Crónica: Rosalía oficia su propia liturgia bajo la 'Lux' de Madrid
La artista estrena su gira en España, y su primera parada no decepciona

Rosalía en el 'LUX Tour' / GARETH CATTERMOLE
Hay conciertos que se disfrutan y otros que te atraviesan emocionalmente. El de Rosalía este 30 de marzo en el Movistar Arena de Madrid pertenece, sin duda, a este segundo grupo. Lo que ha presentado con su LUX Tour no ha sido solo un directo, sino una experiencia diseñada para sentirse más que para explicarse.
Desde el primer segundo quedó claro que no iba a ser una noche al uso. La intro con Sexo, Violencia y Llantas marcó el tono: oscuro, casi ceremonial. No han habido arranques evidentes. Rosalía ha apostado en todo momento por sumergirnos al público en su universo poco a poco, con un manto celestial, espiritual, y una mezcla de emociones casi indescriptible. El setlist ha continuado con Reliquia, Porcelana y Divinize funcionando como piezas de una historia que se iba desplegando poco a poco.
El escenario, minimalista pero cargado de significado, ha permitido que todo el peso recayera sobre ella. Cada gesto, cada movimiento, cada silencio tenía sentido dentro de lo ya preparado. En Mio Cristo Piange Diamanti y Berghain, la intensidad ha ido creciendo hasta convertir el Movistar Arena en un after berlinés. Y entonces llegó Saoko y el descontrol reinó. Ya no había vuelta atrás.
LOS40
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Uno de los grandes aciertos del show ha sido su capacidad para alternar registros sin perder la cohesión del concepto. Tras la explosión, Rosalía bajó el pulso con La fama, La Combi Versace, De Madrugá y El Redentor. Aunque no el pulso del público, que no ha dejado de dejarse la voz en cada canción.
Hubo también espacio para la sorpresa. La versión de Can't take my eyes off you se integró con naturalidad, aportando un aire distinto sin romper la narrativa. Esa que nos iba a sacar una sonrisa con la confesión de la hermana Rosalía a Esty Quesada aka Soyunapringada en pleno directo.
Rosalía jugó constantemente con esa dualidad: lo pop y lo performativo. A medida que avanzaba el set, el ambiente se fue cargando de energía. Porque no hay nada que 'vitaminice' más nuestro cuerpo que un grito al unísono de 15.000 personas recordándonos que si uno no tiene excesivos vicios es porque Rosalía es nuestro vicio. Gracias Eugenia, por recordárnoslo.
Llegaron otras canciones esperadas de la noche, como es el caso de La perla —con su característico momento de confesión—, Sauvignon Blanc, La Yugular, Dios es un Stalker y La Rumba del Perdón que mantuvieron esa tensión que llegó en un tramo final apoteósico precedido de una breve versión de Sweet dreams are made of this que nos gustaría escuchar al completo. Rosi, hazlo posible.
Y entonces llegó la fiesta. CUUUUuuuuuute, Bizcochito, Despechá, Novia Robot y Focu 'ranni convirtieron el Movistar Arena en una pista de baile gigante. No había un solo rincón quieto. Fue el momento más desatado de la noche. Rosalía ha disfrutado, jugado y se ha dejado llevar. Y el público con ella.
El cierre ha llegado con Magnolias, y ha sido todo lo contrario: delicado y casi cortando la respiración. Y es que Rosalía ha demostrado en Madrid que su propuesta va mucho más allá del directo convencional. El LUX Tour es una forma de entender el escenario desde la libertad artística y apoyada en el riesgo. No busca agradar a todos en cada momento, pero consigue algo más difícil: que nadie salga indiferente.
Continúa el LUX Tour.

Laura Coca
Redactora de LOS40 y LOS40 Urban. Di el salto a la capital (echando un poquito mucho de menos la playa)...












