Cuando The Rolling Stones cambiaron de piel: 50 años de 'Black and blue', el disco que abrió la era Ron Wood

El álbum fue el primero que grabó el excomponente de Faces, hoy todo un 'stone' por derecho propio

The Rolling Stones, en 1976, con el 'novato0 Ron Wood arriba, con camiseta a rayas. / Michael Ochs Archives

En abril de 1976, The Rolling Stones ya no necesitaban demostrar absolutamente nada. Habían sobrevivido a los años sesenta, a la explosión psicodélica, al desgaste de las giras mastodónticas y hasta a sus propias turbulencias internas. Pero aun así, el grupo llegaba a Black and blue en uno de esos momentos delicados en los que las grandes bandas parecen obligadas a decidir si siguen avanzando… o empiezan a repetirse.

El disco, publicado el 23 de abril de 1976, no solo marcó una nueva etapa musical. También fue el primer álbum de estudio de los Stones con Ron Wood como integrante oficial, sustituyendo a Mick Taylor, cuya salida había dejado un vacío importante dentro del grupo. Medio siglo después, Black and blue sigue funcionando como una fotografía bastante precisa de unos Rolling Stones en transición: menos explosivos que en su época dorada, pero todavía capaces de convertir cualquier cambio interno en parte de su leyenda.

La marcha de Mick Taylor no fue precisamente tranquila. El guitarrista había entrado en la banda en 1969 tras la muerte de Brian Jones y fue una pieza clave en discos fundamentales como Sticky fingers (1971) o Exile on Main St. (1972). Su técnica refinada y su sensibilidad blues elevaron musicalmente al grupo en una etapa especialmente inspirada. Sin embargo, Taylor empezó a sentirse cada vez más incómodo dentro de la maquinaria Stones. Las tensiones por los créditos de composición, el agotamiento de las giras y el ambiente excesivo alrededor de la banda acabaron empujándole hacia la salida.

En diciembre de 1974 anunció que dejaba el grupo. La noticia pilló incluso a algunos miembros de la banda por sorpresa. Keith Richards llegó a decir años después que pensó que Taylor estaba atravesando “una crisis pasajera”. Pero no había marcha atrás.

The Rolling Stones necesitaban guitarrista nuevo. Y aquello se convirtió casi en un casting de lujo. Durante las sesiones iniciales de Black and blue pasaron por el estudio nombres como Harvey Mandel, Wayne Perkins o Rory Gallagher. Algunas de esas grabaciones incluso terminaron formando parte del disco. Pero quien acabó quedándose el puesto fue Ron Wood, por entonces miembro de Faces y viejo amigo de Richards.

Wood aportaba algo diferente a Taylor. Menos virtuosismo técnico quizá, pero más desparpajo, más sentido del ritmo y una química inmediata con Keith Richards. La famosa “ancient art of weaving”, esa forma de entrelazar guitarras que acabaría definiendo el sonido posterior de los Stones, empezó precisamente ahí.

Black and blue refleja perfectamente esa búsqueda. No es un disco compacto ni tan redondo como otros clásicos del grupo, pero sí uno de los más variados de su catálogo setentero. Hay funk, reggae, rock, soul y hasta ciertas influencias disco que anticipaban el rumbo que la banda exploraría poco después.

El arranque con “Hot stuff” dejaba claras las intenciones: bajo muy marcado, groove casi bailable y un sonido mucho más flexible que el rock áspero de años anteriores. “Hand of fate”, probablemente el tema más clásico del álbum, mantenía en cambio el ADN más reconocible de los Stones. Y “Memory motel”, una balada melancólica cantada parcialmente por Richards, terminó convirtiéndose en una de las joyas ocultas del disco.

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La canción más exitosa fue “Fool to cry”, que alcanzó el número 10 en la lista Billboard estadounidense y el número 6 en Reino Unido. Curiosamente, el tema mostraba un registro mucho más contenido y sentimental de Mick Jagger, alejándose del tono desafiante que había convertido al cantante en símbolo absoluto del rock provocador.

Comercialmente, el disco funcionó muy bien. Alcanzó el número 1 en Estados Unidos y el número 2 en Reino Unido, confirmando que The Rolling Stones seguían siendo una potencia global incluso en una etapa de reajuste interno. No era poca cosa: en 1976 el panorama musical empezaba a cambiar deprisa. El punk asomaba ya en Londres y muchos grupos históricos comenzaban a parecer reliquias de otra época.

Los Stones, sin embargo, encontraron la manera de sobrevivir otra vez. Y buena parte de esa capacidad tuvo que ver con la incorporación de Ron Wood. Más allá de lo estrictamente musical, Wood aportó una energía más ligera a una banda que llevaba años funcionando bajo una enorme presión. Su personalidad encajó rápidamente con el caos organizado del grupo.

De hecho, aunque Black and blue fue oficialmente su debut discográfico con la banda, Wood todavía no aparecía como miembro pleno en la portada interior original. Técnicamente seguía vinculado contractualmente a Faces. The Rolling Stones parecían estar probándolo todavía. Medio siglo después, la prueba puede darse por superada: Ron Wood lleva ya más tiempo en el grupo que Brian Jones y Mick Taylor juntos.

Quizá por eso Black and blue tiene hoy un valor especial dentro de la discografía stone. No es el álbum más celebrado ni el más revolucionario, pero sí el documento de una mutación decisiva. El instante en que The Rolling Stones volvieron a cambiar de piel para seguir sobreviviendo en un mundo musical que ya empezaba a ir a toda velocidad.