Zinnia Quirós (Madre Brava): "Lo que pones en tu plato afecta a tu salud, tu planeta y tu bolsillo"
Entrevistamos a la portavoz en España de Madre Brava, organización internacional que trabaja por y para un sistema alimentario global más sostenible y saludable.

Zinnia Quirós, de Madre Brava.
Zinnia Quirós (Madrid, 1981) es abogada y economista, pero lleva casi 20 años trabajando en distintas organizaciones sociales, liderando campañas públicas e incidencia política. Todo, "para intentar hacer de este mundo un lugar mejor", según sus propias palabras. Desde el pasado mes de enero es la directora en España de la organización Madre Brava, lo que la trajo a los micrófonos de El Eco de LOS40.
A grandes rasgos, ¿Qué es Madre Brava y cuáles son vuestros objetivos?
Madre Brava es una organización de incidencia climática que tiene cuatro añitos recién cumplidos. Trabajamos en Alemania, en Reino Unido y, desde este año, en España. Nos dedicamos básicamente a luchar contra el cambio climático poniendo el foco en el plato. ¿Por qué? Porque el sistema alimentario al final está detrás de un cuarto, aproximadamente, de toda la huella climática que tenemos como seres humanos en el mundo. Una huella que se debe a la comida que producimos, que distribuimos y que finalmente comemos en casa. Buscamos que lo que llamamos la buena comida esté al alcance de todo el mundo, porque eso tendría que ser un derecho y no una cuestión de lujo o de estatus.
LOS40
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¿Qué es la buena comida?
A mí me gusta decir que es aquella que es cuatro veces buena. Primero, que esté buena. Esto es muy importante, porque a veces se nos olvida que la comida tiene que estar rica. Segundo, que sea buena para tu salud. Tercero, que sea buena para el planeta porque genera menos emisiones. Y luego, muy importante, que sea buena para nuestro bolsillo, que podamos pagarla.
Los supermercados son quienes marcan al final lo que acabas comprando
¿Cómo trabajáis para lograr ese objetivo?
Queremos dejar de poner la carga de luchar contra el cambio climático encima de los hombros de las consumidoras. Tenemos que ir a quien tiene realmente el poder y por lo tanto, como diría Superman, también una gran responsabilidad de cambiar lo que comemos en pro de la salud pública y de la salud del planeta. ¿Y quién tiene esa responsabilidad? Fundamentalmente los supermercados, que son quienes marcan al final lo que acabas comprando. Ellos determinan lo que se vende, cuánto se oferta, con qué cantidad y, sobre todo, a qué precio. Por eso intentamos influir, junto a otras organizaciones, en lo que los supermercados ofrecen, con el objetivo de que al final podamos comer de una manera más saludable y sostenible.
Madre Brava está presente, como has dicho, en Reino Unido y en Alemania. Ahora también en España. ¿Qué particularidades tiene nuestro país? Desde luego, comemos distinto, aunque no siempre mejor.
Hay opiniones para todos los gustos. Yo diría que sí, que comemos mejor, porque al final tenemos una tradición culinaria mucho más asentada que en otros países europeos. Pero también un reto por delante bastante complicado, que compartimos con otros países europeos. Todo lo que tiene que ver con la desinformación, con el negacionismo ante el cambio climático y la guerra cultural que se aviva cada vez que alguien quiere poner encima de la mesa el debate sobre las consecuencias de cómo comemos. Al final todo este debate es muy nuevo en España, tanto para las personas consumidoras como para los propios supermercados, e incluso para las organizaciones. Hay un clic colectivo que todavía no hemos hecho del todo. El gran reto es intentar que la diversificación proteica se ponga de moda.


¿En qué consiste esa diversificación proteica?
Habrá quien lea esto y diga: madre mía, ¿esta señora que estará diciendo? (risas). Básicamente se trata de no depender todo el rato del mismo alimento para que te aporte proteína: ir metiendo variedad. No se trata de quitar nada, sino de meter mucha más variedad: un día legumbre, otro día tofu, otro día huevos… Tener más fuentes de proteína. Necesitamos que todo el mundo empiece a hablar de esto y lo tenga en mente cuando va a hacer la compra. Pero, sobre todo, que los supermercados nos lo pongan fácil porque no tenemos tiempo para hacer compras saludables y sostenibles. Vamos todo el día corriendo: no podemos poner de nuevo esa carga en el consumidor final. El supermercado lo tiene que poner fácil.
Los datos y la ciencia son clave para demostrar qué problema tenemos y por qué está pasando
También incidís en la importancia de la ciencia. Has hablado de desinformación y negacionismo climático. ¿Hasta qué punto váis de la mano de los científicos para trasladar vuestro mensaje a la sociedad?
Para nosotras, trabajar con la gente experta y con profesionales del ámbito de la salud es fundamental. Los datos y la ciencia son clave tanto para demostrar qué problema tenemos y por qué está pasando como para desmontar ciertos marcos mentales. Pondré un ejemplo: yo tengo una madre que vive en León, que es peculiar, como todas las madres. Y que siempre me dice: "comer tanta verdura no es bueno, porque no hace trabajar al estómago". El problema es que ella se lo cree de verdad. Necesitamos identificar qué marcos mentales tiene la gente para que la ciencia nos ayude a desmontarlos y podamos generar ese cambio de una manera natural y volver a la dieta mediterránea de toda la vida. Esa es la ventaja que tenemos en España respecto a otros países europeos: aquí cocinamos, nos gusta cocinar, nos gusta comer. La cocina y la comida forman parte de nuestras relaciones sociales. Es un elemento identitario. Apostar por más verdura, más legumbre, más fruta y menos carne mejorará nuestra salud y la de nuestro planeta. Y encima nos saldrá más barato.

Zinnia Quirós, de Madre Brava.

Zinnia Quirós, de Madre Brava.
Hoy en día no andamos precisamente sobrados de tiempo para cocinar…
El otro día las compañeras de Reino Unido me decían que allí hay una nueva tendencia que llaman "cook from scratch" que viene siendo algo así como “cocinar desde cero”. O sea, lo puedes llamar como quieras, pero esto es lo que viene siendo cocinar de toda la vida (risas). En ese sentido tenemos una ventaja respecto a esos países donde no es tan habitual cocinar. Pero tenemos que ser realistas: a menudo entras en el supermercado y tienes 15 minutos para apañar una cena para cinco. Y necesitas que se cocine en 20, porque no tienes más tiempo. No tenemos la vida que tenían nuestras abuelas, que estaban todo el día cocinando un puchero para que luego tú te sentaras a comerlo. De hecho, esto no queremos que ocurra tampoco, porque al final sabemos lo que pasaría y la carga, para sorpresa de nadie, caería en nosotras, las mujeres. Lo que tenemos que intentar es que todo el mundo empiece a cocinar más de manera más saludable y sostenible.
Prácticamente la mitad de las emisiones de un supermercado proceden de los productos de origen animal
Muchos supermercados están instalando mesas para consumir platos ya cocinados. ¿Es compatible eso con comer mejor?
Es algo que está ahí, y no necesariamente es algo negativo. Pero tenemos que apostar por que esos platos tengan más proteína vegetal y menos animal. Es la única manera que tenemos de garantizar la salud pública a la vez que protegemos el planeta. Te daré un dato: prácticamente la mitad de las emisiones de un supermercado proceden de los productos de origen animal. No hace falta ser licenciada en matemáticas para entender que si un supermercado quiere ser responsable desde un punto de vista climático, la única manera es reequilibrar la oferta de proteínas. Y ahí es donde tenemos un ejemplo muy claro de lo lejos que estamos respecto a otros países europeos, como los Países Bajos, donde prácticamente todos los grandes supermercados ya se han comprometido a reequilibrar sus proteínas para en 2030 vender un 60% de proteínas vegetales y un 40% de proteínas animales. Así que también tenemos que aprender de otros países.
Alguien dijo una vez que es más difícil que la gente cambie de alimentación que de religión. Por algún motivo, lo que ponemos en el plato tiene mucho de arraigo cultural.
Es así, pero creo que poco a poco estamos viendo señales positivas de que ese cambio se está produciendo. Nos falta mucho para ese clic colectivo, pero es cuestión de hacer pedagogía. Por un lado, utilizando los datos y los mensajes que nos aporta la comunidad científica. Y al mismo tiempo, promoviendo la acción social que ha de acompañar ese cambio. Cuando compras estás decidiendo lo que pones en tu plato, pero también está en juego tu salud, la del planeta y la de tu bolsillo. También hay quien reflexionará sobre toda esta cuestión pensando en el bienestar animal. Cada persona tendrá sus motivos, y todos son buenos para hacernos preguntas y repensar nuestra forma de comer.

Dani Cabezas
Periodista y músico madrileño, fui durante años el responsable de la sección de Música del diario 20...












