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‘Lobos feroces’: Partiendo de un true crime madrileño, el guionista de ‘El internado’ nos hace pensar en el satanismo a ritmo de los Rolling Stones

Un caso que interesó hasta el propio Iker Jiménez y que acabó convertido en leyenda en El Escorial

Carlos García Miranda, guionista y escritor que lanza 'Lobos feroces'. / Imagen de Sofía de Juan cedida por Planeta

El programa Y ahora Sonsoles está lleno de literatos. Empezando por su presentadora, Sonsoles Ónega que ha publicado novela, Lleva tu nombre, el mismo día que uno de sus colaboradores.

El club de los lectores criminales dejó claro que las novelas de Carlos García Miranda tienen esa narrativa audiovisual perfecta para que Netflix asuma su adaptación. Eso podría pasar con su nuevo libro, Lobos feroces, un thriller en el que abandona al público juvenil para pasarse al adulto –para el que ya había escrito con pseudónimo- y que parte de un true crime madrileño. Se convierte en therian para contar una historia llena de leyendas.

Cuando estaba estudiando, uno de sus trabajos universitarios le llevó a hacer un cortometraje de una leyenda que le había contado una conocida que es muy popular en El Escorial, que tenía que ver con el Niño Pedrín. Cuando empezó a documentarse sobre el caso descubrió que había diversas versiones sobre el mismo suceso. Aquel cortometraje acabó convertido en un documental que intentaba recoger lo que había ocurrido con este crimen que había sido recogido por la prensa del momento.

Carlos empezó escribiendo las novelas que partían de los guiones de El Internado, donde trabajaba como guionista. Y desde entonces no ha dejado de sumar novelas y guiones en series como las renovadas Física o Química o Los Protegidos.

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¿Cuál es el caso del Niño Pedrín?

Hay que remontarse a 1892 cuando un niño de seis años, el día de Navidad, salió de casa con sus hermanos. Se le vio por última vez en el Monasterio de El Escorial. Sobre lo que sucedió después, hay varias teorías.

Lo que yo descubrí haciendo ese documental es que había ocurrido algo con los frailes”, desvelaba el autor en la presentación de su novela, “pero al que se acusó fue a El Chato, que hablando pronto y mal, era el tonto del pueblo”.

Al final, todo aquello se convirtió en una leyenda de fantasmas y “verdades incómodas dolorosas que el pueblo las asimila mejor cuando las transformamos en fantasmas que cuando hablamos de su crudeza. Y hablo de su crudeza porque había varias direcciones, una de ellas eran los famosos pactos con el diablo”.

El cuerpo apareció, aunque con la ausencia de los ojos y con evidentes signos de vejaciones y abusos. Algunos pensaron que se los arrancaron para algún tipo de rito, otros, que fueron las alimañas. “Probablemente, un caso de pederastia”, concluye el autor. Lo que se sabe es que fueron condenados El Chato, su cuñado y tres de las hermanas.

El caso es que no se sabe a ciencia cierta lo que pasó. Acabó convertida en una historia de terror que se cuenta a los niños para que no vayan solos al monten Abantos donde ahora radica la cruz que el padre del niño erigió en recuerdo de su hijo.

Hasta Iker Jiménez se llegó a poner en contacto con él para hablar del caso, “aunque nunca me llevó al programa”.

Una resolución ficticia con anclajes reales

Han pasado muchos años desde aquel documental que no resolvía el caso. Ahora, él lo hace, pero en la ficción. Parte de ese caso para tejer una historia de crímenes en el tiempo que investiga Marta, una estudiante de policía.

Los nombres de los personajes no son elegidos al azar. “Bosco se llama así por Tesis de Amenábar, que nos dejó marcados a todos los creadores de nuestra generación. Fue súper aspiracional, de pronto, había un chaval ganando todos los premios posibles con algo que se había escrito él, había dirigido y había hecho hasta la música”.

El malo, en este caso, es Jorge de Burgo que, irremediablemente, nos lleva a Umberto Eco y En el nombre de la rosa.

Otro de los personajes relevantes es Dante, el presidente de la Iglesia del Satanismo en España. La inspiración para este personaje salió de un artículo de 2020, de Sergio Fanjúl, periodista de El País en el que hablaba de la fundación de la asociación de satanistas de España cuyo presidente era un doctor de Ciencias Religiosas que había escrito la primera tesis sobre satanismo en España.

El satanismo

Se ha acercado a este universo antes desconocido para él y considera que tienen algunas teorías interesantes, aunque reconoce que “quizás les dejo demasiado bien”.

Marta y Dante forman la pareja de la novela en esta investigación que da muchos giros y donde el satanismo cobra especial relevancia. “Tratan de renovar el satanismo insistiendo que no tiene nada que ver con la imagen que se ha creado en el cine de terror. No sé si tiene o no que ver, no lo conozco, pero proponen una religión en la que prima el conocimiento individual. Dicen que, al final, en el Jardín del Edén, la manzana que se entrega a Eva es el conocimiento del bien y del mal”, explicaba.

Si el de al lado te dice, soy satanista, lo primero que haces es echarte un poco para atrás”, reconoce y eso es lo que quería plasmar en este personaje que es profesor en la universidad.

Muchas de las leyendas que recoge la novela están relacionadas con Satán. “Son parte del folclore de la zona, de San Lorenzo de El Escorial. Con Felipe II hay muchas leyendas y muchas preguntas en torno a qué era, o era un gran católico o un gran satanista, nunca se sabrá. Seguramente un gran católico, pero es cierto que tenía esa fascinación por el mal. Esa silla de Felipe II no tiene forma de silla, y hay gente que lo sabe porque, de vez en cuando, aparecen gallinas muertas en la zona”, apuntala sobre el tema, “está muy documentada esa entrada al infierno que hay ahí. Todas esas leyendas sobre que Lucifer estuvo escondido en las montañas y por eso se encuentra ahí esa puerta. Es fascinante. No sé cuánto me creo, pero a mí me fascina”.

“Tenemos ahora los archivos de Epstein que están por ahí pululando, que al final hablan de cosas similares. La idea de mezclar niños, religiones, satanismo, poderosos y sacrificios humanos siempre ha estado por ahí. Todas las piezas me llevaban hacia eso”, admite.

Desaparición de menores

La parte ficticia de la novela habla de una serie de desapariciones de menores, uno último que es el que hace que se reabran los casos anteriores. Las estadísticas dicen que al día desaparecen 20 niños en España y eso le da un punto de realidad a esta historia.

Los niños nos despiertan mucha sensibilidad. No es lo mismo tratar una desaparición de un menor que la de una persona adulta. Los medios también tenemos mucho que ver con esto”, reconoce.

“En todo thriller suelen desaparecer mujeres, por un cliché de indefensión y suele ser la mecánica habitual y, como yo quería hacer esta historia con el Niño Pedrín, fui por ahí. Pero como este caso ocurrió hace tanto tiempo, como que está absolutamente desensibilizado”, aseguraba.

Sus dudas llegaron cuando tuvo que decidir que hacía con el niño desaparecido en la actualidad. “Hay una norma clarísima en la ficción que es, ojo cuidado con los niños, no les hagas daño o deja pasar mucho tiempo desde que ocurrió, una elipsis muy grande porque si no, puedes despertar alarmas. He tratado de manejarlo con cuidado”, explica.

Él concatena varios asesinatos de niños coincidiendo con la luna negra y las nieves de retorno en la zona cada 19 años.

La música en Lobos feroces

Parece obvio que el focus track de esta novela sea Sympathy of the devil, de los Rolling Stones, pero es que pocas hubieran encajado mejor en una novela de este tipo.

The Rolling Stones - Sympathy For The Devil (Official Video) [4K]

Uno de los policías clave en este caso escucha la música de Phil Spector. “Es adrede, sobre Phil Spector han caído también las sospechas de satanismo y demás, así que, lo tenía claro”, reconoce.

“Para mí la música es súper importante. Cuando estoy escribiendo hago una playlist que luego cuando estoy escribiendo me canso y vuelvo a hacer otra y siempre me gusta meter algún tema. En Conexo me acuerdo que eran los Smashing Pumpkins. Aquí he metido a los Rolling, era un tema que tenía muy claro, desde el principio, que quería utilizar. Es más, en el proceso de documentación estaba marcado, me encanta cómo suena y quería presentarlo y mantenerlo. Incluso en el cierre de la historia se mantiene la canción”, explica.

Es habitual en sus novelas encontrar un tema principal. “Una que hice con pseudónimo, puse una de las Spice Girls, pongo de todo”, aclara sobre su gran abanico de influencias.

De momento, los Stones para un thriller con un final que sorprende, propio de un guionista entrenado para enganchar al espectador, en este caso, lector.

Cristina Zavala

Redactora y guionista de LOS40. Completamente...