Así ha sido el primer concierto de Rosalía en Lyon: Lux Tour escenifica su reinado escénico
La catalana acaba con nuestra penitencia y la transforma en pasión

Rosalía, en 'The Tonight Show' de Jimmy Fallon. / NBC
Lyon fue el punto de partida de un viaje que promete redefinir el directo pop contemporáneo. Rosalía eligió la ciudad francesa para estrenar el Lux Tour, una gira que llega cargada de expectativas tras meses de misterio, adelantos crípticos y un disco que ha dividido, fascinado y descolocado a partes iguales. Lo que ocurrió esta noche en el recinto lionés fue mucho más que un concierto: fue una demostración de poder creativo, una obra total donde música, cuerpo, luz y narrativa se entrelazaron con una precisión casi quirúrgica.
Desde el primer minuto se respiraba ambiente de acontecimiento. Fans llegados de España, Francia, Italia y hasta Latinoamérica llenaban el recinto con una mezcla de nervios y devoción. Y cuando el telón se abrió, quedó claro que Rosalía había venido a jugar en otra liga.
La escenografía de Lux Tour de Rosalía: Un imperio en movimiento
La escenografía del Lux Tour es, sin exagerar, una de las más ambiciosas que Rosalía ha presentado hasta ahora. No se trata de un despliegue de pantallas gigantes ni de artificios digitales: es un espacio vivo, mutable, que respira teatralidad y simbolismo.
LOS40
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El espectáculo se articula en cuatro actos, cada uno con su propio universo visual. El arranque, con Rosalía emergiendo desde una estructura central que recordaba a una caja de música con una bailarina, marcó el tono: delicado, ritual, casi litúrgico. Las telas blancas que caían desde el techo, las plataformas móviles y la iluminación que alternaba tonos fríos y cálidos creaban una atmósfera que oscilaba entre lo sagrado y lo terrenal. Sonaban así Reliquia, Porcelana, Divinize, Mio Cristo Piange Diamanti o Berghain, que se completa en su famosa versión remix.
La orquesta, situada en un espacio independiente dentro del recinto, funcionó como un segundo escenario. Su presencia física —rodeada por el público— reforzaba la idea de que el concierto era un diálogo constante entre lo clásico y lo contemporáneo. En varios momentos, Rosalía se desplazó hasta ese núcleo orquestal, rompiendo la distancia habitual entre artista y músicos.
En el tercer acto, la escenografía se transformó en un espacio casi museístico: un gran marco iluminado convertía a Rosalía en una obra viviente, un guiño inteligente a la idea de la artista como icono y objeto de contemplación. El tramo final, más festivo, devolvió al público a un terreno pop sin renunciar a la estética cuidada que marcó toda la noche.
Las pieles de Rosalía: Un vestuario en metamorfosis constante
Si la escenografía era un templo, el vestuario fue su liturgia. Rosalía desplegó una colección de looks que funcionaban como capítulos emocionales del espectáculo. Cada cambio de ropa era una mutación, un nuevo personaje, una nueva capa de significado.
El primer acto la mostró con un aire etéreo, casi infantil, con un tutú reinterpretado desde la alta costura. En el segundo, la estética se volvió más oscura y carnal: corsés, faldas estructuradas, tocados con plumas y cuernos que evocaban un imaginario mitológico. Por aquí cabalgaron éxitos como Saoko, La fama, La Combi Versace, De Madrugá o Jeanne, entre muchos otros.
El tercer acto apostó por la elegancia minimalista: un vestido blanco, guantes negros y un aura de diva clásica. Y el tramo final recuperó la energía callejera y juguetona que marcó su era Motomami, con prendas más ligeras y movimientos más libres.
Cada look estaba pensado para dialogar con la música, con la coreografía y con la narrativa del show. Nada era accesorio: todo tenía un propósito.
En este primer concierto no hubo invitados sobre el escenario. Y, sorprendentemente, no se sintió como una ausencia. Rosalía sostuvo el espectáculo con una presencia escénica que llenaba cada rincón del recinto. Su voz, su control corporal y su capacidad para alternar vulnerabilidad y fuerza hicieron que el show se sintiera completo sin necesidad de apariciones externas. La gente solo se concentraba en disfrutar de La perla, Sauvignon Blanc subida en un piano e invitando a tomar una copa de vino, La Yugular o Dios es un Stalker.
Lux, puerta abierta a Motomami y más
Uno de los grandes desafíos del Lux Tour era integrar el universo conceptual de Lux con el repertorio que la convirtió en una estrella global. Rosalía resolvió este reto con una inteligencia musical admirable.
Las canciones de Motomami aparecieron reimaginadas, con arreglos más orgánicos y una energía distinta, pero sin perder su esencia. El mal querer se filtró en momentos puntuales, casi como recuerdos que emergen entre capas de un nuevo relato. Incluso Los Ángeles tuvo su espacio, aportando un contraste emocional que enriqueció el conjunto.
El resultado fue un recorrido coherente por todas sus etapas, sin nostalgia ni rupturas bruscas: Rosalía ha aprendido a dialogar con su propia historia. La noche de anoche, Bizcochito o Despechá fueron poniendo la guinda a un directo memorable.
El público respondió con entusiasmo a cada gesto. Hubo momentos de silencio reverencial y otros de euforia colectiva. Y aunque este era solo el primer show, la sensación general fue la de estar presenciando el nacimiento de una gira que dará mucho que hablar.
Rosalía no solo presentó un concierto: presentó un universo. Y Lyon fue el primer territorio conquistado.
SETLIST – LUX TOUR (LYON, PRIMER CONCIERTO)
- Sexo, Violencia y Llantas (Intro)
- Reliquia
- Porcelana
- Divinize
- Mio Cristo Piange Diamanti
- Berghain
- Saoko
- La fama
- La Combi Versace
- De Madrugá
- Jeanne
- El Redentor
- Can't Take My Eyes Off You
- Confessional Engagement
- La perla
- Sauvignon Blanc
- La Yugular
- Dios es un Stalker
- Memória
- Rumba del Perdón
- Cuuuuuuuuuute
- La noche de anoche
- Bizcochito
- Despechá
- Novia robot
- Fou 'ranni
- (CLOSER) Magnolias












