Cuando Janet Jackson tomó las riendas: 40 años de ‘Control’, el disco que cambió las reglas del pop femenino

A sus 19 años, se zafó del peso de su ilustre apellido y sirvió de inspiración a otras mujeres en la música

Janet Jackson, en una imagen de 1993. / Anthony Barboza

Antes de ser un álbum, Control fue una declaración de independencia. Janet Jackson tenía 19 años, un apellido gigantesco a la espalda y una sensación bastante clara de que su carrera estaba siendo dirigida por demasiadas manos ajenas. Así que decidió hacer algo tan simple y tan revolucionario como tomar las riendas. El resultado, publicado el 4 de febrero de 1986, no solo relanzó su carrera: redefinió el pop negro de los ochenta, anticipó el sonido urbano de la década siguiente y colocó a una mujer joven al volante creativo en una industria donde eso no era precisamente habitual. Cuatro décadas después, el título sigue siendo literal y simbólico: Janet tomó el control y no lo soltó.

Musicalmente, el álbum fue una pequeña bomba de relojería bien sincronizada. Janet se alió con los productores Jimmy Jam y Terry Lewis, recién salidos de la órbita de Prince, para construir un sonido que no encajaba en una sola etiqueta. Allí convivían el R&B contemporáneo, el funk musculoso, bases de rap primitivo, sintetizadores agresivos y un tratamiento rítmico casi industrial para los estándares del pop mainstream de la época. Canciones como “Nasty” o “What have you done for me lately” sonaban más duras, más urbanas y más callejeras que lo que solían firmar las estrellas del pop femenino en aquel momento. Y “Control”, el tema que daba título al disco, era directamente un manifiesto bailado: beats secos, líneas de bajo robóticas y una actitud que miraba más al futuro que al pasado. El álbum terminó colocando cinco sencillos en el Top 5 del Billboard Hot 100 —incluyendo “When I think of you”, su primer número uno— y vendiendo más de 10 millones de copias en todo el mundo. Nada mal para alguien que, hasta entonces, era vista poco más que como “la hermana pequeña de Michael”.

Pero el verdadero terremoto estaba fuera del estudio. Control fue el primer disco de Janet realizado sin la tutela directa de su padre, Joe Jackson, ni la supervisión familiar que había marcado sus dos trabajos anteriores. Por primera vez eligió productores, sonido, estética y discurso. No era solo una cuestión artística: era personal. Las letras hablaban de independencia, relaciones tóxicas, autoestima y autonomía femenina con una franqueza poco habitual en el pop adolescente de mediados de los ochenta. Janet no estaba interpretando un papel prefabricado; estaba narrando su propia emancipación. En una industria obsesionada con moldear a sus estrellas, ella se permitió decir: esto lo decido yo. Y esa decisión se notaba en cada golpe de caja, en cada coreografía milimétrica y en cada videoclip donde ya empezaba a construir el lenguaje visual que luego perfeccionaría en los noventa.

Janet Jackson - Control

La influencia de Control fue inmediata y duradera. A partir de ese disco, el modelo de artista femenina pop cambió de forma visible: ya no bastaba con cantar bien o posar para portadas; había que liderar el proyecto. Janet abrió camino para generaciones posteriores que entendieron que el control creativo no era un lujo, sino una necesidad. Sin Control cuesta imaginar carreras como las de Madonna en su etapa más autoral, el dominio absoluto de Beyoncé sobre su narrativa artística o el enfoque hipercontrolado de figuras como Rihanna o incluso Britney Spears en sus mejores momentos. El álbum también ayudó a normalizar que las mujeres dominaran territorios sonoros tradicionalmente asociados al poder masculino: beats duros, producción agresiva y mensajes de autoridad sin solicitar validación externa.

Además, Control convirtió a Janet en algo más que una cantante: la transformó en artífice de un estilo. La mezcla de música, baile y estética visual sentó las bases del pop performativo moderno. Sus coreografías pasaron a ser tan importantes como las canciones, sus videoclips marcaron estándares narrativos y su imagen pública combinó glamour con actitud urbana. No era solo entretenimiento: era construcción de marca artística antes de que la palabra “branding” se pusiera de moda en los despachos.

El álbum, hoy, sigue sonando sorprendentemente actual. No por nostalgia, sino porque muchas de sus decisiones estéticas adelantaron tendencias que hoy forman parte del ADN del pop global. Control no fue un golpe de suerte: fue una estrategia artística bien ejecutada, una ruptura generacional dentro de la propia dinastía Jackson y un manual no oficial sobre cómo pasar de promesa a figura central de la industria.

Y quizá ese sea su mayor legado. Más allá de cifras, premios y listas, Control demostró que una mujer joven podía tomar decisiones, equivocarse, acertar y construir su propio relato sin intermediarios familiares ni paternalismos discográficos. Janet Jackson no solo firmó un gran disco: dejó escrito, con ritmo y actitud, que el pop también podía ser territorio de poder femenino. Y eso, cuarenta años después, sigue siendo una lección perfectamente vigente.