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El supermercado "normal" que Michael Jackson alquiló para sentirse como cualquiera

La búsqueda imposible de una vida ordinaria

Michael Jackson / Phil Dent

Michael Jackson vivió bajo una presión mediática tan abrumadora que, con el tiempo, incluso las experiencias más comunes se volvieron inalcanzables para él. En 2003, cuando ya acumulaba décadas de fama global, el artista confesó que uno de sus mayores anhelos era poder pasear por un supermercado sin ser asediado por fans ni cámaras. No aspiraba a nada extraordinario: solo empujar un carrito, llenar una cesta, detenerse ante los estantes y elegir productos como cualquier persona. Ese deseo, tan simple en apariencia, lo llevó a protagonizar una de las escenas más insólitas de su vida.

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Para satisfacer aquel sueño íntimo, un amigo suyo —propietario de un centro comercial— decidió cerrar por completo un supermercado durante un día y recrear un ambiente cotidiano solo para él. Empleados reales, familiares, amigos y hasta actores se distribuyeron por los pasillos haciéndose pasar por clientes comunes. Incluso se modificó la música ambiental para que la experiencia resultara más verosímil. Jackson, acostumbrado a esconderse tras disfraces para pasar desapercibido, pudo por fin moverse con libertad, entre risas y gestos de sorpresa. La ocasión fue grabada y posteriormente emitida en Michael Jackson’s Private Home Movies, un documento que reveló la dimensión humana detrás del mito.

La performance de un deseo sencillo

En aquel peculiar "día de compras", Michael Jackson no solo recorrió los pasillos con un carrito como si estuviera en un supermercado real; también jugó, se detuvo en productos al azar y se permitió un gesto que muy raramente podía experimentar: el de la normalidad. Su equipo había convertido el lugar en una especie de escenario íntimo donde las reglas del mundo exterior quedaban suspendidas. Algunos amigos se disfrazaron de trabajadores de la tienda, mientras otros deambularon simulando conversar, elegir verduras o mirar precios. El propósito era que Jackson pudiera presenciar comportamientos espontáneos, aquellos que él decía perder cada vez que las multitudes detectaban su presencia.

Lo sorprendente es que todo se cuidó hasta el detalle. Desde versiones suaves de sus propias canciones, adaptadas al ambiente del comercio, hasta el humor compartido entre quienes participaron del experimento: le escondían el carrito o le gastaban pequeñas bromas, lo que generaba un ambiente distendido y, de algún modo, profundamente humano.

Aun así, Jackson reconoció después que la ilusión se rompía a veces, sobre todo cuando descubría rostros familiares entre los supuestos desconocidos. Era un recordatorio de que, por muy creativa que fuese la puesta en escena, seguía siendo un simulacro.

El supermercado como refugio

El episodio tuvo lugar en un Publix de Florida, que fue cerrado expresamente para la ocasión. La idea no nació del capricho, sino de un deseo recurrente en la vida del artista: recuperar fragmentos de una vida que nunca pudo vivir plenamente. Desde niño había estado rodeado de cámaras, giras, entrevistas y vigilancia constante. Para él, lo extraordinario era precisamente lo que para millones resulta anodino. Estar en un establecimiento comercial sin ser perseguido era una forma de encontrarse con esa cotidianidad que, decía, se le escapaba entre las manos.

Aunque sabía que aquel supermercado no era "real" en el sentido estricto, Jackson lo describió como un espacio de relativa libertad, una pequeña vía de escape al precio de la fama. El gesto, aparentemente excéntrico, es hoy una ventana reveladora hacia la soledad y las renuncias que implican ser una figura pública de su magnitud. Lo que para cualquiera es una tarea rutinaria —llenar la nevera, elegir el pan del día, discutir mentalmente si comprar o no un antojo—, para él era imposible sin una operación logística casi teatral.

La paradoja de una vida sin anonimato

Este episodio no solo muestra el lado más vulnerable del "rey del pop", sino también la paradoja que acompaña a las celebridades extremas: cuanto más visibles se vuelven, más desaparecen sus posibilidades de vivir en lo ordinario.

Jackson lo expresó con claridad en la grabación: cada vez que intentaba mezclarse entre la gente, las reacciones ajenas lo devolvían a su personaje público. No importaban los disfraces, los sombreros o los paseos discretos; bastaba que alguien lo reconociera para que desapareciera la magia de lo cotidiano.

Alba Benito

Periodista porque uso el teclado para algo más...