Lluvias y más lluvias: ¿Qué pasa cuando el suelo no puede absorber más agua?
Las intensas precipitaciones que han caído (y siguen cayendo) los últimos días han puesto en jaque a buena parte de España, especialmente en Andalucía.

La lluvia no da tregua. / Kryssia Campos
Las impactantes imágenes han abierto todos los telediarios estos días: calles y avenidas convertidas en ríos, agua saliendo de los enchufes y alcantaríllelas que rebosan a chorros. "Brota el agua del suelo", relataba un vecino de la localidad gaditana de Grazalema, un punto en el que, pese a estar acostumbrados a las frecuentes precipitaciones, las lluvias que ha traído la borrasca Leonardo han batido todos los récords.
Ese vecino tiene razón: el suelo, literalmente, ya no puede más. Cuando eso sucede, la lluvia deja de infiltrarse y empieza a desplazarse por la superficie y hacia capas más profundas, aumentando el riesgo de escorrentías, avenidas e inundaciones, con las graves consecuencias que todos conocemos.
¿Y qué pasa en el campo? Los distintos organismos estatales y autonómicos monitorizan casi en tiempo real el contenido hídrico de los suelos forestales, y trabajan para elaborar un mapa que muestra hasta qué punto el terreno está "lleno" de agua. Según el Laboratori Forestal Català, una iniciativa conjunta del CREAF y el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Catalunya (CTFC), la saturación ahora mismo es prácticamente generalizada salvo algunas zonas concretas del sur de Aragón y del norte de Castilla-La Mancha.
LOS40
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Cuando el suelo alcanza ese límite, el exceso de agua (lo que los expertos llaman "agua azul") acaba fluyendo hacia ríos, arroyos y acuíferos. Y no solo mientras llueve: incluso cuando cesen las precipitaciones, el suelo irá liberando poco a poco el agua acumulada, prolongando durante días o semanas el aumento de caudales. Es un proceso natural, pero que se vuelve problemático cuando coincide con episodios de lluvia intensa y continuada.
Cuestión de prevención
Por eso las confederaciones hidrográficas mantienen una vigilancia constante. En cuencas como la del Miño-Sil, donde las aportaciones ya superan en un 20 % la media anual, o la del Tajo, los caudales se controlan en tiempo real mediante estaciones de aforo y sistemas automáticos de información hidrológica. Estos datos permiten activar distintos niveles de alerta y anticipar escenarios con varios días de margen.
Cada vez gana más peso la necesidad de soluciones basadas en la naturaleza
En paralelo, Protección Civil ha activado su Unidad de Valoración de Riesgos, un órgano de coordinación que reúne a AEMET, confederaciones hidrográficas, cuerpos de seguridad y responsables de infraestructuras críticas. La atención sigue puesta especialmente en Andalucía, donde la persistencia de las lluvias incrementa el riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y daños en bienes y servicios.
Más allá de la emergencia inmediata, este tipo de episodios vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural: la ocupación de zonas inundables. Los ríos, recuerdan los expertos, no se desbordan por capricho, sino que reclaman su espacio natural. Frente a la tentación de responder con más hormigón, cada vez gana más peso la necesidad de soluciones basadas en la naturaleza: restaurar riberas, eliminar obstáculos en desuso y devolver al río parte de su llanura de inundación.

Dani Cabezas
Periodista y músico madrileño, fui durante años el responsable de la sección de Música del diario 20...












