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The Rolling Stones en China: veinte años de la entrada del rock en Shanghái (con condiciones)

El gobierno del país censuró cinco canciones del grupo, y Jagger cantó a dúo con un rockero local

The Rolling Stones, en la rueda de prensa previa a su primer concierto en China, el 8 de abril de 2006. / VCG

No fue un concierto más. Tampoco una simple parada de gira. Cuando The Rolling Stones subieron al escenario en Shanghái el 8 de abril de 2006, estaban haciendo algo que durante décadas había parecido improbable: tocar por primera vez en China. Y hacerlo, además, bajo unas reglas que no habían tenido que aceptar en ningún otro lugar del mundo.

Para entender por qué ese concierto tardó tanto en producirse hay que mirar más allá de la música. Durante años, China mantuvo una relación compleja con el rock occidental, visto en muchos momentos como una expresión cultural incómoda, asociada a valores ajenos al modelo oficial.

Mientras los Stones recorrían el mundo desde los años sesenta, su presencia en territorio chino era inexistente. No por falta de interés del grupo, sino por las dificultades administrativas, políticas y culturales que implicaba organizar un evento de ese calibre en un país con un control muy estricto sobre los contenidos.

El primer intento serio de actuar en China se remonta a 2003, pero la epidemia de SARS obligó a cancelar aquellos conciertos previstos en Pekín y Shanghái. Hubo que esperar tres años más para que la operación se retomara.

La gira A bigger bang, con la que el grupo recorría el mundo en ese momento, incluyó finalmente la parada china en abril de 2006. El concierto se celebró en el Shanghai Grand Stage, un recinto cubierto de gran capacidad en la ciudad.

Pero la autorización no fue automática. Las autoridades chinas impusieron condiciones claras sobre el repertorio. Cinco canciones quedaron fuera del setlist por su contenido: “Brown sugar”, “Honky tonk women”, “Beast of burden”, “Let’s spend the night together” y “Rough justice”.

El criterio era evidente: evitar referencias explícitas al sexo o a determinados excesos asociados al imaginario clásico del rock. No era una negociación simbólica. Era una línea roja. Mick Jagger lo explicó sin rodeos en aquel momento: el grupo aceptaba las condiciones porque la prioridad era tocar. Después de tantos años, el acceso al público chino pesaba más que el repertorio completo.

Más allá de la censura, el concierto tuvo también un componente simbólico. No se trataba solo de una banda actuando en un nuevo país, sino del desembarco de uno de los mayores iconos del rock en un entorno cultural muy distinto.

El público, en buena parte urbano y joven, respondió con curiosidad y entusiasmo. No era una audiencia ajena al rock —la escena china llevaba años desarrollándose—, pero sí era una oportunidad poco habitual de ver a una banda de ese calibre en directo.

It's Only Rock 'n' Roll (Live at Shanghai Grand Stage, China) - The Rolling Stones

Uno de los momentos más singulares de la noche llegó cuando Jagger compartió micrófono con un músico local. El invitado fue Cui Jian, considerado una figura clave del rock chino, con quien interpretó “Wild horses”. El gesto tenía un valor que iba más allá de la anécdota. No era solo una colaboración puntual, sino una forma de conectar dos tradiciones musicales que, hasta entonces, habían convivido con cierta distancia.

Para el público chino, ver a uno de sus referentes compartir escenario con los Stones suponía una especie de validación. Para la banda británica, era también una manera de integrarse —aunque fuera de forma puntual— en el contexto local.

El paso de The Rolling Stones por Shanghái no cambió de la noche a la mañana la relación de China con el rock occidental. Pero sí marcó un precedente. Demostró que era posible organizar conciertos de grandes artistas internacionales en el país, aunque fuera bajo condiciones específicas. Y, al mismo tiempo, confirmó que el público chino estaba preparado para recibirlos.

En términos culturales, fue un pequeño desplazamiento de fronteras. El rock, que durante años había sido percibido como algo externo, encontró una vía de entrada más directa, aunque todavía controlada.

Aquel concierto sigue teniendo algo de excepción. No por su tamaño ni por su repertorio, sino por lo que implicaba: negociar cada detalle para poder tocar. The Rolling Stones aceptaron recortar su repertorio, adaptarse al contexto y actuar en un marco distinto al habitual. No fue una concesión menor, pero permitió algo que hasta entonces no había ocurrido. El rock más global encontró un espacio —aunque con limitaciones— en uno de los mercados más complejos del mundo. Y lo hizo sin dejar de sonar a sí mismo.