Crítica de Konnakol de Zayn Malik: análisis del nuevo álbum y todas sus canciones

El disco cuenta con 15 temas

Zayn ofreciendo una entrevista en SiriusXM el 22 de mayo de 2024 en Nueva York. / Noam Galai

Zayn Malik vuelve con Konnakol, un disco que parece construido desde la intención de avanzar sin romper del todo con lo anterior. El título remite a una técnica vocal del sur de Asia basada en la percusión oral, y esa referencia no se queda solo ahí. Está presente en la organización del sonido y en la manera en la que la voz ocupa el centro de todo.

El álbum sugiere una conexión con sus raíces culturales, algo que ha ido apareciendo en su discurso público en los últimos años. Esa intención está ahí de forma puntual, como una idea que entra y sale según la canción. Lo que al principio parece un eje termina funcionando como un recurso ocasional. Eso hace que no nos sature.

Malay, el productor de Konnakol

La producción vuelve a contar con Malay, una presencia habitual en su carrera. El trabajo conjunto mantiene una línea reconocible, con arreglos cuidados y un tratamiento vocal que prioriza la suavidad. Malik canta desde el control, sin forzar. Y es que uno de los puntos fuertes del artista es su voz. Con ella atrapa a cualquiera, eso es así.

La estructura del disco

Konnakol se extiende a lo largo de quince temas y mantiene una coherencia sonora que evita altibajos bruscos. El tramo final encuentra una línea más estable, con canciones que encajan mejor entre sí.

Aun así, la sensación dominante es la de un proyecto que no termina de aprovechar sus propias ideas. El disco deja abierta la sensación de que hay margen para ir más lejos. Lo que queda es un trabajo correcto, con momentos que apuntan a algo mayor.

Las canciones escogidas

Nusrat abre el disco con una construcción vocal que juega con el ritmo de forma indirecta. A partir de ahí, el álbum alterna entre canciones que buscan algo distinto y otras que se apoyan en fórmulas más conocidas. Used to the Blues o Prayers encajan dentro de ese R&B accesible que el artista domina sin dificultad.

Hay tramos donde el disco se acerca a lo que podría haber sido. Fatal introduce un cambio de intensidad y una interpretación más expuesta. En Sideways el enfoque es más contenido y la voz queda casi sin apoyo, lo que permite percibir mejor sus matices.

También aparecen intentos de ampliar el registro, como en Take Turns, donde se percibe una actitud más suelta. Las emociones están presentes, aunque tratadas de forma general. El disco se escucha con facilidad, pero deja poco espacio para que el oyente se detenga en algo concreto.

Lo mejor del álbum

Este trabajo ha servido para que Zayn Malik vuelva a acercarse a un lugar del que llevaba tiempo distanciado. El directo y el contacto con el público. Konnakol funciona en ese sentido como un punto de inflexión más personal que artístico.

Más allá de si el álbum arriesga lo suficiente o no, hay una consecuencia visible. Malik ha retomado los escenarios, ha vuelto a girar y se le percibe en una posición distinta frente a su propia carrera. Menos replegado, más dispuesto a estar presente. Eso cambia la lectura del proyecto.

Al final, un disco no se mide solo por su resultado, sino también por lo que provoca en quien lo hace. Y aquí hay una sensación clara de reconciliación. Con su voz, con su papel dentro de la industria y con una audiencia que nunca se fue, pero que ahora encuentra a un artista más agradecido y, sobre todo, más conectado. En ese plano, el proyecto puede considerarse un éxito.

Lola Rabal

Recién graduada en Periodismo y Comunicación...