Crítica de 'Euphoria 3': "Podríamos haber hecho el mismo esfuerzo que con 'Grease' y que sigan yendo al instituto"

La elipsis temporal, de momento, no funciona en al serie de Sam Levinson

Han pasado cuatro años desde el estreno de la segunda temporada de Euphoria. Casi un lustro. Un siglo televisivo. Y es que el tiempo en el mundo audiovisual pasa como el de los perros: un año parece siete. El peor enemigo de esta tercera temporada de Euphoria, que se estrenó este domingo 12 de abril en HBO Max, ha sido precisamente el tiempo, en todas sus variantes.

El reparto, que cuando arrancó la serie estaba al inicio de la veintena, ahora ronda la treintena y se encuentra en el punto más álgido de sus carreras. Ese es, en parte, el motivo por el que esta tercera temporada se ha retrasado durante tantos años: aquellos chicos y chicas que contrataron en 2018 para interpretar a adolescentes se han convertido hoy en la nueva generación de estrellas de Hollywood. Sydney Sweeney, Jacob Elordi y Zendaya podrían situarse entre las 20 personas más famosas del mundo. Y parte de ese éxito se lo deben a la serie de Sam Levinson. ¿Quién le iba a decir al creador que apostar por estos rostros terminaría siendo, con el tiempo, lo que más retrasaría el proyecto?

La madurez del reparto también se refleja en la serie a través de una elipsis temporal que nos muestra cómo es la vida adulta de los protagonistas. El primer episodio arranca situándonos en el presente de Rue, Nate, Cassie, Maddy y Lexi. Aunque la mayor parte del tiempo recae sobre Rue, el personaje de Zendaya, que ahora ejerce de mula entre México y Estados Unidos: llevando el universo de Euphoria a una especie de Western demasiado estirado.

Una narrativa que, en este primer episodio, lejos de enganchar al espectador, despierta nostalgia por aquel universo que Sam Levinson construyó en las dos primeras temporadas. De hecho, cuarenta de los cincuenta minutos de metraje parecen transcurrir en un universo que parece la trastienda de Fezco extendida, el espacio más asfixiante de las entregas anteriores. Lejos quedan aquellos planos que, dentro del universo dramático de la serie, provocaban en el espectador cierto síndrome de Stendhal. Esos giros de cámara que jugaban con los personajes y describían el universo introspectivo de cada uno de ellos.

A esto se suma la ausencia de la música de Labrinth, quien ayudaba a construir esa segunda lectura emocional. Algo que aleja por completo al espectador del universo Euphoria. Al menos en este primer episodio.

La trama de Cassie: un inicio polémico

Si hay algo que verdaderamente llama la atención de este primer episodio es la narrativa de Cassie. Una trama que, además, ya vimos en la primera temporada a través del personaje de Kat (Barbie Ferreira), que compartía vídeos eróticos en redes sociales para ganar dinero. Cassie lo hace ahora para conseguir “unos arreglos florales” para el día de su boda con Nate. Una línea argumental que, en este primer episodio, parece cogida con pinzas, especialmente si se tiene en cuenta que su prometido es millonario.

El problema de este tipo de tramas es que, aunque exista una elipsis temporal destinada a mostrarnos que los personajes han crecido, la madurez que exhiben es prácticamente la misma que tenían en el instituto. No hay una evolución real. Para este desarrollo, quizá habría sido preferible volver a ver a los protagonistas en el instituto, a pesar de que dejaron de ser adolescentes hace años. Al fin y al cabo, seguimos viendo Grease y creyéndonos que Sandy y Danny Zuko tienen 17 años. Podríamos haber hecho ese mismo esfuerzo con Euphoria.

Y es que, una vez que han salido del instituto y cada uno de ellos aparece desperdigado en su propio universo, la magia de Euphoria se diluye un poco. ¿Dónde está Jules (Hunter Schafer) en este momento? Aunque todavía es pronto para juzgar —solo se ha emitido el primer episodio—, la expectación era tan alta que muchos fans se han quedado a medio gas. Como quien sigue viendo Los Simpson después de más de 30 temporadas: más por la nostalgia de lo que fueron que por lo que realmente son ahora. Y sí, Euphoria seguirá siendo para nosotros ese drama adolescente con purpurina y música de Labrinth.

Alberto Palao

Periodista musical especializado en pop. Graduado...