40 años de Chernóbil: así salió adelante la naturaleza
La zona cero del peor accidente nuclear de la historia se ha convertido, con el paso del tiempo, en uno de los experimentos ecológicos más sorprendentes del planeta.
Un zorro, en las inmediaciones de la central nuclear de Chernóbil. / Antoine Rouleau
El 26 de abril de 1986, el reactor número 4 de la central nuclear de Chernóbil, en la actual Ucrania, explotó durante una prueba de seguridad mal ejecutada. La combinación de errores humanos y fallos de diseño provocó una liberación masiva de material radiactivo que se extendió por buena parte de Europa.
La gestión inicial fue caótica: las autoridades soviéticas tardaron en reaccionar y en evacuar a la población, exponiendo a miles de personas a niveles peligrosos de radiación. Más de 116.000 personas fueron desalojadas en los primeros días y las consecuencias sanitarias se han prolongado durante décadas, con miles de muertes asociadas directa o indirectamente al accidente.
La zona cero del accidente se ha convertido en un enorme laboratorio natural
Durante años, la imagen de Chernóbil fue la de un territorio muerto, contaminado e inhabitable. Sin embargo, lo que ha ocurrido desde entonces ha sorprendido a la comunidad científica. La llamada "zona de exclusión", un área de miles de kilómetros cuadrados prácticamente vacía de humanos, se ha convertido en un enorme laboratorio natural. Allí donde desapareció la actividad humana y prácticas como la agricultura, la caza o la urbanización, la naturaleza empezó a abrirse paso de nuevo. El espacio que ocupaba la ciudad de Pripiat, la más próxima a la central, es hoy territorio salvaje, y constituye uno de los mayores espacios de "rewilding" (renaturalización) del mundo.
La icónica y fantasmagórica noria de Pripiat. / by Edward Neyburg
Estudios científicos y organismos como el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente así lo certifican: la zona alberga abundante fauna: lobos, ciervos, jabalíes, linces o bisontes viven en sus bosques, junto a aves rapaces y numerosas especies de mamíferos. De hecho, algunas investigaciones han detectado que la población de lobos es hasta siete veces mayor que en otras reservas naturales cercanas.
Sin humanos
La clave de este fenómeno es paradójica: la ausencia de humanos ha tenido más impacto positivo que el daño causado por la radiación. Sin presión urbana, sin carreteras ni caza, los ecosistemas han podido recuperarse y expandirse. Muchas de las especies que hoy habitan la zona ya estaban antes del accidente, pero en menor número; ahora, con menos interferencias, sus poblaciones han crecido de forma notable.
Vista aérea de la ciudad de Pripiat. / by Edward Neyburg
Eso no significa que la radiación no tenga efectos. Algunos estudios han detectado alteraciones genéticas o daños en ciertas especies, y la contaminación sigue presente en suelos, agua y organismos. Pero, a gran escala, los datos muestran que la biodiversidad ha resistido e incluso prosperado en este entorno.
Cuatro décadas después, Chernóbil sigue siendo un lugar marcado por la tragedia humana, pero también un recordatorio inesperado de la capacidad de la naturaleza para recuperarse. Un experimento involuntario que plantea una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto el mayor impacto sobre los ecosistemas no es la radiación, sino nuestra propia presencia?
Dani Cabezas
Periodista y músico madrileño, fui durante años...Periodista y músico madrileño, fui durante años el responsable de la sección de Música del diario 20 Minutos. Colaboré en Cadena Ser, La Sexta, M21 o Vice. Ahora en eldiario.es, Time Out, El Salto, La Marea o LOS40, donde soy responsable de El Eco de LOS40. Canto, toco la guitarra y la batería.