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Lo de Rosalía en los Premios Brit 2026: una actuación que reafirma su estatus como icono internacional

La artista revolucionó los galardones con una puesta en escena que redefine su propio arte

Rosalía durante su actuación en los Premios Brit 2026. / Gareth Cattermole

A estas alturas reconozco que en mi cabeza resulta difícil que una artista como Rosalía me sorprenda, pues las puestas en escena a las que nos tiene acostumbrados nunca resultan sencillas y, por ende, las expectativas siempre son altas. Sin embargo, siempre consigue hacerlo.

La primera vez que presentó LUX en directo fue en LOS40 Music Awards 2026 en Valencia donde bendijo los premios más importantes de la música en español con una versión de Reliquia. Eso fue solo una antesala en la que nos advirtió que lo que se venía no iba a ser cualquier cosa y, casi a un mes de que arranque su gira, lo ha vuelto a demostrar.

Este 27 de febrero, Rosalía no solo se ha convertido en la primera artista española en ganar el premio a Mejor Artista Internacional en los Premios Brit 2026, sino que nos ha dado una clase magistral de cómo reinventar una canción como Berghain. En ella combinó vanguardia, teatralidad y una puesta en escena monumental. La catalana, siempre dispuesta a romper moldes, llevó al escenario del O2 Arena una propuesta que mezcló electrónica, tradición orquestal y una fuerte carga performativa, consolidándose como una de las figuras más innovadoras del panorama musical internacional.

Así ha sido la actuación de Rosalía en los Premios Brit 2026

La actuación comenzó con un silencio absoluto y solo con el ruido de la orquesta. Tras ello, se encendió un foco cenital sobre Rosalía, vestida con un diseño minimalista en blanco. A su alrededor, un coro formado por más de 20 personas que la acompañaron en todo momento, creando una atmósfera hipnótica que capturó al público desde el primer compás.

El momento más inesperado llegó cuando Björk, icono islandés y referente absoluto de la experimentación musical, apareció entre la orquesta para interpretar su parte de la canción.

Rosalía transformó el escenario en una versión propia del mítico club berlinés, fiel al espíritu de la canción, y creó una auténtica rave acompañada por un amplio cuerpo de bailarines. La coreografía, marcada por movimientos bruscos y casi eléctricos, se fusionó con la base electrónica del estribillo, mientras Björk permanecía a su lado como presencia constante y sorprendente.