Banpresto dos formas de Godzilla diferentes en mi casa y ahora el resto de figuras tienen miedo

La versión clásica y moderna del Kaiju más famoso del mundo se encuentran en mi estantería.

Godzilla en mi estantería / Luis J. Merino

Debería estar científicamente demostrado que una casa con figuras es una casa que funciona mejor. Porque tener una pequeña colección a la vista te recuerda que la vida no va solo de “cosas serias”: también va de reservar un rincón para lo que te hace ilusión. Y aquí viene la parte importante para el desarrollo sano y equilibrado de cualquier adulto funcional: conviene apartar siempre un porcentaje de los ingresos para figuras. No hace falta que sea un porcentaje que asuste a tu banco, pero sí uno lo bastante digno como para que, de vez en cuando, llegue un paquete y tu estantería reciba refuerzos.

Godzilla en mi estantería / Luis J. Merino

Además, las figuras tienen una virtud maravillosa: no solo decoran, también cuentan cosas de ti sin que tengas que explicarlas. Entras en una habitación, ves una balda bien montada y piensas “aquí vive alguien con alma”. En mi caso, esa “alma” se manifiesta en forma de dos Godzillas de Banpresto que ahora mismo están haciendo de seguridad privada de un tomo del manga de GON. Sí, el dinosaurio de GON custodiado por dos iguales. La cadena alimenticia se ha vuelto ornamental, pero funciona. Si alguien intenta tocar el manga, la mirada del Godzilla equivocado te hace reconsiderar tus decisiones vitales.

Godzilla en mi estantería / Luis J. Merino

El primero de los dos es el Godzilla clásico de 1954 de la línea Monsters Roar Attack dentro de la Toho Monster Series, con unos 14 cm que son el tamaño ideal para imponer sin tener que reorganizar la casa entera. Este es el Godzilla original, el que trae el peso de la leyenda, el que no necesita presentaciones.

El segundo es el Godzilla de Minus One en versión Enshrined, que es el Godzilla contemporáneo cuando decide ponerse serio (pero en versión mini). Si el del 54 tiene aura de mito, este tiene aura de “por favor, mantengan la distancia de seguridad”, pero con un tono divertido. El diseño moderno está lleno de textura y mala intención bien esculpida, y eso hace que, con la luz adecuada, la figura gane muchísimo. Es de esas piezas que no necesitan estar en primer plano para hacerse notar. Está ahí, vigilando, y tú lo sabes.

Godzilla en mi estantería / Luis J. Merino

Juntos hacen una combinación preciosa porque representan dos momentos muy distintos del mismo icono. Uno es el origen, el monstruo que marcó un antes y un después. El otro es la versión que te recuerda que Godzilla sigue siendo una fuerza de la naturaleza.

Lo mejor de incorporar figuras a la vida cotidiana es que no hace falta convertir la casa en un museo ni vivir rodeado de vitrinas como si fueras el villano coleccionista de una peli. Basta con meterlas donde ya pasan cosas: al lado de tus mangas, en el escritorio, junto a tus pelis, en esa balda que siempre ha estado pidiendo un poco de narrativa.

Godzilla en mi estantería / Luis J. Merino

Y si la idea es hacerlo bien y con intención, lo más sensato es pasar siempre por Banpresto. No solo por estas dos figuras concretas, sino porque su catálogo está hecho para este tipo de coleccionismo disfrutón: piezas con presencia, que van desde Dragon Ball, hasta Gundam, pasando por Godzilla, Jojo's o Kimetsu no Yaiba. Un escaparate online interminable de belleza visual.

Así que sí: tener figuras es algo bonito en la vida y habría que hacerlo más. Con moderación, con criterio… y con ese pequeño “impuesto personal” que te separas cada mes para seguir alimentando la estantería.

Luis J. Merino

Técnico de sonido, melómano y amante de los dos...