Tequila, con mano para el rock con brillo y cintura).
Lo grabaron en la provincia de Madrid, en los estudios El Álamo, con un planteamiento que mezclaba repaso y novedad: el disco incluía ocho canciones nuevas —seis propias y dos versiones— y además rescataba temas del catálogo con arreglos renovados. En esas nuevas estaba la pieza clave del relato: “Carolina”, primer single, y probablemente la canción de autoría propia más reconocible de M-Clan para el gran público. “Carolina” llegó hasta el número uno de la lista de LOS40 el 31 de marzo de aquel 2001.
El álbum contiene versiones como “Maggie despierta” (“Maggie May”, de Rod Stewart), que también se situó en los más alto de nuestra lista —el 14 de julio— o “Todo negro” (“Paint it black”, de The Rolling Stones), esta última guiñando a la adaptación sesentera de Los Salvajes. Y alrededor, el repertorio revisitado: canciones como “Vuelve”, “Perdido en la ciudad” y, cómo no, la imprescindible “Llamando a la tierra”, adaptación en castellano de “Serenade”, de Steve Miller Band
Aquella formación llevaba, entre otros, a Santiago Campillo, guitarrista clave en la etapa clásica del grupo, y Sin enchufe quedó como una de las últimas grandes postales antes de que su camino se separase tras la gira de aquel álbum. Su puesto lo ocupó un ilustre del rock español: Carlos Raya, exguitarrista de heavy en los ochenta con Sangre Azul, y colaborador de Quique González y Fito Cabrales, entre otros muchos.
Los números ayudan a situar la repercusión del disco: alcanzó cifras de de superventas en España (en su momento se llegó a hablar de unas 150.000 copias). No es poca cosa para un álbum acústico/en directo en plena transición de milenio, cuando el mercado empezaba a cambiar de piel. Sin enchufe sigue siendo el documento perfecto de un M-Clan que ya había demostrado músculo eléctrico, pero que supo ganar por KO también cuando, en teoría, tocaba boxear sin guantes… y sin enchufe.
Después de Sin enchufe, M-Clan siguió su camino, avanzando gradualmente hacia un liderazgo compartido por Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez. Se mantuvo en la primera división del rock nacional alternando discos y carretera (su hábitat natural), con un catálogo que fue virando desde el clasicismo más sureño hacia un sonido cada vez más asentado y de oficio, y con Tarque ganando además identidad propia fuera de la marca con su aventura en solitario, lo que, lejos de desactivar al grupo, terminó reforzando la idea de M-Clan como banda de largo recorrido, de las que no dependen de una moda ni de un single puntual para seguir llenando recintos.