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¿Tienes perro? Mucho cuidado con la oruga procesionaria

El aumento de temperaturas adelanta su presencia y multiplica el riesgo en parques y pinares.

La oruga procesionaria puede ser muy peligrosa para los perros. / Anadolu

Si convives con un perro, probablemente ya hayas oído hablar de ella. La oruga procesionaria del pino no es nueva, pero sí cada vez más temprana y persistente. Los inviernos suaves están adelantando su ciclo biológico y eso significa más semanas de riesgo en parques urbanos, jardines y zonas con pinos.

Pero, ¿cómo reconocerla? No es difícil: su forma de desplazarse la delata: en fila india, como si siguieran una coreografía perfectamente ensayada. También por los característicos bolsones blancos que cuelgan de las copas de los pinos. Pero el verdadero peligro no está en su aspecto, sino en sus pelos microscópicos, llamados tricomas, que contienen una toxina muy irritante. Cada oruga puede liberar miles de ellos.

En los perros, el contacto suele producirse al olfatear el suelo o intentar coger la oruga con la boca. Lengua, labios y hocico son las zonas más afectadas. Los síntomas aparecen en cuestión de minutos: salivación intensa, inflamación evidente, dolor, nerviosismo y, en los casos más graves, dificultad para respirar. Si no se actúa con rapidez, puede producirse necrosis en la lengua o en los tejidos de la boca, con consecuencias que pueden ser fatales.

También puede afectar a personas, especialmente a niños, provocando dermatitis, irritación ocular o urticaria

El riesgo no desaparece cuando la oruga ya no está presente. Sus pelos urticantes pueden permanecer activos durante meses, dispersarse por el aire o quedar en restos de nidos caídos. Por eso hay reacciones incluso sin ver ninguna "procesión". También puede afectar a personas, especialmente a niños, provocando dermatitis, irritación ocular o urticaria.

La clave es la prevención

¿Cómo prevenir? Durante la época de mayor presencia (finales de invierno y primavera, aunque cada vez empieza antes) conviene evitar zonas con pinos si se observan bolsones o hileras en el suelo. Llevar al perro atado en áreas sospechosas reduce mucho el riesgo. Tras el paseo, revisar patas y hocico puede ayudar a detectar cualquier señal temprana.

Los bolsones están presentes en las copas de los pinos. / Andia

Si hay sospechas de contacto, es importante lavar la zona de inmediato con abundante agua templada, sin frotar, para arrastrar los pelos sin clavarlos más. Y acudir cuanto antes al veterinario. El tiempo es clave: una intervención rápida puede marcar la diferencia entre una reacción controlada y una urgencia grave.

La transición hacia inviernos más cálidos está ampliando el calendario de exposición a este animal que, aunque necesario, puede resultar peligroso. Por eso, más que nunca, la mejor herramienta es la información. Un paseo puede seguir siendo un placer, pero conviene mantener los ojos abiertos cuando los pinos empiezan a ser protagonistas.

Dani Cabezas

Periodista y músico madrileño, fui durante años...