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Tras ‘La sociedad de la nieve’, Pablo Vierci pone sobre la mesa el abuso infantil: “La gente no teme a los temas duros”

‘El niño que heredó el silencio’ recoge un tema más vigente que nunca con la desclasificación de los archivos Epstein

Pablo Vierci, en Madrid, en 2024. / Carlos Alvarez

Uno de los autores más admirado y reconocido de Uruguay es Pablo Vierci. A sus 75 años, lejos de tomarse la vida con más calma y retirarse, sigue más activo que nunca y acaba de pasar por España para presentar nueva novela: El niño que heredó el silencio.

Una historia cruda y explícita sobre los abusos que sufre un niño entre los seis y los doce años. Un millonario se encapricha de Andrés Pardos y se convierte en una especie de tutor que abusa de él con la complicidad de unos padres que miran hacia otro lado para conseguir la herencia que el hombre promete dejar a su hijo. El protagonista afronta este suceso cuarenta años después cuando le toca recordar y compartir la historia.

Con La sociedad de la nieve llegó a emocionar a J.A. Bayona que después de leer su novela, inspirada por el accidente de los Andes de 1972, decidió hacer una película que logró llegar a los Oscar.

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Él escribió la historia de los que eran sus compañeros de clase y ser convirtió en productor de la película. Unos años de mucha intensidad que ahora deja atrás para poner sobre la mesa otro tema incómodo: el abuso sexual infantil.

Ha venido a España a presentar su novela y hemos tenido la oportunidad de charlar con él sobre este tema espinoso con el que hace falta comprometerse y que ahora está de total actualidad por la desclasificación de archivos del caso Epstein.

Pregunta: La última vez que hablamos fue sobre La sociedad de la nieve en plena efervescencia de la película de J.A. Bayona. ¿Cómo valora todo lo ocurrido ahora con el tiempo pasado y las cosas más calmadas?

Respuesta: Ha sido un proceso tan largo y tan intenso que, indefectiblemente te afecta y te redirecciona en la vida. Seis años de una intensidad tremenda para, finalmente, culminar con 250 millones de espectadores que te da coraje para meterte en temas como los de esta novela nueva. Uno lo trae como un compromiso, una asignatura pendiente desde mi infancia, adolescencia y juventud porque lo vi demasiado de cerca, pero que en el fondo me parecía demasiado doloroso y demasiado transgresor meterme en ese tema.

Cada vez tenemos más libertad y más conciencia. Estos temas que en mi infancia, adolescencia y juventud no se hablaban hoy es de otra manera, se llevaron preso el otro día a un ex príncipe de Inglaterra y están renunciando personas vinculadas con el caso de un pedófilo.

P: Ahora presenta El niño que heredó el silencio, una nueva novela que gira en torno al abuso infantil. Le van los dramas y los temas incómodos, ¿no?

R: Uno de los efectos positivos que produjo La sociedad de la nieve, además de rendir homenaje a los vivos y los muertos de aquel accidente, fue todo ese impacto que tuvo sobre la juventud. Gran parte de esos 250 millones de espectadores son jóvenes y a uno le da el compromiso y la responsabilidad de meterse en temas intrincados que la gente generalmente rehúye. Y este es un tema de una vigencia escandalosa, no solo ahora por el caso Epstein, sino que son los números. El Ministerio de Juventud e Infancia de España dice en su encuesta de octubre del año pasado que uno de cada tres jóvenes en su infancia y adolescencia ha sufrido algún tipo de abuso. el 40% sufrieron maltrato físico, el 48% maltrato psicológico. Es un tema que está ahí, pero como dice mi amigo Rafa Guerrero, psicólogo, es un tema que la gente prefiere barrer debajo de la alfombra, prefiere decir aquí no pasó nada porque el 80% de los abusos son intrafamiliares y es reconocer que hay un colapso emocional en la familia. Los adultos preferimos no darles crédito a los niños y que ese parásito que es el perpetrador permanezca. No es que yo me sienta un redentor, es un compromiso interno conmigo mismo. Es un tema duro tratado como thriller psicológico que no disminuye la crueldad, pero la disimula un poco.

P: Ha mencionado el caso Epstein que ha sido muy mediático y ha puesto sobre la mesa este tipo de abusos entre poderosos. ¿Crees que toda esa repercusión que ha tenido en los últimos años ha cambiado la manera de abordar este tema?

R: Estoy absolutamente seguro. Unicef y organizaciones como Save the children que tratan estos temas del abuso o del maltrato a los niños dicen, y no titubean en esto, que somos la primera generación de adultos que habla abiertamente de este tema. Hay un documental de Netflix con el caso Epstein del año 2020. Conozco este tema desde hace mucho tiempo, pero ha sido este febrero cuando se desclasificaron infinitos documentos. ¿Por qué no se hacía antes? Como dice Rafa Guerrero, esto es la epidemia silenciosa de la infancia. Cada vez tenemos más libertad y más conciencia. Estos temas que en mi infancia, adolescencia y juventud no se hablaban hoy es de otra manera, se llevaron preso el otro día a un ex príncipe de Inglaterra y están renunciando personas vinculadas con el caso de un pedófilo. Y hasta no hace mucho tiempo y esto yo lo viví, por ejemplo, en Francia se defendía la pedofilia sin ruborizarse. Hay un libro de Vanessa Springora, El Consentimiento, donde denuncia a su ex pareja que es un famoso escritor francés, Gabriel Matzneff, por pedofilia. Y este libro se publicó en 2020, no en el siglo XIX, se publicó hace seis años y a partir de ese año este famoso escritor francés cayó en desgracia, pero, hasta ese momento, era la flor y nata de la intelectualidad de Francia. Es un tema que, por suerte, está saliendo del ataúd. Como dice Freud, las emociones que se entierran vivas, asoman de la peor manera imaginable y es lo que pasa con el abuso y el maltrato infantil, en particular, con el abuso sexual.

Podía no detallarlo y edulcorar lo que ocurría o podía contarlo de la manera más cruda, más realista y darle una suerte de camino redentor, una catarsis. Preferí el realismo porque yo sé cómo es, lo viví muy cerca y sé que es exactamente como lo estoy relatando.

P: En este tipo de abusos hay un desequilibrio absoluto.

R: El niño siente el abuso en una forma absolutamente simétrica. El adulto es un todopoderoso, en la novela lo pongo especialmente todopoderoso, y el niño está en proceso de madurez, es un analfabeto emocional que ni siquiera le sabe poner nombre a lo que está ocurriendo. Hay un grado de injusticia. ¿Quién le da nombre? ¿Quién les pone voz a esos niños? Yo creo que cada día la sociedad lo está haciendo y yo quiero aportar mi grano de arena. Gracias a que ya sé que uno puede tratar un tema muy duro, muy crudo, como es el de la tragedia de los Andes del año 72, de mis amigos, que tenía la misma edad, era compañero de colegio suyo, y la gente no huye, tuvimos 250 millones de espectadores con la película de J.A. Bayona. Uno puede tratar temas desmesurados y muy delicados de forma que sean, no edulcorados ni en lo más mínimo, pero sí contados de una manera que no aleje al lector, al contrario, que lo atrape. Es necesario un final redentor y esperanzador, no puede ser un túnel sin salida porque eso es lo que viven los niños abusados donde el perpetrador permanece como un parásito en su vida. Y si en ningún momento de su vida puede sacarlo afuera y ponerlo en palabras, en una narrativa ante un psicoterapeuta, ante un adulto, ese parásito sigue viviendo en él hasta que se muera.

P: Aquí relata los abusos a un niño entre los 6 y los 12 años y de una manera bastante explícita, ¿cuál era el objetivo de detallarlo tanto?

R: Si no se detalla de esa forma se pierde la realidad, así es como sucede. Me sentí ante este dilema. Podía no detallarlo y edulcorar lo que ocurría o podía contarlo de la manera más cruda, más realista y darle una suerte de camino redentor, una catarsis. Preferí el realismo porque yo sé cómo es, lo viví muy cerca y sé que es exactamente como lo estoy relatando. Preferí ir a la verdad en cuanto a lo que fue el abuso entre los 6 y los 12, pero siempre y cuando pudiera tener una luz al final del túnel como efectivamente ocurre en los abusos. Si el abuso permanece en silencio el parásito no se va, pero si se puede verbalizar y generar una narrativa, el parásito no es que desaparezca, pero el parásito se aplaca. el abuso en sí es un thriller en el que hay extorsión, vergüenza, culpa, en este caso un asesinato o eventualmente un accidente, están todos los elementos, en cuanto era un thriller psicológico, yo tenía la licencia de ser crudo en la narración del abuso, sentí eso. No es que edulcoraba, pero matizaba lo otro.

Desde el principio dije, si me meto en esta historia, al final de este camino navegando por territorios desconocidos tengo que arrojar luz para el personaje y para el lector.

P: ¿Cree que un niño que ha recibido esos abusos tiene luego licencia para vengarse de la manera que sea?

R: El niño más que vengarse, lo que necesita es tornar legible lo que es ininteligible. La asimetría entre el abusador y el abusado niño es tan grande que el niño no sabe ni lo que ocurre. Sí sabe que cuando la caricia pasa a ser el abuso ahí se cruzó un límite, pero el límite lo que produce es un cortocircuito porque está en proceso de madurez. Más que la venganza del niño lo que busca es redimirse él, quitarse ese lastre que le tuerce el destino. Está anclado en un trauma del que tiene, de alguna manera, que liberarse. Si el trauma ocurre antes de los 7 años en indeleble porque somos arcilla blanda, aquello que nos ocurrió, nos moldea, pero los psicólogos dicen que se puede suavizar si ocurre a partir de los 7 años y es más fácil extirpar ese parásito. De acuerdo al psicoanálisis, los mecanismos de defensa que se usan para sobrevivir a un trauma de este tipo son el bloqueo, la negación, la disociación o la identificación con el agresor y es una ambivalencia constante. El personaje es tan ambivalente con el agresor que hasta le puso su nombre al gigantesco imperio que heredó del perpetrador. El proceso de hilvanar su historia le lleva a darse cuenta de que la ambivalencia le llevó a identificarse con el agresor. Eso ocurre frecuentemente, es un mecanismo de defensa. El niño sabe que pasó algo raro, se convirtió en un témpano de hielo, disoció la emoción de lo que ocurrió, pero al fin del camino, después de rehacer su historia, la puede contar meticulosamente y encontrar la verdad. Desde el principio dije, si me meto en esta historia, al final de este camino navegando por territorios desconocidos tengo que arrojar luz para el personaje y para el lector.

P: Aquí retrata muy bien el papel que juegan los padres del niño en esta historia. Se podría abrir el debate sobre el uso de los hijos para medrar en la vida, ¿era su intención?

R: Uno de los temas más graves es este. El 80% de los casos son intrafamiliares y de esos, el 85% no salen a la luz. Ya que conozco el tema y lo sufrí de cerquita, uno de mis objetivos es darles fuerza a los adultos que cuando reciben una denuncia, una interacción de un niño, de su hijo, su sobrino, una maestra, que lo denuncien, que lo pongan en palabras, que colaboren para que lo pueda narrar, que no quede como un parásito en la psique del niño que le va a trastornar todo el desarrollo. Aprendí, con La sociedad de la nieve, que hay lectores que están ávidos de historias duras. No puede haber una historia más dura que la de los Andes en el 72, unos niñitos que sufren un accidente y ofrecen sus cuerpos para que sus compañeros sobrevivan y, no obstante, la gente no les teme a los temas duros. Uno piensa que los seres humanos tendemos siempre a lo más fácil y no es así. Si el tema duro se plantea con honestidad y con alguna salida de esperanza como también ocurre en La sociedad de la nieve que unos mueren, pero 16 viven y esos son un canto de esperanza.

P: El abusador es un hombre mayor y millonario, ¿el poder otorga esa sensación de estar por encima de todo o en este caso es anecdótico?

R: No es anecdótico. Para que quede de forma rotunda a los ojos del lector que el perpetrador es poderoso desde todos los puntos de vista. Y, además, a mí me parecía muy importante el papel de los padres en el abuso. Me parecía importante tenerlos como cómplices del perpetrador porque, en cierto modo, si solo son un 15% de los casos los que ven la luz, son muchos los niños que cuentan, a ese círculo de apego, que tal persona le tocó las zonas erógenas o hizo algo que no debía, pero la inmensa mayoría de los adultos dicen, no pasó nada, es amor, te confundiste. Quería dejar bien claro que esa actitud de no pasa nada, esa actitud de que sos muy niño y no entendiste, de que la razón la tiene el adulto, eso es una complicidad con el perpetrador. Eso lo resalto en la novela en forma de thriller psicológico donde no se sabe si es el padre o la madre, quién es el cómplice del perpetrador, a qué nivel llegan a ser cómplices, piensan que el perpetrador ya es un viejo tigre sin dientes o eventualmente puede seguir siendo un depredador. Por eso me pareció importante que los padres estuvieran en la trama de forma muy activa.

P: Retrata un país convulso y corrupto en aquellos años 60, ¿quedan ecos en la sociedad de hoy en día?

R: Era un país convulso, lo pinto de la manera más realista posible. Yo lo he vivido, no lo estoy inventando. Creo que también sucede en el mundo que, en aquella época, el poderoso era inimputable. En el caso de Epstein se ve. Todos eran inimputables en los 60, en los 70, en los 80. Los niños eran propiedad de los adultos. Hay un famoso historiador de la infancia que se llama Lloyd de Mause, que escribió en los años 70 en Estados Unidos, que la infancia es una pesadilla de la que recién estamos despertando ahora. Los niños eran propiedad de los padres y los podían castigar físicamente.

Yo creo que es dificilísimo que se haga justicia, pero sí es posible que no se normalice, que no impere la ley del silencio porque las víctimas son niños, niñas en el caso de Epstein. No puede ser que todavía impere el paradigma de la violencia y la dominación.

P: También hay ecos de una sociedad homófoba, en esos comentarios del millonario cuando le llama “mariconcito” al niño cuando no quiere disparar a las aves. ¿En eso nota una evolución?

R: Claramente, no solo Uruguay, toda la sociedad en los años 50, 60 y 70 era esencialmente homófoba. Creo que cada generación tenemos más libertad y más conciencia y todos estos retrocesos de la homofobia, hasta hace poco tiempo. Cuando yo era joven había racismo, homofobia y estaba a la orden del día. Todos esos temas me parecen claves y por eso sitúo la historia en los años 60 y lo narro 40 años después cuando mucho de esto ya ha cambiado. El personaje puede contar e hilvanar la historia porque ya todo cambió. Ya se puede hablar de la pedofilia, ya se puede hablar de homofobia, ya se puede hablar del acoso, ya se puede hablar del abuso. Yo creo que eso es clave, como pasa con el caso Epstein. Yo vi los documentales en 2020, jamás imaginé que iba a sacar la novela a comienzos del 2026 y que 20 días después iba a salir este tema en la tapa de los diarios. Jamás sospeché que iba a salir esto. Son coincidencia, pero por algo ocurren. Cada vez más gente habla de estos temas.

P: Claro, el caso Epstein ha salido a la luz, pero, realmente, ¿crees que se va a hacer justicia?

R: Difícilmente porque los poderosos han sido impunes. Yo tengo una visión optimista del ser humano, no tengo una visión apocalíptica, pero creo que el tema del poderoso impune estuvo vigente siempre. Ahora, retrospectivamente, es dificilísimo. Caerán algunos, como están cayendo, pero es dificilísimo. Una de las denunciantes, Virginia Giuffre, se suicidó hace unos meses. Yo creo que es dificilísimo que se haga justicia, pero sí es posible que no se normalice, que no impere la ley del silencio porque las víctimas son niños, niñas en el caso de Epstein. No puede ser que todavía impere el paradigma de la violencia y la dominación. Eso pertenece a cuando los homínidos se convirtieron en homo sapiens, cuando se luchaba contra seres vivos mucho mayores.

P: Bueno, por lo menos con gente como usted que pone sobre la mesa estos temas para hablar de ellos, estamos en el camino. ¿Sabe si esta nueva novela ya ha caído en manos de Bayona?

R: Jajaja, no. Yo soy muy amigo de él, voy a verlo dentro de dos días y se la voy a regalar.

P: Gracias por su aportación, no sé si ya tiene preparado otro tema incómodo para su próxima novela.

R: Lo tengo, pero prefiero por cábala, no contar, jajaja.

Cristina Zavala

Cristina Zavala

Redactora y guionista de LOS40. Completamente enamorada de la TV. Estudié Periodismo en la UCM mientras...

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