Ana Milán desmenuza ‘Bailando lo quitao’: Habla de envejecer, pintalabios, muerte, aborto o Eurovisión
La vida de Josi que es la vida de muchas mujeres que han vivido al margen de lo establecido

Ana Milán lanza 'Bailando lo quitao', su primera novela. / Imagen de Ana Villarejo cedida por Editorial Planeta
Ana Milán es una de esas mujeres que transmiten seguridad en sí mismas y una gran sensación de libertad por su forma de actuar y pensar. Y sí, la escuchas hablar y se nota que es de esas mujeres que pueden presumir de tener una vida vivida, que no siempre es fácil. Es hipnótica contando historias a viva voz, y lo mismo ocurre cuando las plasma en papel como es el caso de su primera novela: Bailando lo quitao.
Es la historia de Josefa, Josi, una mujer de casi setenta y nueve años que ya no quiere vivir y va recordando escenas de distintas etapas de su vida que demuestran que se adelantó a su tiempo y, aun así, logró ser fiel a sí misma. Una colección de recuerdos a modo de álbum de vivencias que nos ayudan a recorrer unos tiempos en los que ser mujer era todavía más difícil que ahora. Pero ella se resistió a las imposiciones y a lo establecido.
Ana y Josi tienen aspectos en común. “Creo que tiene que ver con la alegría con la que asumimos las consecuencias. Yo soy una gran aceptadora de las consecuencias. Llevo poniéndome el mundo por montera desde que tengo uso de razón. Vivo sola desde los 16 años, he viajado por todo el mundo, me he metido por todos los charcos, me he divorciado dos veces, eso implica haberse casado dos veces que es el doble de fe de lo que debería tener cualquier persona y lo haré una tercera, que es lo peor”, admite.
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“A menudo uno tiene una especie de rigidez por el que dirán. Yo me crie en una casa conservadora, que me permitió equivocarme y siempre me ha parecido de los grandes regalos que me hizo mi madre. Esta cosa de ‘ve y estréllate, que luego estaré yo aquí’ y mi madre que me ha visto estrellarme mucho ha sido una gran cómplice de crimen. Hay mucha libertad en permitir que te equivoques”, reconoce, “cuando te equivocas con permiso te equivocas con más alegría y Josi y yo compartimos la alegría por decidir y qué h*ostia me he dado”.
Portada de la novela de Ana Milán
La novela llega en un formato exquisito, una edición entelada, en rojo brillante y con un minimalismo que poco se corresponde con el barroquismo que impera en Ana Milán y, por tanto, en el interior de esta novela donde cada palabra está medida para ser la perfecta y no dejar nada de paja. “Yo recuerdo el ‘hemos pensado una foto de una chica en una fuente para la portada’ y yo corté y dije, no, no, no, va entelado en rojo”, admite, “hubo un silencio como, guay, ya ha llegado la moderna. Pero me parece que, o luchamos por hacer las cosas un poquito mejor o somos la generación más looser del planeta”.
No pretendía ser comercial. No pretendía más que la honestidad y la emoción. Lo conseguí y me la estoy gozando
El color no es arbitrario ni capricho, es así “porque tiene el rojo casi exacto de mi pintalabios de toda la vida, me lleva acompañando desde los 16. Mi obsesión era pintarme los labios de rojo y creo que nunca he tenido un pintalabios que no sea de ese color y tengo todos los rojos en todas las gamas que te puedas imaginar. Llegaba a las reuniones y decía, ‘ese rojo tiene una base naranja y yo necesito un rojo con base azul’ y me decían, ‘¿de qué coj*nes me estás hablando, Ana?”.
Ha tardado cinco años en escribirla, ya en pandemia estaba con ella, pero reconoce que necesita “escribir con mucha calma. En esta novela hay el doble de borrado que de publicado. He borrado y borrado para dejar solo el latigazo emocional”.
Le daba miedo que no se entendiera, pero la respuesta en redes le demostró que era infundado. Reconoce que ha sido la propia Josi, su personaje, la que le ha dictado la novela. “Me contaba y me contaba. Ayer volví a leer el libro por octava vez y no me gustó mucho. Llamé a un amigo y le dije, ‘no es tan bueno’, y me dijo, ‘puedes dejar de leerlo’. Me gritó y me colgó”, contaba a modo de anécdota. Pero también reconocía que se enganchó tras leerlo por primera vez, “me di cuenta que leyéndolo de que había hecho algo digno, hermoso y, sobre todo, honesto. No pretendía ser comercial. No pretendía más que la honestidad y la emoción. Lo conseguí y me la estoy gozando”.
Es de esas mujeres que no tienen reparos en reconocer lo bueno que hay en ella y compartirlo. Y en esa forma tan directa de hablar reconoce que Josefa le parece un nombre horroroso, pero que su personaje quiso llamarse así.
Otra de las cosas que tenía claras era el título, Bailando lo quitao. “Estaba el título y no sabía quién era Josefa”, reconoce. Fruto de su dislexia y el cambio que le dio a una frase ya hecha.
Documentación oral
Las distintas épocas están muy bien documentadas y no por vividas, sino porque Ana reconoce que le gusta mucho preguntar y que le cuenten historias y anécdotas. Fueron Pilar Bardem y Beatriz Carvajal las que le contaron que María Asquerino tenía una mesa reservada en el Bocaccio. También Amparo Baró le contó detalles de aquellas reuniones de la época en la que se reunían con José Luis Balvin.
“Pero no solamente están las Pilar Bardem y Amparo Baró, está la hermana de la madre de mi amiga Susana, la tía de mi amigo Carlos. He ido pidiendo, durante años, a todo el mundo, que me contara las mejores historias de su casa y me he hinchado y hay millones mezcladas”, admite.
Me parece que es todo un ejercicio de crueldad observar cómo tu cara cambia sin que puedas hacer nada.
Entre esas historias, aunque no la recoge el libro, está la de sus padres que emigraron a Sttutgart y su último año de contrato allí mandaron a sus hijos a España porque se les estaba olvidando el idioma. Fue cuando su hermana Maribel se puso muy mala y su abuela llamó a su madre para decirle que se moría. Emprendió el viaje de vuelta y tenía que llegar Villena, pero el tren no paraba y el maquinista le dijo que podía aminorar la marcha a su paso por ese pueblo para que saltase y su madre accedió. “Esto es mucho más heroico que lo que Von der Leyen podrá hacer nunca”, reivindica, “y sin embargo se pierde y se diluye y se queda y si no se cuenta se muere y deja de existir”.
El paso del tiempo para Ana Milán
A lo largo de la novela vemos cómo transcurre la vida de Josi que ya está en su final. Envejecer es un tema que se plasma con fuerza, “me parece una de las grandes tragedias, me parece que está mal hecho, me parece que Dios hizo el mundo en siete días y se nota. ¿Le puedes prestar un poco de atención también a esto? Está muy bien tener las tetas en su sitio y la piel estirada a los 15, pero particularmente, yo a los 50, lo necesito más que respirar. Me parece que es todo un ejercicio de crueldad observar cómo tu cara cambia sin que puedas hacer nada”.
“Me parece una injusticia emocional, no tiene que ver con el ego. Tú miras a Pino Montes de Oca y no puede ser más guapa y tiene 70. No estoy hablando de belleza, sino de que cuando eres joven no sabes que vas a ser vieja, lo sabes intelectualmente, pero no tienes ni p*ta idea de que a la vuelta de la esquina el ojo se cae, la pestaña se acorta, pero, ¿por qué se acorta? ¿por qué no me puedes dar keratina hasta que me muera? Me indigna, me enfada y me pone mal”, añade vehementemente.
No hay nada que te conecte más con la vida que la conciencia de que te vas a morir.
Además, señala que no le parecen mal los retoques estéticos para mejorar. “¿Por qué se puede poner alguien con un culo estupendo un tanga en la playa a los 20 y no te puedes hacer algo estupendo en la cara? Me parece que es una decisión absolutamente privada donde no se debe entrar. Realmente no se habla del aspecto de la gente y es algo que como sociedad tenemos muy pendiente”, señala argumentando que, si te pinchas mal y si no lo haces, también mal. Si te tiñes, bien, y si no, ¿por qué te dejas las canas? y así sucesivamente, así que, según ella, lo mejor es que cada uno haga lo que quiera.
Para ella ya es suficiente saber que viene la muerte y esto se acaba y está convencida de que cuando cumples los 50 tomas conciencia por primera vez de que ya no eres joven. Ella, ya tiene 52.
Enfrentarse a la muerte
Y no tiene que ver con el miedo a la muerte, todo lo contrario, Ana tiene claro que “no hay nada que te conecte más con la vida que la conciencia de que te vas a morir”.
Reconoce que uno de sus grandes placeres era levantarse por la mañana y meterse en la cama con su madre donde siempre tenían lugar sus grandes charlas y sus grandes lecciones. “Un día me dijo, ‘¿cuántos años tengo yo, hija?’ –tenía alzheimer y habitualmente se le iba-. En ese momento a lo mejor tenía 78. ‘¿78? ¿Cómo puedo tener 78?’. ‘Pues sí, madre, estamos j*didas, 78 tienes’. Y me dice, ‘¿tú sabes que cuando me estoy despertando y me veo a mí misma con las cosas que tengo que hacer por el día no tengo más de 40? Cada mañana cuando me veo en el espejo, no entiendo nada’. A mí aquello… si tuviera que decir cuál es el germen de este libro, sería esa conversación. A día de hoy me sigue impresionando”, relata convencida de que a ella no le gustaría llegar a los 90.
Eurovisión, presente
Josi trabajaba en RTVE y un punto de inflexión en su carrera y en su forma de vida fue cuando tuvo que vivir desde el medio la retransmisión de Salomé en Eurovisión.
“Todo este contexto me lo ha contado gente que estuvo, la amistad –y se descoj*naban mucho contándomelo- entre Dalí y Fraga, que de pronto, había una camaradería de, ¿en qué momento ha pasado esto? Supongo que las almas se han vendido siempre. Me llamaba mucho la atención y me parecía una metáfora de una belleza brutal que emitiéramos en color, pero que solo nosotros lo viéramos en blanco y negro, ¿no te parece increíble?”, se plantea sobre aquel momento histórico.
“O que llegara un señor y le dijera a esa señora maravillosa, a Laura Valenzuela, vestida con un traje de un gran diseñador, ‘póngase un forro’. Tú eres tonto, ¿no? Había que contarlo. Fue Josi la que quiso trabajar en TVE, yo estaba en contra, me resulta un poco barato, pero ella quería trabajar ahí”.
¿Sois todos libres hablando en redes? Esto tiene que ver con que tu vecino te acuse y te señale, tiene que ver con el insulto fácil, esto tiene que ver con vamos a prohibirle a los niños las redes en lugar de hacer de las redes un sitio seguro donde tú tengas que entrar con un DNI y un nombre.
En ese recuerdo incluye en detalle de que Austria se retiró del festival como postura política en contra del régimen de dictadura que había en un nuestro país. Este año hemos sido nosotros los que nos hemos retirado de Eurovisión. Al final, no han cambiado tanto las cosas.
“Pero cambiará, lo tenemos que conseguir. El problema de lo que estamos viviendo no tiene tanto que ver con que todo siga igual, sino que la pena tiene más que ver con que estamos perdiendo la amabilidad entre nosotros. Durante un tiempo conseguimos ser amables como sociedad entre nosotros. Los vecinos hablaban con los vecinos. Y están consiguiendo algo tremendo: Me aíslo y no cuento nada fuera de mi grupo para no generar una polémica. ¿Sois todos libres hablando en redes? Esto tiene que ver con que tu vecino te acuse y te señale, tiene que ver con el insulto fácil, esto tiene que ver con vamos a prohibirle a los niños las redes en lugar de hacer de las redes un sitio seguro donde tú tengas que entrar con un DNI y un nombre que si no es el tuyo usted no puede decir, ‘usted es una hija de la gran p*ta y deberías estar muerta, que lo sepas’. ¿En qué momento se ha normalizado? ¿En qué momento como sociedad cuando leemos esa barbaridad dicha a alguien no denunciamos todos?”, reflexiona.
Ella confiesa que no tiene haters, pero más que nada porque nunca les contestaría, solo les ignoraría. “Yo no hablo con gente que insulta porque llevo toda mi vida debatiendo. Igual que First Dates ha hecho mucho más por la igualdad que ningún Ministerio, debatir y hablar desde la calma, hace más que cualquier insulto. Yo no quiero de amigos a la gente que insulta”, confirma, “si insultas no vamos a ser amigos y mucho menos novios”.
Quería contar que a pesar de que las mujeres abortamos ninguna que yo conozca lo hace desde la alegría tal y como se acusa desde algunas partes de la sociedad. Incluso cuando abortar es un alivio, abortar es una tristeza.
Y es que la sociedad nos lleva por un camino que nos está haciendo olvidarnos de nuestros propios rituales y no encontramos tiempo para nada. “¿Cuánto tiempo hace que nadie se sienta a escuchar la letra de una canción?”, preguntaba, “la p*ta letra de una canción. Lo hacíamos a los 15 todas. Te sentabas en tu cama y decías, ‘ahhh, mira lo que ha dicho Sabina aquí, qué fuerte’. Eso nos construyó y dejamos de hacerlo, yo no lo entiendo”.
El aborto de Josi
Otro de los momentos de la vida de Josi que más estremecen es ese en el que relata cómo vivió su aborto. El capítulo favorito de la autora.
“Quería contar que a pesar de que las mujeres abortamos ninguna que yo conozca lo hace desde la alegría tal y como se acusa desde algunas partes de la sociedad. Incluso cuando abortar es un alivio, abortar es una tristeza. Y lo quería contar desde ahí, no desde valorar si el aborto debe ser legal o no. De qué me estás hablando. Abortar es un proceso absolutamente traumático, incluso cuando las circunstancias llevan a un alivio, lo quería contar desde el plano emocional”, explica.
Esto es una novela feminista, a su casa viene. Esto no es una novela feminista, a su casa viene. ¿Quién tiene razón? Los dos, ¿qué te libra a ti?
“Quería contar alguien que ejerce el derecho, como que sufre y esto me parece muy importante porque es un proceso feo, doloroso, no es gratuito y habrá gente que lo habrá llevado mejor y otra gente que lo habrá llevado desde el echar de menos algo que no ocurrió”, añade.
Pero que nadie se equivoque porque esta novela no es una reivindicación feminista, aunque ella no lo tenga del todo claro. “Esto es una novela feminista, a su casa viene. Esto no es una novela feminista, a su casa viene. ¿Quién tiene razón? Los dos, ¿qué te libra a ti?”, argumenta.
Todo esto y mucho más dio de sí un desayuno en el Hotel Only You en la calle Barquillo de Madrid, el mismo en el que Josi hizo el amor por última vez. Una casualidad de la que se dio cuenta mientras hablaba. Y es que esta novela tiene muchas últimas veces.

Cristina Zavala
Redactora y guionista de LOS40. Completamente enamorada de la TV. Estudié Periodismo en la UCM mientras...














