LOS40 PRIMAVERA POP Compra aquí tus ENTRADAS para Madrid y Badalona

Animales juzgados en tribunales medievales: cuando cerdos o ratas eran condenados por "delitos"

Durante siglos, Europa llevó a los tribunales a animales por asesinato o daños agrícolas en procesos sorprendentemente reales.

Los juicios protagonizados por animales fueron habituales en la Edad Media. / photosaint

Los animales sienten y padecen. Experimentan miedo, alegría, tristeza y prácticamente cualquier emoción como las que tenemos nosotros, los humanos. Al fin y al cabo también somos animales. Pero hay algo que claramente nos diferencia de ellos: la capacidad de decidir conscientemente entre distintas opciones, de actuar con voluntad y de asumir, al menos en teoría, las consecuencias de nuestros actos.

Por eso, juzgar a un animal como si fuera un criminal resulta hoy profundamente absurdo. Hasta grotesco, dado que no pueden entender una norma, ni elegir incumplirla. Y, sin embargo, hubo un tiempo en que esto no solo ocurría, sino que formaba parte del sistema judicial.

'Historia de los juicios a los animales', de E.P. Evans.

Hay que remontarse muy atrás en el tiempo: entre los siglos XIII y XVI, en distintos puntos de Europa, animales como cerdos, vacas, ratas o incluso insectos fueron procesados en tribunales reales y eclesiásticos. El historiador Edward Payson Evans documentó cerca de 200 casos en su obra clásica sobre el tema, titulada precisamente 'Historia de los juicios a los animales' basada en archivos judiciales de la época. No se trataba de simples anécdotas: los procesos seguían protocolos completos, con jueces, testigos y abogados, y las sentencias se cumplían con rigor.

En Francia, muchos cerdos fueron condenados a muerte en ejecuciones públicas que imitaban castigos humanos

Los casos más impactantes involucraban a animales domésticos. Los cerdos, que convivían estrechamente con humanos en pueblos y ciudades, fueron acusados en varias ocasiones de atacar o matar a niños. En Francia, algunos fueron condenados a muerte en ejecuciones públicas que imitaban castigos humanos: eran ahorcados, mutilados o incluso vestidos con ropas antes de ser ajusticiados. Otros animales podían ser absueltos o indultados, lo que muestra que los tribunales aplicaban una lógica sorprendentemente formal.

Plagas desterradas

Más desconcertantes eran los juicios contra plagas. Ratas, langostas o gusanos podían ser citados ante tribunales eclesiásticos por destruir cosechas, un acto que amenazaba la subsistencia de comunidades enteras. En estos casos, el objetivo no era tanto castigar como expulsar. Se emitían órdenes formales para que los animales abandonaran las tierras, y en algunos casos, se acompañaban de rituales simbólicos, como excomuniones o procesiones de limpieza.

Todo seguía un protocolo legal, aunque los acusados fueran incapaces de comprenderlo

El proceso podía alcanzar niveles casi surrealistas. En el siglo XVI, un abogado alegó que unas ratas no podían acudir al juicio porque el camino estaba lleno de gatos. El tribunal aceptó el argumento y aplazó la vista. Todo seguía un protocolo legal, aunque los acusados fueran incapaces de comprenderlo.

¿Por qué ocurría algo tan extraño? La mentalidad medieval concebía el mundo como un orden moral completo, donde cualquier alteración (humana, animal o incluso natural) debía corregirse para preservar la armonía social y divina. No se trataba tanto de atribuir responsabilidad moral a los animales, sino de demostrar que la justicia podía restablecer el equilibrio perdido. Una muestra más de hasta qué punto el ser humano considera que todo está en su mano... Incluso lo menos humano.

Dani Cabezas

Periodista y músico madrileño, fui durante años...