Take That: treinta años del día en que la ‘boy band’ de una generación dijo adiós (por primera vez)

El anuncio causó estragos entre sus fans, aunque el grupo volvió tiempo después

Take That, el día en que anunciaron su separación en rueda de prensa. / Mirrorpix

Hubo un momento en los años noventa en el que el pop británico parecía girar alrededor de cinco jóvenes perfectamente coreografiados, capaces de llenar estadios, dominar las listas de ventas y provocar escenas de histeria colectiva dignas de The Beatles. Take That no solo fueron una boy band más: fueron la boy band de una generación. Formados a comienzos de la década bajo la tutela del mánager Nigel Martin-Smith, Gary Barlow, Mark Owen, Howard Donald, Jason Orange y Robbie Williams encarnaron una fórmula que mezclaba armonías vocales, coreografías milimétricas y una batería de hits que definieron el sonido pop del Reino Unido en la primera mitad de los noventa. Canciones como “Back for good”, “Pray” o “Never forget” los convirtieron en superestrellas internacionales, con cifras millonarias de ventas y un fenómeno fan que desbordaba cualquier previsión.

El éxito fue vertiginoso. Tras sus primeros discos, Take That evolucionaron desde un pop juvenil orientado al baile hacia un repertorio más maduro y emocional, liderado compositivamente por Gary Barlow, cuyo talento como autor se convirtió en el motor creativo del grupo. El álbum Everything changes (1993) y, sobre todo, Nobody else (1995) consolidaron su posición como uno de los actos más importantes del pop europeo. A mediados de la década, eran prácticamente omnipresentes en radio y televisión, acumulando números uno y premios. Pero ese mismo éxito escondía tensiones internas: agendas agotadoras, diferencias personales y la presión constante de vivir bajo el escrutinio público empezaron a pasar factura.

La primera grieta importante llegó con la salida de Robbie Williams en julio de 1995. Su marcha, rodeada de polémica y titulares sensacionalistas, fue un golpe duro para la banda, aunque los cuatro miembros restantes decidieron continuar. Sin embargo, el equilibrio interno ya estaba resentido. Las prioridades creativas divergían, el desgaste emocional era evidente y el modelo de boy band —intenso, altamente planificado— comenzaba a mostrar signos de agotamiento. En ese contexto, el anuncio de la separación llegó pocos meses después, el 13 de febrero de 1996, dejando a millones de fans en estado de shock.

La disolución no fue una filtración ni un rumor prolongado: se comunicó oficialmente a través de una rueda de prensa y un comunicado que intentaba transmitir cordialidad y agradecimiento. Los miembros insistieron en que no existía un conflicto irreparable, sino la necesidad de seguir caminos individuales tras años de trabajo intenso. Gary Barlow declaró entonces que había sido “una decisión muy difícil”, mientras que otros integrantes subrayaron el orgullo por lo logrado juntos. Aun así, la reacción del público fue dramática: medios británicos reportaron líneas telefónicas de ayuda emocional saturadas por jóvenes fans devastadas, un fenómeno que hoy se recuerda como una muestra del impacto sociocultural del grupo.

Take That - Back for Good (Official Video)

El legado inmediato de Take That fue doble. Por un lado, marcó el final simbólico de la era dorada de las boy bands británicas de principios de los noventa; por otro, abrió nuevas etapas para sus miembros. Robbie Williams consolidó una carrera en solitario que acabaría superando en popularidad a la propia banda, con éxitos globales y una reinvención artística constante. Gary Barlow también desarrolló una sólida trayectoria como compositor y artista, mientras que Mark Owen, Howard Donald y Jason Orange exploraron proyectos más discretos.

Sin embargo, como tantas historias del pop, la separación no fue definitiva. Una década después, en 2005, el documental televisivo Take That: For the record reavivó el interés por la banda y sentó las bases para un regreso inesperado. En 2006, Take That volvieron como cuarteto con el álbum Beautiful world, demostrando que la nostalgia podía convivir con una evolución musical adulta. Canciones como “Patience” les devolvieron al número uno y confirmaron que su público original —ya crecido— seguía dispuesto a acompañarlos.

El momento culminante de esta segunda etapa llegó en 2010 con el retorno de Robbie Williams y el lanzamiento de Progress, que se convirtió en uno de los discos más vendidos del siglo XXI en el Reino Unido. Aquella reunión simbolizaba una reconciliación histórica y consolidaba la narrativa de Take That como una banda capaz de reinventarse sin perder identidad. Aunque posteriormente la formación volvió a cambiar —con la salida definitiva de Jason Orange en 2014—, el grupo ha continuado activo en distintas configuraciones, manteniendo un vínculo constante con sus seguidores.

Tres décadas después de aquel anuncio que parecía definitivo, la historia de Take That demuestra que las separaciones en el pop rara vez son el final del relato. Más bien funcionan como capítulos necesarios dentro de una trayectoria marcada por ciclos, reinvenciones y regresos. Su influencia es visible en generaciones posteriores de boy bands, desde Westlife hasta One Direction, que heredaron no solo el modelo comercial, sino también la capacidad de conectar emocionalmente con audiencias masivas.

La separación de 1996 fue, en su momento, un drama colectivo; hoy se percibe como un punto de inflexión que permitió a sus integrantes redefinir sus carreras y a la banda construir un legado más complejo y duradero. Porque si algo enseñó Take That es que el pop, como la vida, rara vez sigue una línea recta: a veces necesita romperse para volver a sonar con más fuerza.