Por qué el sexo no es gratuito en ‘Más que rivales’ (‘Heated Rivalry’), aunque lo parezca
La serie gay del momento aterriza por fin en Movistar Plus+
Connor Storrie y Hudson Williams interpretan a Ilya Zozanov y Shane Hollander en 'Más que rivales' / Movistar Plus+
Los primeros capítulos de Más que rivales (Heated Rivalry) ya están disponibles en Movistar Plus+ después de haber arrasado en su mercado principal, al otro lado del Atlántico. La serie aterriza en la plataforma precedida de un éxito rotundo en Estados Unidos y Canadá, donde no solo ha funcionado a nivel de audiencia, sino que se ha convertido en un auténtico fenómeno. Un título de culto para la comunidad LGTBI que, además, ha conquistado a un público femenino fiel a este tipo de historias en las que el amor entre dos hombres y el deseo ocupan un lugar central.
Imagen episódica de 'Más que rivales'
Y es que buena parte de la conversación gira en torno a lo evidente: Más que rivales tiene mucho sexo. Mucho. Escenas explícitas, cuerpos desnudos y una tensión física constante entre sus protagonistas. Tanto es así que la propia Movistar Plus+ ha apoyado gran parte de su promoción en estos momentos, utilizando fragmentos y mensajes que ya forman parte del imaginario de la serie para captar la atención de nuevos suscriptores. Una estrategia que no puede ser más clara: lo provocador vende, y Shane Hollander e Ilya Zozanov, concretamente los actores que interpretan estos personajes, Hudson Williams y Connor Storrie, se han convertido en el principal reclamo de una campaña que juega sin complejos con la física y la química que ambos transmiten dentro y fuera de la pantalla.
A simple vista, podría parecer que la historia se reduce a eso, a una sucesión de encuentros sexuales entre dos jugadores profesionales de hockey atrapados en un romance prohibido. Y los hay. Y son, digamos, estimulantes. Sin embargo, en un contexto de lo audiovisual donde no son pocas las series y películas que utilizan el sexo como mero reclamo —a menudo de forma gratuita y sin verdadero peso narrativo—, la sospecha es comprensible. Pero Más que rivales, que ya ha sido renovada por una segunda temporada, juega, afortunadamente, a otra cosa.
El sexo entre Ilya y Shane no está ahí solo para edulcorar la historia ni para cumplir con una cuota de sexo en pantalla. Es una pieza clave para entender quiénes son, qué les falta y por qué su relación evoluciona como lo hace. Sus encuentros son furtivos, secretos, marcados por la imposibilidad de ser vistos. No pueden permitirse gestos públicos de afecto ni una intimidad emocional que forme parte de lo convencional. Así que se aferran al sexo, en habitaciones de hotel, como única vía para sentirse cerca de alguien, para llenar un vacío que arrastran desde historias personales profundamente solitarias.
Hudson Williams y Connor Storrie son los protagonistas de 'Más que rivales'
El deseo que hay entre los dos se convierte en el propio lenguaje que utilizan, sus códigos. A través del cuerpo construyen un vínculo que no saben —o no se atreven— a verbalizar. Cada encuentro va sumando capas a una relación que empieza siendo puramente física, pero que se va contaminando con otras emociones. Hay celos. Hay dependencia. Y, finalmente, hay amor.
Todo esto sucede mientras la competición lo invade todo. El hockey es el escenario, pero también el sistema que les da identidad y, al mismo tiempo, les arrebata la posibilidad de vivir con libertad. El amor al deporte, la presión profesional, la rivalidad constante y las normas no escritas del vestuario empujan a Ilya y Shane hacia un conflicto inevitable entre lo que sienten y lo que se espera de ellos.
Por eso el sexo en Más que rivales no es gratuito, aunque lo parezca. Es el motor emocional de la historia, el punto de partida de una relación que se construye desde el miedo y el cariño que les falta. Una serie que entiende el deseo como una herramienta narrativa para hablar de identidad, represión y amor en un entorno que no es el idóneo para hablar con libertad sobre tu orientación si eres homosexual. Y quizás ahí esté la clave de su éxito: detrás de todas esas escenas de cama, hay mucho más.