Sen Senra convierte el Movistar Arena en un ritual emocional para cerrar su trilogía 'PO2054AZ'
Una noche clave en la carrera del artista

Sen Senra / Europa Press News
Lo de Sen Senra en el Movistar Arena no fue un concierto. Fue un viaje. Una despedida. Una ceremonia. La Última Misa con la que el gallego puso punto final a PO2054AZ, su ambiciosa trilogía discográfica, se vivió como una obra completa donde música, narrativa y emoción caminaron de la mano durante más de dos horas.
Todo arrancó desde el origen. Literalmente. Un vídeo de su infancia, con la voz de su abuela como hilo conductor, daba paso al título de la trilogía proyectado en grande. Y a partir de ahí, empezó el relato. "Empieza a soñar", decía el mensaje, mientras sonaba No quiero ser cantante y cinco figuras acompañaban a Sen sobre el escenario entre fuego, pantallas y una estética que ayudaba a entender que aquello iba de identidad, de transformación y de memoria.

Sen Senra en el Movistar Arena / Europa Press News

Sen Senra en el Movistar Arena / Europa Press News
El primer bloque fue energía, carisma y presencia. Con temas como Está Sexy, Uno de esos gatos o Estaba sucio, el público respondió entregado, cantando cada verso. Pero también hubo espacio para la introspección: Mi norte lo dejó solo en mitad del escenario y Me debes esto convirtió el Arena en una casa blanca con césped, bailarines y un monolito central que marcaba el tono casi espiritual del show.
LOS40
LOS40
Cuando sonó Familia, en versión más desnuda y acústica, el mensaje quedó claro: este proyecto nace de lo íntimo y vuelve siempre a casa.
Antes de cerrar el primer acto, Sen lanzó una frase que resonó fuerte: "Da igual lo que opine la gente", agradeciendo al público por estar en "la última de las misas". Y entonces, cambio total de escenario.
El segundo bloque bajó pulsaciones y acercó al artista al terreno más personal. La casa se transformó en una habitación. Una cama. Una mesita. Y otra vez la voz de su abuela: "A ver cuándo vuelves, Cristian". Desde ahí, tumbado, móvil en mano, Sen desplegó canciones como New Me, Hermosa casualidad, Incondicional o Llorando x 1, construyendo un clima íntimo que conectó directamente con el corazón del público.
El momento más explosivo llegó cuando confesó haber llorado "por las calles de Galicia… pero de alegría", dando paso a un tramo más electrónico que hizo saltar a todo el Arena sin excepción.
El último acto fue pura emoción sin filtros. El escenario mutó de nuevo, esta vez con referencias a pinturas rupestres, y Sen apareció sentado en un sofá con una guitarra que llevaba escrita una frase clave: "Esta máquina mata el olvido". A partir de ahí, el concierto se convirtió en una celebración compartida de toda su trayectoria.

Sen Senra / Europa Press News

Sen Senra / Europa Press News
Canciones como Romeo, Perfecto o No hace falta provocaron uno de los momentos más intensos de la noche, con un público completamente entregado y un Sen visiblemente emocionado, viendo cómo sus canciones ya no le pertenecen solo a él.
Entre tema y tema, dejó reflexiones que resumían el espíritu de PO2054AZ: el camino recorrido, la tristeza, el miedo, la transformación y Galicia como cuna y musa constante. "Me gusta ver el arte como semillas", dijo, antes de recordar que el día que nació "nacieron todas las flores".
El cierre con Hasta el fondo fue el broche perfecto. Sen Senra abandonó el Movistar Arena emocionado, dejando atrás una trilogía que no solo ha marcado su carrera, sino que ha construido un universo propio donde lo personal se vuelve colectivo.
Una misa. Un final. Y, seguramente, el comienzo de algo nuevo.












