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En un lugar de LOS40, de cuyo nombre sí quiero acordarme: Érase una vez Fernandisco

El mítico dj y locutor nos ayuda a volver a los años de vinilo y radio

En un lugar de la radio, de cuyo nombre sí quiero acordarme, en concreto, LOS40, no hace mucho tiempo vivía un DJ de los de aguja en disco, tocadiscos antiguo, micrófono flaco y acetato corredor. Sí, efectivamente, nuestro hidalgo y DJ de esta historia no es otro que Fernandisco: “Un día con vinilo era radio en estado puro”. Automáticamente, en el momento en que le di a grabar, me convertí en su fiel escudero. Le iba a acompañar en esta batalla contra los desaforados gigantes de la aplastante modernidad y la creciente digitalización.

Tuve el gusto de compartir más de una hora de charla con este mítico DJ de la radio, de la radio de toda la vida: “Hacía los turnos míos en Radio Barcelona, en Caspe 6 y lo hacía con vinilo y con singles. Era bastante más complicado que ahora. Porque trabajar con vinilo significa que la aguja no te puede saltar, no puedes dar ningún golpe por si salta. Además, cuando tú parabas la voz o la música del disco, tenías que lanzarlo para que cogiera las revoluciones y no perdiera la rítmica que tiene la canción”. Con Fernando hablando, solo podía pensar que en la vida hay algunas certezas. Yo solo conozco a nuestro hidalgo de esa hora, pero en esos 60 minutos aproximadamente que compartimos, pude sacar varias.

La primera, que Fernando era una institución, era una enciclopedia de música, de experiencias de radio y de vinilo, como si cada disco que hubiera pinchado o incluso mirado hubiera dejado una huella en su memoria. La segunda, estaba segura de que me encontraba en el sitio correcto, en el momento correcto, con la persona correcta. Algo se sintió diferente en ese rato, como si el mismísimo caballero andante, me estuviera hablando a mí, su escudero, mirándome a los ojos con el cariño del que confía y ha vivido. Yo estaba ahí para confiar en que los molinos eran gigantes y que acabaríamos con ellos.

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La tercera certeza, estaba ante una historia de victoria, no de derrota. Es una historia de fe, sabiendo que el mundo ha cambiado; aún existen caballeros como Fernandisco, que tienen fe en sí mismos y, más concretamente, en este caso, en el vinilo. En unos tiempos donde acechan muchos gigantes, parece imposible aferrarse a lo que una vez se fue. Lo que uno es nunca desaparece. Fernando es una prueba viva de ello.

La cuarta certeza, y la que más disfruté, fue que hay que rendirse ante la nostalgia. La necesitamos para sobrevivir, necesitamos caer en ella, recordar, amar recordando. Somos un cúmulo de vivencias, personas, sentimientos. Necesitamos rendirnos ante ellos: es la manera de volver a uno mismo: “Es una máquina del tiempo, la nostalgia”. Gracias, Fernando, por transportarme a lugares, personas, momentos, olores, canciones e incluso imágenes en el tiempo de una hora de charla contigo. Hay veces que hay que rendirse ante el recuerdo, sin padecer en el intento.

Un hidalgo de los de aguja en disco

Siento que la mejor introducción para un aventurero como el que nos acompaña hoy merecía esta presentación tan romántica. Quiero detenerme en la palabra romántica, pues va a ser el pilar fundamental de toda esta charla: “Mira, el romanticismo es un poco la parafernalia que teníamos para abrir un disco, para oler el celofán que tenía el disco, para abrir, sacar la funda de plástico, sacar el vinilo con la mano abierta para no tocarlo con los dedos porque te daba miedo ensuciarlo. El rito de abrir un disco, de leer las letras… yo me leía las letras, quién era el fotógrafo, quién había producido el disco”.

Para Fernando cada pieza, cada disco representa ese romanticismo: “Yo tengo en mi casa obras maestras como un disco de Alan Parsons, de toda su discografía con él y con otra gente, contado y narrado por él en vinilo. Luego tengo el Rock and Roll Music original de los Beatles, que es del año 68. Eso lo tienes en casa y no te atreves ni a tocarlo porque es una auténtica maravilla. Luego tengo una colección de singles de los Beatles antiguos, de mercadillos, sobre todo en el Rastro; siguen quedando. Tengo cosas que he ido comprando que son, para mí, la historia de la música”.

Érase una vez Fernandisco.

Nuestro hidalgo nació en Badalona, cuya fecha tampoco quiero acordarme. No hay nadie mejor para definirse que la leyenda en sí: “Yo me comunico con gente y soy un storyteller. Yo cuento historias. Y le cuento historias a la gente que tiene una historia. Y yo sé qué historia tiene porque es la mía. Es certero, no me voy a equivocar nunca. Yo sé que si le pongo a alguien el Bohemian Rhapsody de Queen, le estoy contando su propia historia”.

Licenciado en Psicología, terminó por dominar las radios españolas. Para comunicar y conectar con las personas se necesita mucha psicología y Fernando vino a este mundo para comunicar, para ser un superhumano y buscar lo mejor de cada persona, y la radio fue su verdadero escudero siempre: “Yo soy psicólogo de carrera, hasta que lo dejé y me dediqué a lo que me he dedicado siempre, que es la radio y la tele”.

Con el corazón en la mano

Con estas palabras se presentaba Fernando y con ello dejaba más que claro el tipo de humano al que me estaba enfrentando: a uno que desprendía bondad. “Mary Shelley me ha parecido una escritora de la hostia. Es la humanización del monstruo, convertir al monstruo en una persona con la que no se puede jugar. No puedes dañar a las personas pensando que son menos que tú”.

Esto sentó el tono de la charla, en la que claramente lo más importante no era el vinilo o la radio, sino llevar el corazón en la mano, hagas lo que hagas. Así lo hice yo en esa charla, y así lo hizo él durante toda su trayectoria frente al vinilo o a lo que se le pusiese por delante.

Tuve la suerte de escuchar una de sus primeras anécdotas con el vinilo y cómo un joven hidalgo de Badalona ya sentía esa pasión incansable por el acetato: “Cuando era muy pequeño, muy pequeño me acuerdo que salía del recreo del colegio, y cuando ya era un poco más mayor, me iba a mi casa a escuchar Supertramp”. Y su madre le decía: “¿Qué escuchas? La música rara que escuchas tú con la edad que tienes”. Y él lo que hacía era seguir un instinto: “Mis tíos me dieron dinero y me compré como cuarto o quinto vinilo, That's the Way I Like It, un vinilo de Supertramp y otro de Aerosmith”.

Uno siempre vuele a donde fue feliz

Volvimos al vinilo, a casa, y le pregunté por la parte más técnica de lo que era trabajar con el acetato en la radio: “Era más difícil pinchar con álbumes, porque sabes que los surcos hay que preescucharlos para lanzarlos y tal. Era bastante más complicado que ahora. Porque trabajar con vinilo significa que la aguja no te puede saltar, no puedes dar ningún golpe porque si salta… Además, cuando tú parabas la voz o la música del disco, tenías que lanzarlo para que cogiera las revoluciones y no perdiera la rítmica que tiene la canción”.

Y aquí nuestro hidalgo mostró los primeros indicios de batalla, empezó a ver cómo se acercaban los gigantes en forma de aplastante paso del tiempo y como se hacían antes las cosas: “Técnicamente es un poco más espeso que lo de ahora, porque tenías que graduar muy bien el lanzamiento de una canción. Por ejemplo, si la canción tú la cuadrabas con el primer golpe que tiene la canción, tenías que tirar un poquito para atrás para que cuando le dieras recuperara enseguida y no se oyera el ‘sonido de rebobinar’ que emprende la marcha del disco. Técnicamente es menos visual, es menos bonito. Y en cuanto al sonido, quizás a veces te quedabas un poco corto porque no llegabas a tener esa rapidez que demanda la radio".

Había toda una ciencia detrás: “Es decir, que los jingles se entrenan perfectamente cuando acaba una canción. Porque, por ejemplo, cuando acaba un vinilo sí que podías colocar la publicidad o un jingle, pero para arrancar tenías que ser tú primero que has ido apoyando con voz y luego entrar el vinilo para que se notara que no había esos dos segundos o uno que te puede enganchar”.

Yace aquí el acetato fuerte

Fernandisco nunca dejó de empuñar la aguja. Él sabe más que nadie que no todas las batallas se libran para ganarlas. Algunas se libran para recordar quién eres. Por eso mismo, cuando le pregunté si veía como una posibilidad real volver a hacer una radio únicamente con vinilo, supo que lo podría luchar, pero solo para saber volver a uno mismo: “Yo creo que para trabajar la radio no volverá… Eso como técnica ya no puede ser válido en los tiempos de radio de ahora, que todo va mucho más rápido, que tiene que estar editado hasta el milisegundo. Las ediciones que hago son milisegundos. Yo cojo una canción, la hago cuadrar encima de un jingle, hago que cuando empiece a cantar la canción, el jingle haya acabado y que quede bonito, y con el vinilo es muy difícil. Aunque sería muy romántico y muy bonito, pero como herramienta no es lo mejor”.

Pero la verdadera batalla no estaba en un supuesto futuro; la batalla que yo quería librar con él era la de la desaforada digitalización y una transición tan radical como la del acetato a la aplastante tecnología del despiadado siglo XXI: “Claro, al principio el cambio pudo parecer más paulatino, pero fue de la noche a la mañana. Estabas trabajando ya con otros parámetros que no tenían nada que ver. Pero yo lo llevé bien. Era un mecanismo bastante automatizado. Ahora ya es otra cosa. Ahora puedes hacer 20.000 cosas en radio. La realización le ha dado ese pulso a la radio”.

Pero siempre faltará algo: “La sensación que tengo yo es que lo de ahora es un poco mejor en cuanto a que el resultado final es mucho mejor que lo que teníamos antes, pero el romanticismo del vinilo es insustituible. Pero yo creo que el vinilo se ha quedado para los coleccionistas. La gente quiere escuchar algo en su casa y necesita escuchar el chasquido que tiene el vinilo. Luego ya cuando entró lo digital a la música, yo la llamé la bella sin alma. No tenía ese chasquido, no tenía esa mecánica cuántica que tiene el vinilo, que parece un elixir musical de los dioses”.

De Don Quijote a Alonso Quijano el Bueno

Llegando al final de nuestra aventura, me paré a pensar en que el vinilo se convirtió en esas palabras que no dices o el amor que no das. ¿A dónde van? ¿Dónde acaban? ¿Dónde acabaron todos esos vinilos que se quedaron en los estudios de radio? ¿Quién los rescató o se perdieron con el paso de los días, las semanas, los meses y los años?: “Han ido a manos de gente que ha entrado allí y se ha llevado no sé qué, han ido a la familia de no sé qué o los tengo en el almacén guardados ahí con un candado. Pero son obras de arte que han ido a parar al olvido más absoluto. Ahora un vinilo es un preciado tesoro, pero antes era un estorbo. ¿Dónde coloco eso? Están formando parte de coleccionistas o de gente que los cogió y los vendió. Vete a saber lo que ha ocurrido con ellos. Pero muchas veces esos vinilos han pasado a manos de gente que no tenía ni idea de lo que era un vinilo. Han acabado en manos de quienes no tendrían que haber acabado”.

Llegando al final, iba comprobando cómo Fernando y el vinilo eran uno, formaban parte de la historia el uno del otro, y estaba ante un caso de amor, un amor que pocas veces vemos. Durante toda la charla, mi empuñadura fue la nostalgia, y ahí apuntaba siempre. Le pregunté a Fernando si recordaba cuál fue el primer vinilo que pinchó y cuál fue el último. Sus respuestas fueron claras: no hubo duda, el primero fue un single de Mike Oldfield, Guilty, y el último fue Invincible, de Michael Jackson. Le pregunté si sabía que estaba siendo el último que acabaría pinchando en la radio, el no lo sabía.

De Fernandisco a Fernando

Con mi arma apuntando al corazón, le pregunté que, si hubiera sido consciente de que estaba pinchando su último acetato, cuál hubiese sido el elegido. Fernando se rindió una vez más a la emoción y con el corazón en la mano me dijo: “Sin duda, hubiera sido Let It Be, de los Beatles. Es una canción que tiene todo, absolutamente todo. Y es el consejo, el mejor consejo que le puedes dar a una persona que escucha música y que entiende lo que dice la canción. No te preocupes, déjalo estar, que no es tan importante como tú te ves”.

Yo no sé si estoy ante mi último vinilo, pero por si lo fuese, sé claramente cuál quiero que sea, y con mi corazón en la mano y el vinilo del single de A Change Is Gonna Come de Sam Cooke sonando os digo, gracias y hasta pronto. Gracias, Fernandisco, por la aventura, el resto de tus palabras me las guardo para mí.

Andrea Sanz

Andrea Sanz

Una chica buscando su lugar en el mundo. En este intento me encontré con el periodismo y decidimos hacerlo...

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