El caso de Aitana Sánchez Gijón y Maxi Iglesias provoca una profunda reflexión de Roy Galán sobre la mujer mayor que el hombre en una relación
La relación que está generando tanto revuelo genera debate también sobre el derecho a la intimidad
Maxi Iglesias y Aitana Sánchez Gijón, en el set de rodaje de 'Galerías Velvet' (2013). / Europa Press Entertainment
En los últimos días el terremoto mediático de la prensa del corazón se ha centrado en la relación de Aitana Sánchez Gijón con Maxi Iglesias tras aparecer unas fotos suyas, la semana pasada, besándose. Al parecer, según algunas informaciones, llevan meses divirtiéndose juntos sin ponerle etiquetas a lo suyo. Pero el caso es que los 22 años más de ella respecto a él han llamado mucho la atención y han generado mucho debate.
Roy Galán, muy dado a reflexionar sobre los temas más candentes de la actualidad, no dejaba la oportunidad de expresar su opinión. “Entre la constricción de Ana Ozores por el cotilleo y el puritanismo que se narra en “La Regenta” y una cámara de televisión que aguarda cual depredador fuera del Teatro Español en el que la actriz Aitana Sánchez Gijón trabaja, han pasado 150 años. Sin embargo, esta Vetusta España nuestra sigue queriendo saber más, saberlo todo, incluso lo que el otro no desea compartir”, comenzaba sobre el interés que ha despertado este caso.
“Es llamativo que sea el amor, el deseo o la tragedia ajena, lo único que moviliza nuestra curiosidad. Demandamos así que una mujer a la que no conocemos (por mucho que tenga un trabajo público) nos dé explicaciones de por qué se da un beso con un hombre. Además, jugamos al escándalo, que no es sino una forma moral de intervenir la realidad. Se usa para abrir un debate de algo que no tendría que ser debatido, porque si tú no tienes un problema, por qué deberían tenerlo los demás sobre algo que no van a vivir”, continuaba preguntándose.
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“Escribe Anne Dufourmantelle en “Defensa del secreto” que “Respetar el espacio íntimo del otro es hacer alianza con la noche sin querer ponerle fin, pensar que la luz no es lo contrario de la oscuridad sino su aliada más secreta, y reconocer en el secreto -actos, pensamientos, emociones-, lo contrario a una amenaza”. Dejar a alguien sin el derecho al secreto sería pues querer desvelar su interior. Es dejarle sin la posibilidad de mantener un jardín alejado del resto, algo propio. Hacerlo, además, en contra de su voluntad es una forma de dejarle sin la capacidad del lenguaje, de decidir las palabras para nombrar. Dejarle sin la posibilidad de vivir algo sin la mirada autoritaria de un padrepaís. Es curioso porque el cuerpo público es un cuerpo de intimidad floja: poner límites parece una falta de respeto a quien te mira y cree que te hace con su mirada. Este hacer lleva aparejada una deuda, un peaje, que es que no puedes decir que no porque yo te reconozco”, continuaba su extenso texto sobre esa falta de privacidad y ansia por conocer la intimidad de los demás.
“Decir que tenemos derecho a conocer la intimidad del otro sin su consentimiento es hacer ver que hay personas que merecen la expropiación pública de sus secretos porque sus vidas valen menos, son menos, es una manera de recobrar el poder que les damos. ¿Por qué motivo no debería tener Aitana Sánchez Gijón derecho a la noche?”, concluía.
No se hacían esperar las primeras reacciones, incluida la de la interesada.
- Paula Echevarría: 🙌🙌🙌
- Aitana Sánchez Gijón: ❤️
- Lydia Bosch: 🙌🏻🧡
Reflexionando sobre la diferencia de edad
Pero no solo la falta de intimidad y el interés morboso de muchos por saber de los demás generaba una reflexión, también lo hacía la diferencia de edad en una pareja cuando ella es la mayor.
“Un mundo preocupado por la diferencia de edad entre una mujer madura y un hombre más joven no está preocupado por la edad; está preocupado por el deseo de las mujeres. Lo que molesta es que una mujer tenga un deseo activo y no sea solo un objeto que pueda ser seducido. Cuando alguien desea algo viejo parece que desea menos, que se conforma, sin embargo, cuando alguien desea algo nuevo, parece que desea más, que ambiciona. Por eso la diferencia de trato entre un hombre que está con una mujer más joven: porque solo a los hombres es a los que se les permite tener ambición. Una mujer ambiciosa será siempre castigada porque una mujer que se hace mayor es una mujer que debería ser una madre o una abuela, es decir, todo aquello que está fuera de lo deseable, porque forma parte del cuidado, del hogar, de aquello que debería bastarle. Algo que se supone lo mejor para ella. Así, por ejemplo, la figura de la mujer alcohólica siempre está peor vista que la del hombre borracho, porque una mujer que bebe es para el mundo una mujer que abandona la vida que han pensado para ella. ¿Qué hace que no está en su casa? A un hombre jamás se le pregunta por qué está en la calle, ni por qué su novia tiene veinte años menos. Esto es así porque el deseo es patrimonio de ellos”, ponía sobre la mesa.
“La idea de ser un hombre y una mujer de verdad está condicionada por la expectativa en torno a qué es ser un hombre o una mujer y esto se apuntala a través de lo que llamamos gustos personales que no son sino condicionantes absurdos aprendidos. Así un hombre “debe” ser más alto que una mujer y “tener” más edad, porque un hombre, protege y una mujer es protegida. No quiero niños, quiero un padre que me enseñe, dirán ellas. No quiero abuelas, quiero una hija que me admire, dirán ellos. De hecho, muchas mujeres no se permitirán desear a alguien más joven justo por el temor que supone ser cuestionadas en su propia identidad de mujeres, por el miedo a pensar que desean demasiado”, continuaba.
Y dejaba clara su postura: “Una mujer que desea a alguien más joven es una mujer que ha aprendido a escucharse a sí misma a pesar de los demás, a ser algo más libre, porque lo que va a hacer con “su única, salvaje y preciosa vida”, es vivirla”, concluía.
Palabras que una vez más generaban debate. “De acuerdo, pero me gustaría algo relacionado. En ficción, este vínculo y este deseo suelen ser muy castigados y condenados, a la manera de ciertas narrativas gays --donde siempre son infelices o uno muere o se suicid@ o lo que sea--. En Y Tu mamá también, ella se muere de cáncer un mes después de acostarse con los muchachitos. En La profesora de piano se va todo a la mierda cuando conoce a un joven, el que hace Benoit Magimel. Hasta Mrs Robinson queda expuesta socialmente. Y si no, se trata de incesto, concreto o implícito por eso de "podría ser tu hijo". Fedra, por supuesto. El castigo a la gran diferencia de edad es muy claro e importante”, comentaba Mariana Enriquez, la escritora argentina que muchos han conocido recientemente gracias a Rosalía. Otras mujeres como Ana Risueño, Laura Ponte o Almudena del Pozo aplaudían sus palabras.
Cristina Zavala
Redactora y guionista de LOS40. Completamente...Redactora y guionista de LOS40. Completamente enamorada de la TV. Estudié Periodismo en la UCM mientras trabajaba en distintos medios locales. Llegué a esta casa en 2000 y pasé más de una década en 40TV. Salté al mundo digital con la mejor redacción posible con la que compartir lo último en música, tv, moda o literatura, otra de mis pasiones.