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Fran Perea demuestra que no es invisible y que un concierto puede ser algo más que música en su presentación en Madrid

Con Ana Guerra como invitada especial y varios himnos generacionales

Fran Perea, una vida dedicada a la actuación y la música. / Tiia Ohman

Este viernes 13 de marzo, Fran Perea llenaba La Sala del Movistar Arena para presentar en directo El Hombre Invisible, su último álbum. Y no, lo suyo no es un concierto, tampoco una obra de teatro, es más bien una mezcla de ambas en un espectáculo para el que hay que librarse de los prejuicios y enfrentarlo con la mente abierta. Y eso hicieron cantantes como Cepeda o Roi Méndez, que estaban entre el público, o el actor Nacho López que, por mucho que pasen los años nos sigue recordando a Al salir de clase por muchas series que llegaran después. Y, por supuesto, su mujer Luz Valdenebro, disfrutando de su gran noche.

En su álbum, Fran le cede el protagonismo a algunos de esos personajes a los que ha dado vida a lo largo de su carrera, esos que a veces le han hecho sentir invisible y se han antepuesto a la persona. Y eso es lo que lleva a sus directos. Desde que se encienden las luces, los focos iluminan, no a Fran Perea sino a esos distintos personajes que se van cediendo el testigo a medida que va repasando su repertorio.

Lo que ahora veis es un hombre invisible solo para el que no sabe mirar con atención”, terminaba el texto narrado con el que daba la bienvenida al concierto antes de que apareciese no en el escenario –que también- sino más bien la escena por esa pose que ya nos dejaba claro que música y teatro iban a ir de la mano.

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Con esa declaración de intenciones, nada mejor que empezar con el tema que da título a ese último disco para continuar con La vida al revés. Porque de eso iba el espectáculo, de mirar al presente, pero también al pasado, de ir mezclando temas nuevos con otros clásicos de su repertorio.

Y tras ese arranque, las primeras palabras. “No pasan los años por ti, tío, qué guapo estás”, le gritaban desde el público. “Si vieras cómo tengo la espalda, tengo un disco ahí, de platino”, respondía con sentido del humor para luego anunciar que algunos de los personajes de su carrera estarían de visita. “Esta noche no habéis venido solo a un concierto, habéis venido a un cruce donde los personajes respiran, las canciones hablan y la escena late”, informaba. Y ya se sabe, el que avisa no es traidor. “Actúo lo que canto y os canto lo que no me atrevo a decir normalmente, así que, sentiros libres y disfrutarlo, sin etiquetas, porque esto que ofrecemos hoy no tiene nomenclatura, pero sí tiene emoción”, añadía antes de llevarnos al teatro de Mérida para cantar Tu aire.

En el escenario junto a él había una silla en la que se sentaba de vez en cuando y un baúl con esas luces que suelen estar en los camerinos para maquillarse y del que iba sacando los accesorios que le iban llevando a distintos personajes que le ayudaban a discernir quién es realmente, ¿actor o personaje?

Un alma rockera cargada de energía

Tocó el ukelele en Me dejé querer. Se quitó la chaqueta para quedarse en camiseta de tirantes y lucir unos brazos trabajados en Dame una alegría y Qué va a ser y ya de paso. Y poco a poco iba dejando claro que tiene alma rockera que le sienta muy bien y una voz potente que traspasa. El único problema, quizás, que entre tanto personaje y tanta declamación se desdibuja en momentos la persona y se echa en falta poder escuchar una voz, la de Fran Perea.

Pero se le perdona porque sus personajes son capaces de llenar la escena de energía y nostalgia. Y de eso hubo mucho cuando apareció Marcos Serrano, con su cazadora vaquera y esas canciones que nos llevan a una época muy concreta: Tras la puerta y La chica de la habitación de al lado. Una época de inflexión en su vida. Una etapa en la que el personaje llegó a comerse a la persona y en la que “la fama te agranda por fuera y te reduce por dentro”.

Invitada de honor: Ana Guerra

Y el espectáculo continuó y nos permitió verle rapear en Mi corazón y atreverse a llevar un fragmento de Don Juan Tenorio a escena con la ayuda de uno de los jóvenes del público convertido en Doña Inés. Y eso sí que es osado, pero nada con lo que no pueda un sombrero con pluma como el que llevaba puesto para cantar Dicen de mí y recibir a una de sus buenas amigas, Ana Guerra –recién llegada de los Premios Dial de Tenerife-. Chute de energía y de decibelios que por momentos nos podía recordar a los mejores momentos de Olivia Newton John y John Travolta en la mítica Grease. “Sé que te quiero, que te apoyo y que nunca, nunca, nunca, serás el hombre invisible”, le dijo la canaria antes de abandonar el escenario.

Después de aclararle a uno de sus seguidores de primera fila que no era el momento de firmar nada, continuó con Bala perdida, Me sale a cuenta o Raro. Aunque uno de los grandes momentos de la noche fue cuando cogió unas baquetas para tocar el tambor y cantar a pleno pulmón Nos volveremos a ver. Nació con vocación de directo y cumplió con su cometido.

En pleno subidón presentó no solo a su banda, sino a su equipo entero de técnicos, porque todos son importantes para que el espectáculo funciona. Se quedó solo en el escenario para volver a hablar de invisibilidad y reflexionar sobre esa necesidad que sentimos a veces de complacer para mostrar el traje que otros creen que buscamos. Momento que aprovechó para bajar de escena y recorrer la sala entre el público mientras cantaba a voz y guitarra entre susurros a ratos y a su manera, Voy a pensar en ti.

Un fin de fiesta por todo lo alto

Como buen amante de los rituales, hubo bises. Volvió a escena para dejar claro que hay canciones que no pueden faltar en un concierto. Excusa que le valió para cantar pequeños fragmentos de canciones como No puedo vivir sin ti de Coque Malla, Princesas de Leiva, Highwell to Hell de AC/DC o Let it be de los Beatles. Si vas a un concierto de Fran Perea no puede faltar 1+1 son 7.

Y sí, el final fue un auténtico fin de fiesta de esos que te dejan la sensación de asistir a un espectáculo de fuegos artificiales sin necesidad de petardo alguno. Fran totalmente entregado y Celia Becks y Ana Guerra en el escenario para dejar claro que hay un himno que une generaciones y alegra el día. Aunque, va a tener cuidado porque Nos volveremos a ver parece dispuesto a quitarle su puesto.

Está bien que te lo cuenten, pero está mejor vivirlo en directo porque es algo diferente, una experiencia que mejor conocer en primera persona.

Cristina Zavala

Redactora y guionista de LOS40. Completamente...